El egoísmo, con visión positiva

Hemos comentado muchas veces en nuestras reuniones acerca de la necesidad de salir de la Yoidad; del yo, mí, me conmigo… Es decir, de todo un movimiento vital girando en torno a la personalidad adquirida, transitoria, circunstancial pero que el individuo, a fuerza de identificarse con ella, se solidifica como “realidad”. Una “cáscara” que se mima con mucho esmero.
 A este cultivo del yo le llamamos egoísmo, concepto que alude a aquel que es seguidor de sí mismo de forma desmesurada. En la RAE se dice: Inmoderado  y excesivo amor a sí mismo, que atiende desmedidamente el propio interés, sin cuidarse del de los demás. Un recorrido perenne en torno al “personaje” y cuyo telón de fondo esconde la separación con todo y todos los demás.

Decir que el término egoísmo tiene una connotación negativa, sería faltar a la verdad, pues tendría que tener una vertiente positiva. Pero este vocablo no tiene más que un significado en nuestra lengua. Así que no vemos la necesidad de calificarlo de ningún modo. De momento.

Antes de continuar me gustaría hacer un ejercicio de recuerdo. Creo que todos tenemos en la memoria alguna película sobre algún niño o niña abandonado o perdido en la selva, separado del mundo de los humanos, sobreviviendo en el medio adaptándose a él hasta formar parte del propio ecosistema (Greistoke Tarzán, Nell y otras de ese estilo). El encuentro con otros humanos marca un antes y un después. Estas personas, al recibir un lenguaje, educación y afecto, podríamos decir que pasan a formar parte de la familia humana. Pudiendo llegar a expresarse con normalidad, expresar los afectos, utilizar la razón…. Podríamos afirmar, por tanto que, lo que somos, lo tomamos del medio. Y aunque nuestra sociedad, en la mayoría de los casos, es bastante hostil, es del medio que recibimos todo.

Es verdad que el desarrollo como seres humanos en plenitud, cambia cuando nos encontramos con un medio adecuado, como nuestro Rincón (la familia que conforma la Tariqa, la casa y los jardines aledaños de la casa del maestro, los hermanos del Sendero…), podríamos definirlo como “tierra fértil”. Sencillamente, porque no tratan de encandilarnos con luces de colores a los que apegarte, con el consiguiente olvido de uno mismo para terminar ingresando en el “rebaño”, sino más bien al contrario, nos permite ser nosotros mismos. Encontrando la belleza del paisaje interior, desarrollarlo, recrecerlo y poder así, devolver lo que recibimos.


Goethe utiliza la flor como arquetipo de belleza y perfección, una alegoría de lo que debiera alcanzar el ser humano. Esta flor encuentra y expresa su belleza después de tomar del medio todos los recursos a su alcance. Su mostrarse es sin razón aparente, se exhibe sin pretensión alguna, sin motivo; florecer por florecer. Pero de forma inconsciente.
El ser humano está dotado de los elementos para florecer de forma consciente. La expresión de la perfección de la naturaleza en una flor es egoísmo puro. Pero nadie atribuiría este concepto al hecho natural de florecer, después de tomar del medio (de la tierra, del aire, del agua, del sol) todo lo necesario para sí misma, impulsada por lo que es propio de su naturaleza. He aquí que el término egoísmo podría adquirir otra visión, otra connotación, podríamos decir “positiva”.

En todo el Universo subyace un deseo compulsivo de expresión diferenciada, un esfuerzo por mostrarse de forma original y única, ya no solo en lo que llamamos “grande” (no sabemos de un Sol gemelo al nuestro), sino también en lo pequeño. Un fervor extremo por la individualización que conformará, o que es precursor, en el ser humano, de la Yoidad o condición de ser “yo” frente a todo lo demás. En un paseo por el bosque podemos observar que todo reclama nuestra atención, como queriendo decir: Ehh¡¡ tú despierta, no me ves aquí?¡¡¡ Como decíamos, nos encontramos ante esa inequívoca expresión  de diferenciación. Ese germen del egoísmo, con esa visión positiva, está oculto en toda la Creación.

Desde dos gametos, masculino y femenino, hasta una vida consciente, hay una miríada de células que decimos especializadas formando órganos. Y cada una ellas separada por una membrana, ensalzando su individualidad. Es egoísmo puro,¿no? De nuevo positivamente.
Entonces ¿por qué hablamos tanto en las vías del espíritu de la necesidad de dominio y control sobre el ego, el yo, la personalidad adquirida? Para situarlo bajo el dominio de la Conciencia decimos. Porque si no, nuestro ego no expresaría la belleza, no se mostraría tal como Es, sino tal y como le han dicho que debe ser (a partir de las muchas cosas que la sociedad ha dicho que debe saber y tener). Así que, lejos del egoísmo (es decir una expresión del yo, consciente, desde todas las potencias que conforman al ser humano) que busca la individualización, la diferencia, nos encontramos con una sociedad que educa (adiestra) a sus miembros para la homogeneización. Justo lo contrario, concediendo un valor negativo al vocablo globalización, que visto lo visto, del modo que se ha impuesto, no le vemos valor positivo alguno.

La flor se muestra como es (lo de la belleza es un concepto como otro cualquiera) y con su ejercicio engalana el jardín (lo que le rodea). Invitando (mostrando el camino) a todo lo demás para haga lo mismo. Del mismo modo, el ser humano puede y debe alcanzar primero su individualidad, empapándose del medio, para después aportar al medio recrecido todo lo que le prestó. Tan solo porque esa es su Naturaleza. Con agradecimiento, pero sin necesidad de compensación. Ni tampoco movido por ninguna necesidad especial que observe en el medio.

Para todos los que hemos tenido, o tenemos un frágil carácter, se habrán descubierto así porque se habrán observado uno con el medio, entre ovejas del rebaño. Asfixiados con un maremágnum de conceptos que anulan nuestro desarrollo como seres humanos. Tras una miríada de “así debe ser, porque así fue siempre…”

Y para forjar un sólido carácter que nos permita abrirnos paso definitivamente saliendo de la “normalidad”, recordamos otra Ley que se manifiesta sin cesar en el Universo. Cuando caminamos empujamos la tierra por debajo de nosotros con una fuerza en función de nuestra masa y velocidad. Y recibimos de la tierra una fuerza igual a la que ejercemos pero en sentido contrario. Aunque no lo percibamos (tercera ley de Newton, principio de acción y reacción). Algo parecido ocurre con los osteoblastos, las células encargadas de la formación del hueso, que en ausencia de ejercicio y gravedad, dejan de hacer su función. Es decir, el hecho de vencer una fuerza en oposición, la gravedad (aunque no lo advirtamos) es el motor de nuestra salud ósea.

Sin estas leyes físicas, aunque en oposición, no podríamos andar o regenerar nuestros huesos. En las relaciones sociales, también habrá, siempre, fuerzas en oposición, tratando de impedir nuestro ascenso. Así que no podemos esperar un momento “adecuado” para elevarnos, porque no lo habrá. El Universo no detendrá su maquinaria para que te sientas “aliviado”. Siempre habrá una fuerza contraria, a Dios gracias, porque ella es tu guía. Aprende a elevarte por encima de esas fuerzas en oposición. Fue Rumi quien dijo: Lo que te duele, te bendice. La oscuridad es tu candela. Tus límites son tu búsqueda. El dolor marca tu ruta, no lo deseches, pues perderás la guía, el trazado. Elévate, simplemente.

Se nos dijo: hemos venido a alcanzar la Felicidad Conociéndonos. No hemos venido a resolver los “supuestos” inconvenientes de esta vida. Hemos venido a elevarnos por encima de ellos. Que no a eludirlos tampoco. Y al respecto de esta apreciación se nos contó una historia de un maestro Sufi que, cercano su tránsito, decidió pedir a un maestro amigo suyo si podría enviarle algún discípulo sobre el que verter su enseñanza y, tal vez, poder heredar su legado. Este otro maestro le envió cinco discípulos y por el camino se fueron quedando todos menos uno que llegó donde el anciano y sabio maestro, donde aprendió y, tras la muerte de éste, heredó su linaje y con él, todo su conocimiento. Alguno de sus compañeros quederon en el camino atendiendo a los hijos de una viuda, otro porque no había regidor en el pueblo, etc.
Acaso después de alcanzar el despertar, ¿no se puede atender todas las probables carencias del entorno?

Pero al igual que la flor que cuando se siente fecundada desaparece silenciosa para dar paso al siguiente estadio, así, el ser humano, después de una experiencia fértil sin un tiempo definido, quizá entonces,  le llegue el momento de la desidentificación, de la desaparición progresiva y, quien sabe, de la extinción, como algo separado y definible al margen de su Creador.

Desde el concepto yo, hacia la Totalidad que engloba todos los criterios. Pero sin “yo”, no hay Tú. Y después será, como siempre, lo que Dios quiera.

Sobre el “bien y el mal”.

Comienzo apuntando algunas posiciones de partida:
  • La Dinámica Creadora está detrás de todo cuanto existe. Queremos decir que no entendemos ningún acontecimiento, en lo cercano, o en los confines del universo, que no sea efecto de Esa Dinámica, como expresión de la Voluntad Creadora. O Dios. La Causa de todos los efectos posteriores.
  • El profeta del Islam dijo (también la Biblia): “Como bien y mal no son equiparables, combate el mal con un bien”.
  • La plena consciencia de hacer el mal y el bien, son idénticas. La persona se adhiere a una forma de pensar y, por tanto, de sentir y actuar en función del medio en el que se desarrolla, como norma general.

Aquello que llamamos “bien” no es más que un conjunto de creencias que hemos podido asumir como ciertas. Y lo contrario, el supuesto “mal”, sería aquello que no asumimos y que crea en nosotros una reacción de rechazo frontal. Y ambas posiciones se “atesoran” en el medio social en el que vivimos. La cuestión es obvia, ¿hemos reflexionado acerca de porqué pensamos como pensamos? Y si lo hiciéramos, ¿no concluiríamos que todo es relativo al lugar y época en que cada persona es educada? Nos atreveríamos a decir aleccionada o adiestrada.

Al hilo de la tolerancia y el respeto necesario para caminar por la existencia, al menos, para aquellos que hemos llegado a Creer, a ver más allá de la simple apariencia de las cosas, dice un maestro Sufi en uno de sus libros, concretamente en “Una voz que sale del desierto”, dentro del capítulo 11:
” La verdad es solo Una. El hombre de religión como el caminante de las rutas espirituales, ha de entender que no traspondrá el ámbito de lo ilusorio sin el esfuerzo de entender y tolerar la diversidad creadora. Tanto en lo material como en lo espiritual”.

Antes de seguir me gustaría añadir un pequeño texto más, extraído también de uno de los libros de Sidi Said, “Senderos de Sabiduría”, en el capítulo 10:
El sucesor de Shadhili, El Mursi, dijo: ” Dios estimula la Conciencia de ciertas personas para se pongan en su busca. Atraviesan entonces los desiertos del ego y de la naturaleza humana hasta llegar a su Creador”.
A raíz de esta afirmación nos preguntamos, si Dios inspira a algunas personas a hacer el bien, traer la Paz y el Conocimiento (profetas, místicos, santos, etc…), ¿inspira a otras personas a hacer lo contrario?

Sobradamente conocido es el papel de la religión en esto de etiquetar el bien y el mal. Lo que es Khoser (aludiendo en este caso a aquello que se puede comer para un judío) frente a lo que no, que sería Taref; lo Halal frente a lo Haram (aunque a diferencia de lo que sucede en el judaísmo, en Islam, el término Haram alude a todo aquello que un musulmán no debe hacer, y no solo en el ámbito estricto de la nutrición). Y por si fuera poco, el cristianismo católico añade, además, la connotación “pecado” cuando hacemos aquello que está “prohibido” y que son cantidad de cosas. Tanto ha sido y es así, que queda acuñado el adjetivo “católico” para señalar aquella persona o cosa que tiene un comportamiento o es aceptable para la moral cristiana católica.
Además con la necesidad de “ajustar” cuentas con el Padre a través de algún ministro de su iglesia. El estado de arrepentimiento (que suele durar un ratito) y la pertinente penitencia, que es la madre de las medicinas porque ya lo resuelve todo.
Creo, que este tipo de moral impuesta y demás “sacrificios”, nos metieron en un callejón sin salida, haciendo de las personas no responsables de su progreso y por tanto inmaduras.
Esto nos llevaría a preguntarnos: ¿es posible “agradar” o desagradar” a Dios? Y además, ¿solo el estamento sacerdotal “sabe” lo que es “digno” de Dios? En fin…

Quizás, algún día, se imponga tan solo una pizca de sentido común, sin la necesidad, siquiera, de la Teología.
Con el laicismo y las corrientes materialistas que se han sacudido de encima a la religión, tampoco nos va mejor.  Los pares de opuestos (en torno a lo que está bien y mal) no han dejado de aparecer, crecer y desarrollarse hasta generar extremos irreconciliables. Véase capitalismo frente a comunismo. Y tantos otros. Lo que no nos ha sacado del problema enquistado: la separación.
Este par de opuestos (capitalismo versus comunismo) tiene algo muy curioso y que podría resultar chocante para algunos lectores que no conozcan de la historia del nacimiento de ambos. En el fondo, el judaísmo, más exactamente algunos judíos, estarían detrás de ambos fenómenos. Alguna corriente del judaísmo más fundamentalista para ser más exactos, moviendo los hilos de este delirante mundo de ficción.

En la tradición Sufi aprendí, y comulgo con ello, que después de años de reflexión y de práctica en este sentido, que bien y mal son otra cosa, al menos para un servidor, y así no comprometo a nadie, pues soy el dueño de mis palabras. Ciertamente, en mi práctica, no “creo hacer nada” que agrade o desagrade a Dios. Hemos entendido que las formas religiosas, si son eficaces y, por tanto, llenas de contenido, deben conducir a un cambio en el comportamiento humano. Y todo lo que hacemos o no hacemos, no queda bajo el prisma del bien y el mal (probables), sino encaminado a conducirnos por ese cambio a través del dominio sobre el ego.

Es el discípulo el que siente el bien que le procura el esfuerzo en el sentido citado, el del dominio sobre el ego y sobre la naturaleza humana como diría en el siglo XIII Abu al-Abbás al-Mursi (citado anteriormente, murciano por cierto, cuyo mezquita-mausoleo se venera en Alejandría, y que aquí en su tierra natal, que sepamos, ni siquiera una calle en toda la Comunidad Autónoma lleva su nombre). Y lo contrario, cuando abandona la práctica de los ejercicios, llega a sentir el mal que se hace a sí mismo. Y en ambos casos, Dios ha quedado incólume. Y es aquí donde radica la verdadera responsabilidad de cada persona en su proceso de desarrollo. Evitando así el mercadeo con la Causa Creadora.

Recordamos pues, que eso que entendemos como bien, sale de nosotros con una energía que podríamos llamar positiva, constructiva y, al margen de la evolución posterior de nuestra acción en el medio, ya ha producido un bien en nosotros. El hecho opuesto también es evidente, y sentimos en nosotros la punzada emocional negativa, destructiva, incluso llegando a la enfermedad. Hemos creado nuestro propio mal. Y de nuevo, también al margen de la cadena de causas y efectos posteriores.

Creo, que es aquí donde pudiera venir la confusión. Porque, ¿acaso aquel acto o palabras inaceptables para nosotros no pudieron salir de la persona ejecutora con energía positiva, es decir, pensando y sintiendo que hacía un bien? Y, ¿acaso lo contrario no ocurre también? Por tanto, ¿qué es bien y mal? Casi con certeza podríamos afirmar que según para quién o quiénes. Según cada cultura y época. Por tanto ¿por qué blandir permanentemente las banderas de la intolerancia y el odio hacia lo diferente?

Mi maestro dice del suyo, que dijo: “la frontera entre el bien y el mal es más delgada que el grosor de un cabello“. Y no podríamos estar más de acuerdo. Y lo mismo afirmaba Aleksandr Solzhenitsyn, “¡Si todo fuera tan simple! Ojalá hubiera personas malvadas en algún lugar cometiendo insidiosamente actos malvados, y que sólo fuera necesario separarlas del resto de nosotros y destruirlas. Sin embargo, la línea que divide el bien y el mal atraviesa el corazón de cada ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un pedazo de su propio corazón?“.

Es el concepto la causa de  lo asumido como bien y como mal. El concepto, padre de la creencia, es simplemente lo que cambia la percepción de las cosas.
Destruir una montaña, o un valle, a priori, pudiera parecer malo pero, ¿de dónde extraeremos los materiales como la arena, grava, cemento y hierro para construir los templos? Para cualquier construcción, inclusive las consideradas sacras, hay que destruir un trozo de la tierra que creó el Creador. ¿No es cierto? Así pues, ¿destruir es malo, construir es bueno?
Depende.

Aprendimos también sobre esta complejidad a través de una historia “piadosa” dentro de la tradición islámica sobre la aventura protagonizada por el maestro verde, el Jadr y Moisés que quiso aprender como discípulo. Y le advirtió el maestro que le confundiría. Y lo hizo. https://es.wikipedia.org/wiki/Al-Khidr


La simple observación (y la más profunda también) nos lleva a afirmar que el Universo entero se crea en una dinámica permanente entre la destrucción y la construcción. Ahora el sol “se destruye” a si mismo mientras construye las condiciones en la Tierra para crear la Vida. Después explotará y, con él, desaparecerá todo el sistema solar y quién sabe hasta dónde llegará la destrucción. Y con los elementos constituyentes, nacerán nuevas oportunidades para la creación de otros mundos. Esto es el ensayo de la Creación.

Filosóficamente hablando, sin el bien, ¿cómo reconoceríamos el mal? Y viceversa.
La humanidad está llamada a la Realización de la Verdad. Para que nazca en toda ella ese deseo, quizás, estemos viviendo esta época de oscurantismo y mentira (en todos los ámbitos de la sociedad; historia, política, economía…, realmente, ¿nos han contado alguna verdad?) Convendría recordar que la “historia” es el relato de los vencedores y no otra cosa. Y con ella, los conceptos de bien y mal. Hace ya algunos años, en mis primeros contactos con el Maestro, ante la afirmación de mi deseo de encontrar la verdad me respondió: ¿”Y como la reconocerás cuando la encuentres”? Esta es la cuestión, cómo dejamos atrás los prejuicios sobre los criterios de los demás sin estar dispuestos a enfrentar una posible posición errada sobre nuestras propias creencias?

No tengo tan claro la inutilidad del mal. Así que, de nuevo, esta reflexión acerca de la “utilidad” o no del mal, me devuelve al inicio donde decimos que Dios es el creador de todos los opuestos: estaría detrás de todo como Causa de todo lo creado, y no al margen, por  eso el Profeta diría aquello de combatir el mal con un bien (y no con un mal mayor, en una espiral sin salida). Es decir, “que tu acción, la que sea, no salga de ti desde la ira, la rabia o la cólera, sino que sea la Sabiduría la que defina tu acción  que mana de Mí (que estoy-Soy todas las partes)”.

Otra cosa será como cada cual pueda o deba enfrentarse (a sí mismo, en definitiva) a una situación cualquiera para seguir el consejo que nos llega del Profeta. Recordaba en el Bhagavad gita , cuando Krisna le dice a Arjuna, su amado, que como soldado su obligación era ir a la guerra.
Y aunque nuestra lucha cotidiana es contra nosotros mismos, y hace muchos siglos Lao Tse ya nos lo ensañaba en uno de sus aforismos cuando decía aquello de: aquel que vencía a su oponente era poderoso, pero solo el que se vencía a si mismo resultaba invencible, que Dios nos asista, llegado el caso, a la hora de enfrentar una situación cuyas consecuencias puedan ir más allá del orden cotidiano.

Para terminar, no hace mucho que utilizaba el vocablo “bien” como aquellas acciones que tendían hacia la unión con lo Absoluto, creo que de forma errónea. Lo Absoluto, por definición, implica TODO, incluido el bien y el mal. Visto así, ahora podría afirmar que lo que tiende hacia lo Absoluto no es el “bien”, ni tampoco el “mal” te aparta. Sino el Absoluto mismo.
Ojalá que seamos inspirados para no ser jueces de los demás, antes que de nosotros mismos. Y más que hablar de justicia, hablemos de compasión hacia todo lo creado, en un intento de aproximación que nos permita conocernos en vez de enfrentarnos. Que nos dé la oportunidad de superar los temores, gracias al conocimiento que dimana de enfrentar los opuestos. Si nos diéramos esa oportunidad de escucharnos sin barrera alguna…
Conocimiento, que es lo que procura el contraste, es el cimiento del Amor.
Así sea, Dios mediante.




Continente y contenido II. O Esencia tras la apariencia

En la Presencia.

Una vez más el Maestro nos pasó un pequeño texto que transcribo a continuación. Con la pretensión de que sea motivo de inspiración. El texto:
¿Qué es un Sufi en la antigua tradición de los Sabios andaluces?

El Sufi en su actitud frente a la vida es buscador de paz, o musulmán, pues musulmán significa buscador de paz en la docilidad a la Acción Creadora.
El Sufi también es espiritualmente católico, o universal, pues universal es lo que significa en griego el concepto católico. El Sufi es tanto como se guarde en cada concepto, siempre que contenga un significado positivo.
El Sufi puede aceptar, sin dificultad alguna, todo cuanto de bueno se halle donde quiera que lo encuentre. Sin que importe el concepto bajo el que lo encuentre, ni la cultura a la que pertenezca, ni la lengua en la que se transmita, pues el Sufi trasciende el concepto y la apariencia.”

También nos recomendó escuchar el himno andaluz, quizás este sea el párrafo que más nos interesa:
“Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos:
hombres de luz, que a los hombres,
alma de hombres les dimos
“.

El sufi trasciende el concepto y la apariencia. Ha trascendido la creencia y la forma (si queréis), como realidades separadas de la Causa Generatriz.
La herencia del Sufismo es la Promulgación hermética https://www.vidapositiva.com/hermes-trismegisto-y-los-7-principios-hermeticos transmitida a través de la promulgación Muhammadí. Lo que nos recuerda un contendido, el hermetismo, en un continente, la sencillez de la promulgación islámica.
Dijimos en muchas ocasiones que sin continente, no hay contenido. Esta afirmación, para el profano, no es fácil de entender. El maestro utiliza un símil, repetidamente, para tratar de explicar. Dice: si quiero darte un perfume tengo que acercarte un frasco, que contiene un aceite que, a su vez, es el vehículo de la esencia.
Como reza en el himno, hombres de luz, que a los hombres alma de hombres les dimos. Un desalmado es alguien sin alma, osea, un animal, un continente biológico sin contenido alguno.

Me gustaría en este punto resaltar un aspecto, a mi entender, fundamental de la promulgación muhammadí. Y es el de la Umma, traducido como comunidad de creyentes. Que nos introduce en el concepto de una sociedad cuyo objetivo fundamental es el progreso espiritual del ser humano a partir de una serie de formas y de una sencilla de regulación que favorezca y permita tal objetivo. Una “realidad” material, inmanencia, soporte de la Trascendencia. Una comunidad organizada para el desarrollo armónico, integral.

Han pasado 15 siglos y salvo muy cortos periodos de tiempo (y en pequeñas comunidades), el universo material se ha desarrollado como una “realidad paralela” (a la Única Realidad), creciendo y creciendo hasta la complejidad actual. Y a medida que crece y crece, se vacía y vacía, mientras se aleja de aquel sencillo objetivo.

En un descubrimiento científico https://tendencias21.levante-emv.com/nuestro-universo-es-solo-informacion-cuantica-segun-vlatko-vedral_a11593.html , Vlatko Vedral , profesor de Información Cuántica en Oxford, afirma que el Universo entero es información. Toda la creación es un continente que guarda información, lo que corrobora lo afirmado por la tradición sufi: la creación es un como un Criptograma pendiente de descifrar.

Así que cada “parcela” de la creación es algo más que una simple apariencia: es portadora de esencia. Capaz de manifestar una ley o conjunto de leyes que, a cada forma, le hacen ser lo que es. O mejor, son esas leyes las que han manifestado a ese cuerpo, dando fe de esa ley. Así que todo cumple una función determinada, todo parece ser en virtud de una Causa en manifestación permanente.

¿A dónde queremos llegar? Un ser humano lo es cuando “está” completo, ese alma que reza en el himno.
Entonces, ¿qué es el Dunia (el Maya de los hindúes), o que debiera ser? Un medio (continente), donde la Conciencia, (contenido), evoluciona. Por lo tanto no es la “realidad”, aunque si lo pueda parecer para aquellos que aún no puede “ver” (la ceguera de los velados).

En nuestra intervención en el medio, podemos recrecer el mundo ilusorio (Dunia, Maya), o por contra, podemos elevarnos en el plano del Ágera o ámbito de lo Esencial. Para esto último, cada acción debe venir precedida de la reflexión, de la consciencia plena (como contenido) de lo que queremos hacer o decir. Y para ello buscamos la forma adecuada como válido continente. Idioma este que debe acercarnos en vez de alejarnos cada vez más de nuestros interlocutores.
Y lo que recogeremos vendrá envuelto en una forma, pero no será más que la Esencia disfrazada y recrecida.

Recreación

Este es el nombre de un texto (uno de tantos) que nos ofreció el Maestro a modo de Conocimiento escrito para el análisis y aprovechamiento de sus discípulos. Solo compartiré mis reflexiones al respecto del citado texto. Quizás no es para todos los públicos, y si para aquellos que caminan por los caminos de la Tradición Sufi, o por otros senderos del espíritu y que con diferente lenguaje llegamos a entendernos y a idénticos racionamientos. Es un texto que guardo hace años y hoy, repasando la magna obra de Sidi Said, volví a leerlo y a sorprenderme con sus excepcionales enseñanzas.

Así que comparto con vosotros las conclusiones a las que me llevó entonces el texto. Que no estarán a la altura de la enseñanza, pero no tiene pretensión alguna más que la de compartir.

Recreación

En la Presencia.

Antes del desarrollo propiamente dicho conviene dejar claro algunas vicisitudes  que pensamos se desprenden de la lectura del texto, o que interpretamos a partir de sus palabras.

Y serían:

  • Teniendo en cuento que no creemos que necesite el místico de la reinterpretación de sus experiencias, creo más razonable centrarnos en lo que se nos quiere decir.
  • Creemos que el místico, así como en sí mismo experimenta la dificultad (cuando le es perentorio hacerlo, porque forma parte de la apariencia a la que se debe)  para expresar en este mundo de las apariencias lo que no pertenece a él por la propia limitación criatural, del mismo modo y con más dificultad, si cabe, el hecho de tratar de comentar lo que Es de Allí (la experiencia mística), no siendo nosotros los sujetos del tal Experiencia. O lo que es lo mismo, si para el místico  es complicado, imaginemos como es para los demás.
  • A tenor de la segunda premisa, volvemos la mirada a la primera, porque es cuanto, creemos, podemos hacer.

Y en ese intento estamos. Todo podría resumirse, tal vez, en “si quieres tenerlo Todo, no quieras poseer  algo en nada”. Fanah, Fanah, Fanah*…

A primera vista y como casi siempre, Todo nos habla de movimiento, de perpetum móvile, lo que permite explicar el espacio y el tiempo, indisolubles de la experiencia humana. De diversas etapas en la comprensión, de la expansión paulatina de la Conciencia en este módulo de carne.

Lo siguiente sería la idea de impermanencia de todo, de la materia, de la vida y de los conceptos. De los Egos. Todo llamado a la extinción en la Fuente, desde donde todo surge y parece que a Ella retorna.

Estas dos ideas se resumen en “Movimiento de retorno”.

La pregunta sería ¿Por qué “Algo” tiene que moverse para retornar? ¿Y qué es ese Algo que se mueve? ¿De dónde Se marchó, o salió, para verse necesitado de tal movimiento de regreso?

El movimiento supone, por el propio análisis del concepto, un alejamiento desde allí mismo donde surge tal vibración o experiencia. Pero el movimiento de algo, ¿es a causa de sí mismo? La física nos dice que si algo se mueve o cambia de estado es porque algo externo le imprime una fuerza o algún tipo de energía. Entonces, ¿puede el  Universo entero moverse sin aparente Causa? Si fuera así, lo hace contradiciendo esta ley fundamental que se observa en todo el Cosmos. Los descubrimientos de la existencia de la Energía y Materia Oscura, se deben, precisamente, a esta relación (Ley) Causa-Efecto, cuando se observó y se observa por los astrónomos, extraños movimientos de las galaxias y demás cuerpos celestes sin aparentes causas que les obligan a ello. Eso les condujo a pensar en algún tipo de Energía y Materia oscura (no visibles por los medios convencionales) que fueran la causa de los movimientos.

Entonces, el Universo entero, debe estar movido por una Fuerza desconocida (cada vez menos)  como Causa fundamental de todo cuanto llamamos Energía o Materia (que ya nos dijo Einstein que era lo mismo) para no contradecir esta ley fundamental, y que se observa en todo el Universo conocido. Esta fuerza es la Causa de todo cuanto existe, pero no podemos definirla, y le concede al Universo la coherencia que observamos.

El siguiente desarrollo trata de responder a la otra cuestión, ¿de dónde Se aleja para estar necesitado de retorno? El Corán dice: Todo surge de Mí, y regresa a Mí que soy la Fuente.

El concepto de eternidad, entendido surgiendo desde la misma Causa Creadora, en ese instante inexistente. La existencia de un instante, supone el tiempo y el espacio, y esto no parece compatible con el no tiempo. Por tanto debe ser el surgimiento de lo que Es, sin tiempo o dimensión alguna en lo que no es, sujeto al devenir de las horas. La pregunta sería  ¿cómo es posible? Esto no puedo responderlo, salvo decir, que los atributos manifestados en su Esencia son anteriores a esto que convenimos en llamar Creación o Dunia. Se podría decir, que siempre Es, solo que se oculta “temporalmente”, en eso que llamamos mundo ilusorio, mundo de las formas, en definitiva en la multiplicidad creada.

Todo este movimiento nos conduce a la conclusión de que hay una Mente Consciente detrás de todas las apariencias. Con lo cual, el hecho de mostrarse (¿dónde? pues solo existe Esa Única Realidad), supone una única alternativa, y es ante Sí Misma.

Luego Aquello que Se oculta (la Esencia) y aquello otro que se muestra (la creación), son dos caras separadas de una Misma Realidad. No obstante, podemos concluir que el hecho del retorno viene dado por la necesidad de unificar ambas realidades.

¿Para qué? Si Aquello se manifiesta ante Sí Mismo, solo puede ser para descubrirse en múltiples facetas de la misma Causa desde donde Todo surge.

El Ser humano ¿qué es? o, de qué manera participa de este Movimiento continuo de expansión y expresión del Ser. Como efecto creado, es una forma más. Pero si afirmamos que en todo se manifiestan dos aspectos de la misma realidad, también Es Causa Creadora (fundamentalmente o esencialmente) a partir de unos determinados atributos que provienen de la Causa Original, y que son anteriores a la Creación, para no contradecir el equilibrio Universal. Si estos atributos no formaran parte de lo creado, no habría Causa Creadora en él, y no podría darse el Movimiento.

Como forma creada, está pendiente de extinción. Como el Creador que Es, posee la capacidad  de crear y recrearse en sucesivas etapas hasta el definitivo retorno. La Tradición Sufi tiene como objetivo fundamental el desarrollo del conocimiento en cada persona, que permita eliminar la causa de la aparente separación de ambas realidades.

Puede, durante el tiempo de ignorancia,  el individuo fijar su mirada en una polaridad sin tener en cuenta la otra, y sin la observancia desde donde surgen ambas,  caer en el antojo de las emociones y quedar atrapado en el mundo ilusorio que suponen las apariencias. O puede, tras el razonamiento y el uso de las herramientas de desarrollo paulatino, salir de la mirada ciega de ambos opuestos y dirigirse hacia el único lugar que tiene salida, el Ser que habita en Sí Mismo. Sede de la Paz, y de la estabilidad.

El Conocimiento Inseminador (o Voluntad Creadora) y un sustrato que permita la inseminación (o Mundo de lo Creado). Los dos aspectos de la polaridad, en su origen, surgen como algo simple. Dos movimientos contrapuestos y complementarios Yin y Yang, negativo y positivo, dando lugar a un movimiento ondulatorio, que pasa por un punto central (instante inexistente), o punto cero, para empezar de nuevo.

Esto que observamos y razonamos con aparente simplicidad, después de un largo desarrollo (evolutivo de todo el Cosmos) hasta alcanzar el mundo del ser humano, supone el nacimiento de los conceptos de bien y mal. Y de ahí todo un movimiento para salir de ambos conceptos, que nos tienen cegados por haber asumido alguno de ellos como verdad absoluta, en vez de como realidad  transitoria en permanente modificación.

Cada apariencia es una representación del Uno. Y todas las apariencias, el conjunto de infinitos atributos de esa Única Realidad, que se muestra incesante a la par que se oculta en todo. Oculto por el velo de las apariencias, cegados por la emoción que resulta del contraste con la vida, con los otros seres, con las otras formas.

La propuesta del Fanah, de la extinción de lo que no es, en lo que Es Verdadero o Sustancial, de forma continuada hasta el final (¿?), supone un esfuerzo continuado de desvelamiento de lo esencial y por tanto del abandono, o cese del movimiento en torno al Ego. En cada aspecto del ser humano.

La puesta en marcha de este conocimiento es lo que nos puede acercar definitivamente al Origen. Creemos. Y he aquí donde radica la dificultad, pues como suele decirse, predicar no es dar trigo.

*En el sufismo o tasawwuf, se atraviesan tres puertas y cuatro estados a saber: sharia, tariqa y haqiqa, las tres puertas. Tawa, Sawa, wilaya y fanah, cuatro estados, siendo el fanah el último y viene a significar la extinción. Iluminación, budeidad, etc. serían conceptos similares en otras tradiciones.

Continente y contenido. Dedicado al grupo de Meditación.

Sobre las formas religiosas y el valor del continente.

Que la Paz sea con vosotros.

Dedico esta entrada con todo mi cariño y mi respeto al grupo de compañeros y compañeras que desde hace años nos reunimos en un espacio dedicado a la búsqueda de la felicidad, a través del desarrollo integral. Para todos y todas, mi más sincero deseo de progreso.

La búsqueda del equilibrio, en cualquier faceta del ser humano, es una tarea bastante complicada. ¿Dónde se encuentra esa difusa frontera entre la ebullición permanente del agua y, a la vez, que no se derrame y apague el fuego?

Sidi Said, el Maestro, dice que ha reflexionado sobre uno de sus últimos viajes y comenta acerca del equilibrio entre el uso de las formas y las herramientas y el contenido al que han de servir.

Herramientas con la consciencia de que son tal cosa, meros instrumentos para llegar a un fin, y por tanto pendientes de dejar a un lado llegado el momento que hayan cumplido con su objetivo, que no es otro que el de sostener la consciencia del instante presente y que nos acerca de lleno a la Presencia de la Divinidad en nuestros corazones, por medio de la atención a una serie de formas, de rituales cotidianos. Es un modo de condicionar a la mente para que se sitúe en permanente observación. Primero del mundo exterior, para entenderlo y poder jugar con cierto éxito, y luego situar la atención en el interior, con el fin de saber dónde nos encontramos en esa búsqueda del equilibrio que citábamos antes. Dónde se encuentra nuestro pensamiento, dónde nuestra emoción, nuestros deseos, nuestras palabras y nuestra acción.

Y de otro lado, la reflexión del maestro le lleva, según él, a entonar el mea culpa en tanto que se siente responsable de haber dejado un armazón demasiado ligero. Quizás sea tan ligero el continente, que esté demasiado cerca de dejar fuera el contenido. Es decir, encontrar ese punto medio entre el exceso y el defecto. El exceso que termine con la adoración de la religión, de la forma -ya se nos advierte en la Revelación al respecto: “Comete herejía quién adora a la religión en vez de a Dios”-, y el defecto, que acabe por dejar fuera el contenido, acabando el individuo también por perderse, o por abandonar. La forma es una guía, como decíamos arriba, un soporte hasta el momento de abandonarlo. El único objetivo de la Religión es este: el de desvelar a Dios en tu corazón.

Por la propia dinámica de funcionamiento del cerebro, la mente del ser humano se dispersa con facilidad. En todas las disciplinas del espíritu se cuenta con ello. En el Bhagavad Gita ya se cita este hecho cuando Arjuna responde a Sri Krisna, tras presentarle su propuesta para alcanzar el estado de Yogui, que él no se ve capaz de dominar su mente, que se encuentra siempre dispersa, siempre en danza, en un movimiento incesante. A pesar de ser un gran guerrero y un hombre dotado con diversas cualidades que le convierten en el más querido de los hombres para Sri Krisna. Así que no es nada nuevo. La oración repetida durante el día acompañada de la reflexión y el silencio, las diversas técnicas de recuerdo de Dios (en la trad. Sufi lo llamamos Dikr), la lectura regular de los textos sagrados (y de los libros de los maestros que han marcado una época), los ayunos periódicos, la relación de continuidad con el grupo, con el maestro, el reparto de los bienes, de cualquier índole, y cualquier otra propuesta del maestro o del grupo, son las herramientas para hacer de la vida un sendero de continua búsqueda de la Trascendencia. Sin que implique, en modo alguno, el abandono de nuestras responsabilidades familiares, sociales, laborales o de otra índole, aceptadas en el pasado y mantenidas voluntaria y responsablemente en este presente. Pues, como decimos siempre, esta vida es tu escuela. Pero el objetivo del aprendizaje, el rumbo cierto, es lo que marca la diferencia. Como decía Jesús de Nazaret: “de qué le vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma”.

“Sin Continente, no hay contenido”.

Y si habéis leído una de las últimas entradas de mi blog titulada “El encuentro con el Sendero”, en ella hay un párrafo que trascribo a continuación:

“Una vez ante el maestro, la fórmula de siempre. La cortesía, y las preguntas directas. Y el esquema de lo que hacemos. “¿En qué podemos servirte? -pregunta el Maestro- ¿Has leído nuestras publicaciones? ¿Nos hemos explicado bien, crees entendernos? Nuestro sendero es un trayecto aburrido, no caminamos por encima de las brasas, ni sobre el agua; todo aquí es muy sencillo. Y quizás en esta sencillez estribe su enorme dificultad.”

“Nuestro camino no es mejor que otros, ni somos poseedores de la verdad, como la única verdad. Una cosa si le distingue y es que creemos haberlo limpiado de todo estorbo, de toda distracción y por eso, tal vez, sea verdaderamente provechoso. Estando desprovisto de casi todo (lo superfluo, el rito excesivo, las imágenes, los intermediarios…) creemos que es más fácil acceder al Todo. Pues como decía Juan de Yepes (San Juan),…para venir a poseerlo Todo, no quieras poseer algo en nada.”

 https://tufuentedesalud.wordpress.com/2018/01/07/el-encuentro-con-el-sendero/

Si no hay continente, no puede haber CONTENIDO. Hemos oído decir esto al maestro hasta la saciedad. Pero qué significa exactamente. En todo el Universo se observa que cada “entidad” (ya sea un cuerpo celeste o una forma de vida) se haya contenida entre unos límites percibidos con claridad. La superficie terrestre es el límite visible de nuestro planeta, aunque su zona de influencia nos lleva más lejos y está cubierta por diferentes capas que nos protegen y  aíslan, cada una de ellas con una función, para que pueda existir la vida en ella. Por encima de la última capa, estaría el espacio exterior.

La célula, como unidad fundamental del fenómeno llamado vida, también está rodeada de una capa externa: la membrana celular. En ella observamos las diferencias básicas en función de si la vida procede del reino vegetal o del animal, con el que compartimos reino. Es como si todo en el Universo necesitara aislarse para poder identificarse como un “algo” en el Todo. Aún cuando esa separación, bien entendida, no es más que una mera ilusión.

La vida, salvo en los seres unicelulares, se organiza a partir de esa célula en estructuras cada vez más complejas, y éstas, a su vez, en otras superiores para formar lo que entendemos como organismo vivo y, de ahí, hasta las diversas especies. Célula a célula, vida a vida, eso es lo que somos. De forma ordenada y coherente. Así es en cualquier reino.

No es nuestra intención dar una clase de Biología, pues no somos expertos, pero sí dibujar un escenario para este desarrollo.

Todos estamos de acuerdo en que todos los procesos de aprendizaje están, o deberían estar, mediados por la emoción. Ésta es el motor que nos permite aprender. Lo que nos gusta, nos mantiene despiertos y abiertos, y así aprendemos y grabamos con mayor facilidad. También aprendemos a partir del peligro o a través de un acontecimiento doloroso. Pero de nuevo la emoción (aunque en este caso contrapuesta) nos “obliga” a aprender. Pero este aprendizaje estaría relacionado, al menos inicialmente, con el proceso que nos permite mantener a salvo nuestra integridad física. “El gato escaldado del agua fría huye”.

La modificación de la estructura del pensamiento, ese es el principal trabajo de cualquier vía iniciática. Se conduce al discípulo, a través de unas herramientas, a consolidar un estado de la conciencia que le permita ser consciente de sí mismo, de sus características, de sus dones fundamentales, y de sus carencias o dificultades por desarrollar. En definitiva, a hacerse responsable de sí mismo. Con todas sus consecuencias.

Este proceso de acrisolamiento pasa, principalmente, por la revisión de sus creencias, por la validez, o no, de sus conceptos, pues es a partir de ahí que elabora su discurso y genera su acción o inhibición. Y de este hacer o no hacer surgen unas determinadas consecuencias. El Universo no es neutro. Lo que siembras, recoges.

Nuestra vida está llena de enormes complejidades, fruto de la sociedad en la que vivimos. Tanto más compleja cuanto más tecnificada. Lo cual indica que algo falla. Lo que nació para hacernos la vida más fácil, en según qué aspectos, nos la está complicando. Pero esto es lo que hay. Es evidente que hay demasiada información, (más exactamente noticias y opinión) en todos los campos del saber humano. Incluso contrapuesta. Información contradictoria. Defensores y detractores de una misma idea los hay en cualquier extremo.

Finalmente, cómo saber dónde se encuentra “la verdad”. O ¿cuál es el camino más adecuado? ¿Hacia dónde debería dirigirme? ¿Quién es válido acompañante de viaje? ¿Debo viajar? ¿Solo, acompañado? …..

La conclusión es que, finalmente, cada cual debe emprender su ruta a partir de aquello que comprende, estando abierto a la modificación si fuera necesario. No queda más remedio que escoger y probar y, a partir del resultado, corregir o seguir hacia adelante hasta la próxima encrucijada. Es decir, el contraste. Deberíamos escoger por contraste y no por deducción intelectiva, que también puede ser circunstancialmente, pero sin contraste, no hay posibilidad de escoger adecuadamente. Hasta que no recorremos al menos una parte de cualquier sendero, no sabemos qué se nos muestra. En este punto cabe recordar las famosas palabras de Alí –yerno del profeta- que decía: “No podrás creer en nada, hasta que no sepas porque crees en lo crees, hasta que no alcances a comprender de donde viene tu punto de vista…” lo que sigue ya lo sabéis.

Luego en nuestro viaje por cualquiera de las dimensiones que conforman el ser humano y, principalmente, por la dimensión Trascendente, debería hacerse con la menor carga posible, con el equipaje más liviano. Con la menor carga conceptual previa posible. Pues como dice el Maestro: “si traes tu cesto lleno, ¿qué podremos poner en él?”.

El viaje hacia la Trascendencia solo puede ser desde la misma Trascendencia. ¿Pues cómo podemos viajar a lomos de algo que no tiene la capacidad suficiente -entiéndase con el ego, de naturaleza animal-? Estoy convencido de que a todos los que leemos esta misiva se nos concedió el don del despertar inicial y hemos comprendido cual es el fin. El objetivo es alcanzar el propósito existencial. Aquello de nosotros que desde antes de la Creación ya estaba Ahí. Siempre ha Estado Ahí, en ti y en mí. Así que semejante labor, que nos llevará una vida entera, requiere de claridad de ideas, de apertura de mente y de no rendirse jamás. Y un hueco para la incertidumbre. De ahí la recomendación de un liviano equipaje.

Si todas las religiones se erigen como “la Verdadera” es evidente que algo falla. O bien no han entendido, o bien se han estancado. Lo que sí creemos conocer son los puntos en común que tienen todas en su faceta trascendente:

  • Todas hablan de un Principio Creador. Irrepresentable, Omnisciente y Eterno.
  • Todas establecen a través de un rito particular, un vínculo de encuentro directo entre el Creador y la criatura. En el inicio es una forma común y reglada. Después la formalidad se ira diluyendo conforme la criatura avance y comprenda, hasta llegar a la relación mística, o a donde Dios quiera. Donde todo lo aprendido se convertirá en un estorbo.
  • Se practica el bien, y dejamos a un lado el mal, no como algo de lo que hay que huir, sino porque dificulta el encuentro. Y en todas ellas se formula en este sentido. Pero la razón debe asistirnos en este proceso. Todo se nos concedió para el disfrute (pasajero) y el aprendizaje. Pues bien y mal para el que ha conseguido ver, no tienen sustento. San Juan decía: “aquel que llega al final, es para sí mismo la Ley”.
  • Todas hablan de la Misericordia Divina (del Rahma de Allah que dirían los musulmanes), de la Compasión. Pero sabemos que no hay más misericordia que aquella que emana de una persona misericordiosa. Así que repartimos los bienes entre los menos afortunados. Los materiales, o los intelectivos, o los de cualquier índole. Pues sabemos que todo proviene de Dios y tan solo somos usufructuarios de aquello que se nos concede. Con el esfuerzo por medio de la criatura.
  • Todas proponen algún método para la depuración orgánica, así como para la revisión profunda de nuestra vida. Todas poseen ciclos a lo largo del año para este fin. El ayuno es la propuesta más universal, donde además se insta a aprovechar este tiempo para la revisión de nuestra vida. Y con ello la oportunidad de corregir el rumbo si fuera necesario.
  • Todas  proponen el viaje o la visita a los Santos Lugares donde si inicia la Revelación.
  • El sostenimiento en armonía y constancia con estos principios es el fundamento para alcanzar la Paz. Y como consecuencia, la Felicidad como estado de la Conciencia.

Toda esta simplicidad no comulga con la idea del rito excesivo. De la acumulación de fetiches, de información sin contrastar, de santos a los que adorar o de imágenes que venerar. De símbolos que turben nuestra razón y nuestra emoción. Todo ello puede ser, puntualmente, un escalón, un apoyo, pero no puede ser una carga más para el camino. No puede convertirse en un entretenimiento que distraiga la atención del buscador, le enrede en el sendero y termine por perderse.

En la Tradición Islámica se estudian los 99 nombres de Allah. Cada nombre es una característica positiva atribuida al Creador y que el devoto, al que se nombró con cualquiera de ellos, sabe que tiene que realizar, en sí mismo, a modo de aspiración. En los templos del Islam no hay imágenes de santos, de hombres o mujeres, del Profeta, ni por supuesto de Dios. Todo es armonía, todo son matemáticas en la belleza y forma de los arabescos. En esa geometría sagrada que turba  solo con verla, pero que debiera recordarnos la belleza Creadora, su armónica y ordenada manifestación y su no principio, ni fin.

Ilustro este escrito con esos ejemplos del Islam porque tienen esa razón de ser última. Todo lo atribuible es a Dios, todo proviene de Él y a Él regresa. Aunque la mayoría de sus practicantes no comprendan ese significado trascendente, o no comulguen con esta visión. Esto me recuerda a la Santa de Ávila, Teresa de Cepeda, cuando decía”… sólo con Dios basta”. Y este otro poema suyo:

       “Cuando el dulce Cazador

          me tiró y dejó herida,

         en los brazos del amor

         mi alma quedó rendida…”

“Rendida ante Dios”. Todo es Dios, todo es en relación con Dios, toda alma pena por Dios. Este es el principio y el fin. No hay intermediarios, no hay imágenes, no hay signos, símbolos, ni nada parecido. Y eso es lo que pretendemos trasmitir. Todo se reduce a trabajo, esfuerzo en la renovación, todo dentro de lo razonable, aún lo más esotérico. Sin distracciones. Haciéndote responsable, en definitiva, de ti mismo.

Así que cualquier símbolo, o simbología, nos distraerá. No sé qué comentábamos el otro día acerca de la verdad que para algunos representa el símbolo que sea. Nosotros no desmentimos ninguna verdad. No nos corresponde a nosotros juzgar el estado interior de un individuo o de una colectividad completa. Pues sabemos que cada parada es un estadío necesario. Pero también sabemos que hemos pasado por diferentes etapas y estamos seguros que todo va a pasar. Por tanto, ¿Qué de verdad hay en algo? Todo está en tránsito, a eso nos referimos.

 Pongamos un ejemplo. La esvástica Nazi.

La esvástica tiene una larga historia. Se usaba al menos 5.000 años antes de que Adolf Hitler diseñara la bandera nazi. La palabra “esvástica proviene del sánscrito svastika, que significa “buena fortuna” o “bienestar”. El motivo (una cruz en forma de gancho) aparentemente se utilizó por primera vez en la Eurasia del Neolítico, quizás para representar el desplazamiento del sol en el cielo. En nuestros días es un símbolo sagrado para el hinduismo, el budismo y el jainismo. Es común verla en templos o casas en India o Indonesia. Las esvásticas también tienen una historia antigua en Europa, ya que aparecen en artefactos de culturas europeas anteriores al cristianismo.

El símbolo resurgió a fines del siglo XIX, después del extenso trabajo del famoso arqueólogo Heinrich Schliemann, quien descubrió la cruz en forma de gancho donde estaba la antigua Troya. Schliemann la relacionó con formas similares halladas en piezas de cerámica en Alemania y su teoría fue que era un “importante símbolo religioso de nuestros antepasados remotos”. A principios del siglo XX, la esvástica se usaba mucho en Europa. Tenía numerosos significados. El más común era un símbolo de buena suerte y augurios. Sin embargo, el trabajo de Schliemann pronto lo continuaron movimientos para quienes la esvástica era un símbolo de “identidad aria” y orgullo nacionalista alemán. Esta conjetura de la ascendencia cultural aria del pueblo alemán probablemente sea uno de los motivos principales por los que el partido nazi adoptó formalmente la esvástica o Hakenkreuz (en alemán, cruz en forma de gancho) como su símbolo en 1920” Fuente: Enciclopedia del Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos.

Así que lo que la esvástica representa para los budistas (se puede ver en numerosos templos o lamaserías), fortuna y bienestar, para los nazis era un símbolo Supremacista. ¿Dónde se encuentra la verdad pues?

Aunque Jesús de Nazaret nos dejó un mensaje claro cuando se le atribuyen estas palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, y su única propuesta fue reformar, simplificar la Revelación, pero fue con el profeta Muhammad que la Revelación toma la sencilla forma con la que se puede alcanzar el augurio que nos anunciara el maestro Jesús. La Revelación profética que comienza en los profetas de la Tora, y concluye en el profeta del Corán. Desde la complejidad más absoluta, fruto de la ignorancia de cada determinada etapa social y cultural, de cada grupo étnico, la Revelación se ha ido simplificando y adaptando a cada pueblo, en cada tiempo y en las distintas lenguas. Y eso es todo.

Dios se Revela ante Sí Mismo, y lo demás, un mero juego de apariencias.

Volviendo al principio, el ejercicio de las Ibadat, dentro de la Tradición Sufi, y la puesta en marcha de su contenido concuerdan con los puntos que decíamos en común a todas las religiones (atendiendo a religare). Y en ese sencillo hacer, que ya tiene suficiente dificultad, se encuentran las claves de la evolución en los senderos del espíritu. Pero quien crea que puede tomar de aquí o de allá, a conveniencia, habrá confundido el ejercicio de la sencillez con un más que probable tropiezo a partir de un más que posible engaño del ego.

Espero que estas palabras os sirvan de provecho, después de la reflexión. Que la Divinidad nos guíecon su Misercordia en este Su Sendero, donde todas las almas se reúnen en torno al Amor.

Un abrazo.

Para los jóvenes. Quizás en ellos si…

…quizás en ellos se produzca el cambio. O mejor, quizás puedan ser los artífices del cambio. Al menos es la esperanza lo que nos queda. Me gusta hablar del ser humano en su faceta divina, o en su aproximación a ella. En esta ocasión hablaremos de la humanidad más mundana, aquella que siempre habla de lo mismo: “El hombre es un lobo para el hombre”.

Tengo un amigo en Colombia, además es uno de nuestros proveedores aquí en nuestra tienda. Hace quesos de cabra ecológicos. Y allí en Colombia hace también lo mismo. Es curioso que allí pueden trabajar con la leche cruda, con fermentaciones sin aditivos, así sin más. Dice que le recuerda la forma tradicional de elaborar la leche y sus derivados en épocas pasadas aquí, en nuestro país. De paso reivindica el uso y comercialización de la leche cruda en España, que todavía sigue siendo tabú. Aunque en Cataluña se acaba de levantar el veto hace no mucho. Cabe preguntarse si es que los Catalanes son inconscientes del “peligro” o han ido un poco más allá y han reconducido la situación colocando un poco de lucidez en este sentido. Que por cierto, la UE ya legisla en favor de esta práctica en pequeñas cantidades y a distancia muy local. Que asépticos somos los españoles.

Pero no es este el tema que me trae de nuevo a asomarme a esta ventana. sino como decía, la lucha desigual que se vive siempre entre pequeñas comunidades campesinas, locales, agrarias, etnias olvidadas, santuarios protegidos, etc. y las multinacionales o transnacionales que sin pudor campan a sus anchas por doquiera.

Este amigo que pasa temporadas en Colombia, me dice que siempre es lo mismo. El pez grande se come al chico. Macrominería, deforestación, presión por las tierras y el agua, o por los recursos de cualquier índole. En el inicio todo son luces bajo la promesa de prosperidad, y luego, lo que queda es siempre la tierra estéril, la cultura arrasada, la enemistad entre pueblos y entre vecinos, pues algunos claudican forzados por la miseria y el olvido que algunas de estas comunidades sufren. Cuando no es directamente el asesinato 0 la extorsión de activistas sin más, a la luz del día.

Os dejo con un vídeo que muestra esto que digo, de la boca de una autoridad local y su denuncia de los hechos. Se trata de la multinacional Smurfit Kappa, y de sus fechorías y desmanes. No se que podemos hacer desde aquí aparte de mandarles nuestro apoyo y darles un poco de visibilidad. En todo caso denunciar estas prácticas reiteradas y abusivas por parte de una industria con cara bonita, y con fauces de Hidra, guardiana celosa del inframundo, capaz de aniquilar lo que se pusiera por delante con sus múltiples cabezas.

Inframundo que lo componen todas estas esferas de poder, iba a decir en la sombra, pero que cada vez menos oculto, más descarado diríamos y que, en términos generales, gobiernan al resto de la humanidad. Que vive con descuido e ignorancia como campan a sus anchas. Podríamos recordar aquí las palabras del Beltor Brecht…”y ahora vienen a por mi”. También.

Queridos amigos y hermanos de Colombia, y de todas las comunidades de bien de este mundo. Hermanados todos por la misma idea de que nos dejen en paz con nuestros pequeños mundos. Que no vengan a darnos nada, pero que no nos roben la inocencia de una vida sencilla y después todo lo demás. Y a las autoridades competentes, que más bien diríamos incompetentes, fieles servidoras de un sistema corrupto y perverso, ojalá pronto se vuelva contra ustedes todo el daño que permiten infringir  estos poderosos. Poderosos  en sus despachos, y detrás de los abogados, políticos y demás ralea tan corruptos como ellos.

Ojalá la suerte cambie para Vds. mis queridos compañeros de al otro lado del charco, mis deseos de que pronto recuperen la paz.

Un abrazo.

Pd. intento por todos los medios compartir un vídeo pero no hay manera. Espero que después de varios intentos desde mi perfil en facebook podáis verlo, y compartirlo. Gracias.

https://www.facebook.com/a.moralesminano/videos/949847538521023/UzpfSTEwMDAwNDg3MzU2NTAwMDo5NDk4NTQ1NDg1MjAzMjI/

 

 

 

Principio de incertidumbre. La gran Duda

No sabía muy bien como titular esta entrada. Tampoco importa demasiado, no es más que un continente.

Hemos mirado la vida, la existencia humana, el cosmos y sus maravillas, y su colosal dimensión. El mundo de lo pequeño, la vida microbiana, las partículas subatómicas y, a primera vista, observamos una infinita exuberancia, una fastuosa diversidad. Innumerables formas de vida, sus peculiares maneras de relacionarse entre ellas y con el medio en el que viven. Y también la materia, sus diferentes formas y estados, incluso, de una misma sustancia. Por ejemplo el agua. Y en medio de tanta diversidad, una constante; nada se repite, todo es diferente. Es como si, a pesar de todo, la diversidad quisiera mostrar también un principio; es el de Relevancia. Todo parece importante, porque todo parece cumplir con una determinada función.

Movimiento incesante, Perpetum Móbile, aún en la aparente quietud. La visión de un mar en calma esconde el pulso ajetreado de la vida submarina, sus incontables seres y sus interminables ciclos. O en la ordinaria apariencia de un montón de compost se esconde una azarosa vida bacteriana que se  mueve convulsa en su interior. Y en el fluir interno de la vida en un organismo vivo, y  también en ti.

Y la relación, la conexión entre todo, entre los seres vivos, la cadena trófica, y entre los miembros de la misma especie. Entre lo vivo y la materia circundante. Entre todos los reinos. Entre la tierra y el resto del universo. Una relación de interdependencia, de depredación, de necesidad vital, afectiva, de intercambio de fluidos,  materia y energía. Relación, contacto e intercambio. Una dulce mirada, una suave caricia, el estertor de la presa en la boca del depredador o la fuerza incontenible de un huracán arrasando todo lo que contacta.

Acerca de la materia y sus formas, dice Einstein que es energía. Organizada de un modo complejo. La vida sin embargo, estando estructuralmente formada de materia, depende de si misma, en relación con otras formas y con el medio.

Si la materia es energía, cabe preguntarse que es la energía. O que sabemos de ella. En principio podríamos asegurar que no se manifiesta si no es a través del movimiento. En forma de transferencia de un cuerpo a otro, desde un estado a otro, como lo que ocurre cuando la electricidad atraviesa una resistencia que entonces se convierte en calor. O la luz del sol que a través del fenómeno conocido como fotosíntesis es capaz de convertirse en energía química, contenida en los alimentos por ejemplo. También sabemos que responde a una ley llamada de conservación, que dice que no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. En definitiva movimiento.

Y la vida? En alguna ocasión ya dijimos que cuando la observamos y bajamos de magnitud acaba por zafarse, se escapa entre los dedos. La mínima expresión de la vida es la célula, pero observados minuciosamente sus componentes no son más que compuestos químicos, complejos eso sí, pero formando un todo tras la membrana celular, sin la cual, no habría vida. Así que a nivel molecular, desapareció la vida.

Y la materia, al profundizar en ella, nos quedamos sin nada sólido. A nivel atómico todo es movimiento, vibración. Energía pues, y esta se transformó en materia y luego en vida.

Pero, ¿como y cuándo decidió organizarse de este modo? Para hacer crecer aquí un océano, allí el Everest y acullá una manada de elefantes. ¿Como ocurrió?

Es como si detrás de este periplo se escondiera una gigantesca Voluntad (a tenor de la manifestación), una intención articulando la opción de mostrarse sin cesar, dentro de ese perpetuo movimiento. ¿Pero de quien es esa voluntad?  ¿A quién pertenece? ¿Es consciente?

Al caer la noche, en busca del reparador sueño, ¿quien dirige nuestro organismo? La respuesta primera es que a pesar de nuestra inconsciencia, nuestro cerebro y el sistema nervioso lo hacen. Pero no olvidemos que, a tenor de lo que decíamos antes,  ambos son inconsistentes, no son más que energía en última instancia. ¿Cabe afirmar que la vida tiene la voluntad y la capacidad de dirigirse a si misma? Hasta que muere. Entonces desde luego es inteligente. Voluntad-inteligente, o lo que es lo mismo consciente. De Conciencia.

En el ser humano sucede ese gran milagro. La energía se hizo materia, y la materia atravesó los tres reinos y se volvió vida-consciente. Una voluntad inteligente acabó siendo consciente de que? o para qué? o ante quién? Parece más bien que esa Conciencia (de ahí que seamos conscientes) lo impregnara todo, lo sustentara todo, mas bien, con su voluntad.

Dice la ciencia que todo en el Universo tiene un origen común, esa Conciencia Universal, Inteligencia Causal,  que en términos religiosos llamamos Dios. Pero dejemos a un lado ese término tan esquivo, y que tanto separa a la humanidad. Si podríamos preguntarnos -siguiendo con el desarrollo- ¿que somos en relación con esa Voluntad manifestada o Inteligencia Causal?

Comentábamos antes de esa infinitud de formas, de la diversidad; la multiplicidad de lo fenoménico. Ese incesante despliegue de apariciones y desapariciones. Todo mutando de un estado a otro, de un reino a otro. ¿Porqué esa aparente obsesión por mostrarse para después desaparecer? Y sobre todo ¿para qué?

Y hasta aquí todo es perfectamente demostrable y aparentemente comprensible.

Y, ¿ ante quién?  En un texto sagrado se atisba una respuesta: “No hice al ser humano y a los seres invisibles sino para que Me conozcan”. ¿Conocer a quién? A Dios, a Allah, Brahma…? La cuestión es ¿como lo manifestado, o creado, puede conocer a su Creador, causa de la manifestación? En cualquier creación ¿cual es la relación entre Creador y criatura? ¿Es una relación recíproca? Es decir,¿ambos pueden reconocerse? En la circunstancia humana diríamos que no. La relación es unidireccional. Es decir, nosotros creamos arte, por ejemplo, y nos emociona, incluso emociona a los otros. Además, algunos tienen la capacidad de reconocer  la obra completa de un mismo creador. Los especialistas en pintura son capaces de reconocer a un mismo autor en toda su obra. Pero y la obra creada, la creación ¿puede reconocer a su creador? Desde luego que no. Por tanto esa capacidad de reconocimiento no es recíproca.

Entonces como es que las Antiguas Tradiciones hablan de una relación entre el ser humano (criatura)  y el Creador. Entre la Causa y el efecto.

Relación directa entre ¿Creador y criatura? ¿Como es posible?
Aquí os dejo con la duda. Una invitación a la reflexión. Una gran duda, para una gran fe, que necesitará de una gran determinación.
Quizá en otra ocasión desvelemos el misterio. O tal vez alguien de los que lee este espacio lo tenga claro y se atreva a compartirlo. Ya veremos.

El encuentro con el Sendero

En nuestra tienda hay un espacio semanal para la meditación. Es un espacio abierto para todos, sin condición alguna, salvo el respeto a las diferentes formas de pensamiento. Todo el mundo ha oído hablar de las bondades de la meditación. Hay un grupo de continuo, que lleva varios años asistiendo de forma ininterrumpida y avanzando en la práctica, en el día a día. Me gustaría comentar algunos detalles sobre la técnica, pero lo dejaremos para otra ocasión. No es esta nuestra intención en este momento. Tan solo puntualizar que la meditación no es una pose, es un estado. Nace como una herramienta que pertenece al núcleo de todas las disciplinas del espíritu. A todas sin excepción. No es “un algo” aparte, sino que forma parte de un todo.

Hemos tenido la suerte de acompañar (por decirlo de algún modo) en este espacio a algunas personas que se acercaron y tuvieron el atrevimiento de quedarse, de seguirnos sin prejuicios; se dieron una tregua antes de juzgar. Y empezaron a comprendernos, y consiguieron avanzar. Es el viaje de la “necesidad”, un pequeño oasis en mitad de un desierto.

Muy de vez en cuando se nos concede la suerte de que alguien, después de mucho tiempo, decide acercarse definitivamente al maestro. Después de leer, de contrastar, de cierto esfuerzo y, generalmente, con un sentimiento encontrado a medio camino entre y la duda y la premura por la necesidad de dar respuestas.

Una vez ante el maestro, la fórmula de siempre. La cortesía, y las preguntas directas. Y el esquema de lo que hacemos. “¿En que podemos servirte? -pregunta el Maestro- ¿Has leído nuestras publicaciones? ¿Nos hemos explicado bien, crees entendernos?  Nuestro sendero es un trayecto aburrido, no caminamos por encima de las brasas, ni  sobre el agua; todo aquí es muy sencillo. Y quizás en esta sencillez estribe su enorme dificultad.”

“Nuestro camino no es mejor que otros, ni somos poseedores de la verdad, de la única verdad. Una cosa si le distingue y es que creemos haberlo limpiado de todo estorbo, de toda distracción y por eso, tal vez, sea verdaderamente provechoso. Estando desprovisto de casi todo (lo superfluo, el rito excesivo, las imágenes, los intermediarios…) creemos que es más fácil acceder al Todo. Pues como decía Juan de Yepes (San Juan), …para venir a poseerlo Todo, no quieras poseer algo en nada.

¿Que buscas, pues? – insiste el maestro-.

(Y esta suele ser la respuesta habitual) No lo sé, no sabría exactamente. Pero siento como una especie de vacío, un sentimiento que no consigue llenar cosa alguna. Hicimos un largo viaje. Estudiamos, trabajamos sirviendo a esta sociedad. Buscamos pareja y formamos familia. Ha sido una vida agradable, sin demasiados inconvenientes. Algunos altibajos, como todo el mundo, pero nada que no haya estado dentro de los cánones de la normalidad aparente.

Pero hay como un sentimiento, como una necesidad de acercarse a algo más profundo que yace en mi interior. Y que pugna por salir. No se si el sendero espiritual es para mi, pero siento que si no lo intento podría lamentarlo el resto de mis días.

Y así concluye todo. Unos se quedan y otros…

Los que seguimos allí, lo hacemos agradecidos por el Conocimiento recibido. Los que llegan son bienvenidos todos. Los que no se deciden, habrá otro tiempo. Y los que después de estar junto a nosotros, y no vieron cumplidas sus expectativas, algunos se marcharon de forma educada y otros no tanto, pero de todo ello aprendimos. Pues como nos recuerda la Tradición: “si tenemos  visión, de todo podemos aprender. Y en todo se muestran los signos del Conocimiento”.

En la Tradición Sufi, todo es equilibrio. Es el camino de en medio. Algunos la juzgan como la vía mística de Islam. Nosotros diríamos que es el propósito de Islam. Es el contenido de la La Revelación Profética, que hereda el ancestral conocimiento, que se nutre de cualquier otra vía donde éste se encuentre, y cuyo objetivo es el Amor. Pues como decía el murciano preclaro Ibn Arabi: “el amor es mi religión y mi fe.”

Cuando un musulmán dice que Islam es Paz, generalmente, lo hace con un sentimiento de profunda desazón, pues tal y como se conoce Islam y el mundo islámico en general, sabe de la dificultad de expresar tal sentimiento, pues quizás presiente que ninguna de sus palabras tendrán suficiente éxito. Pues tantos prejuicios acumulados durante siglos, se han vuelto una barrera impenetrable para aquellos que ven en la sencilla promulgación Muhammadí,  cuando menos, un movimiento aversivo, cuando no un peligro para el occidente “civilizado” o un nido de terroristas.

Una de tantas cosas que aprendí en la Tradición fue a ser crítico conmigo mismo, y a forjar mis opiniones desde una información contrastada, y no solo del lado que más convenga a mi criterio inicial. Cierto es que resulta difícil con tanta información a nuestra disposición, saber en qué lugar buscar para acercarnos a la verdad. Pero es evidente, que sin la búsqueda en distintos frentes, y sin la convicción de estar dispuesto a aceptar el resultado, sea cual sea, no podemos esperar ninguna “verdad” más allá de aquella que se acomode a nuestros intereses o  criterios preconcebidos.

Pero así como cualquier avance científico significó en su momento una catarsis, porque se enfrentó a la férrea barrera de lo establecido, si finalmente tuvo éxito y  estamos donde estamos, es porque la verdad, o lo novedoso, nos ofrecía mejores soluciones, y terminó por imponerse. Parece que todo está en permanente revisión. El ser humano y sus dificultades para avanzar.

En este momento de la historia de la humanidad, (como en todos, bien mirado) creo, nos encontramos acuciados por la necesidad de entendernos y de dejar de tratarnos como enemigos cuando se trata de dirimir las diferencias ideológicas o religiosas, seguimos con demasiadas barreras, demasiados obstáculos para el entendimiento. Quizás porque las premisas anteriores de sincero deseo de encontrar la verdad, o la paz, no anidan todavía en nuestros corazones.

Pero si la religión fue, y es, el opio del pueblo, no es por lo que propone, sino por quienes en su afán de afianzar sus criterios, o de imponerlos, o por sus deseos de poder o cualquier otro oscuro anhelo, han hecho de ella un algo inservible. Por no hablar de los intereses económicos ocultos desde sectores alejados de la religión, pero que la usan para sus fines sin ningún pudor. Y derivado de todo ello,  surge esa corriente de laicismo y de materialismo que tanto nos aleja de la comprensión del fenómeno. Y por tanto de la Paz, pues entre todos tejemos la telaraña de la existencia, y sin el esfuerzo de todos, será imposible el entendimiento.

El respeto hacia cualquier opción religiosa, se basa en un hecho incuestionable, y es que la libertad de decidir, en cualquier ámbito, es patrimonio del ser humano. Y cuando hablamos de los mundos del espíritu, todas ellas, comparten un poso de amor que dimana desde su comprensión del Creador. No debiera por tanto la confusión llevarnos a error cuando hablamos del amor de Dios, y a la vez, ensalzamos nuestros criterios y dogmas como únicos y verdaderos. Pues ¿cómo cabría Dios en un único  credo en detrimento de los demás? ¿No parece más razonable que ese Dios Creador, lo que ha hecho ha sido mostrarse en distintas lenguas, y profetas, según la necesidad de la época y el idioma de las gentes hacia los que iba destinado el mensaje?

En cuanto a los no creyentes, cuyo criterio es justo y fue también el mío durante mucho tiempo (ya escribí sendas entradas acerca del ateísmo en este mismo blog), quizás convenga recordar que todo cuanto toma apariencia, ya sea una bacteria, una flor, o una lejana galaxia, tiene un origen. Una razón de ser, aun cuando se nos muestre esquiva, de momento. Pues ¿como podría ser que en un Universo donde se manifiesta sin cesar la Ley de Causa y Efecto, el Universo entero, en su origen inicial, no dimane de Causa alguna?

En la Tradición Sufi, solemos dirigirnos al Principio Creador, como la Causa Primigenia, desde la que dimanan todos los efectos posteriores, incluidos tú y yo. O ¿acaso la ciencia no está harta de decirnos que todo el Universo surge desde un mismo punto y por tanto, toda apariencia -toda- proviene de ese mismo y único Origen común? Que curioso ¿verdad? como el Universo aparente parece expandirse sin cesar, es decir, separarse entre sí desde los orígenes, y sin embargo, “la llamada” es hacia la Unión.

Rumi nos ilustra: “más allá de tus criterios sobre el bien y el mal, existe un lugar, allí os espero”. La mística como fértil expresión humana, cuya obra ha dado al mundo los mayores ejemplos de inspiración y de unidad de entre todos los acontecimientos humanos. Y que curioso, teniendo entre nosotros al más cercano de los místicos, San Juan, que hayamos ninguneado su legado, cuando no olvidado; pero le suele suceder al ser humano con tanta frecuencia, que no valora adecuadamente lo que tiene hasta que lo pierde. Esto decía: “Entreme donde no supe, y quedeme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”¿ Acaso los más novedosos avances en neurociencia no nos demuestran lo posible de este estado?

Por no hablar de los grandes maestros de la Tradición que en otro tiempo inspiraron con sus ciencias y sus  letras, desde nuestra tierra, al mundo entero. Desde el citado Ibn Arabi, pasando por otros ilustres murcianos, como Ibn Sabain, o Ibn Ricotí, o tantos otros que en otro tiempo fueron punta de lanza de un movimiento cultural propio, del que toda la Tradición Sufi se vio enriquecida, y la mística en general también, y que hoy sigue siendo inspiradora de nuestras palabras y actos.

Los que se acerquen a nosotros, que no esperen espectáculo de luces y colores, les sobrará con la sencilla práctica que dimana del magisterio Muhammadí, de la inspiración de la profunda enseñanza que se extrae del Corán, (de su adecuada interpretación, y estudiado a la luz del contexto social en el que surge) y de la inspiración de todos los maestros de cualquier época, que pusieron el  Amor de Dios, y por tanto el amor entre los hombre, como su principio y su fin.

Decía Rumi a sus coetáneos: “…pero no clames diciendo que todas las religiones son vanas, pues en todas ellas hay un perfume de verdad, sin el cual, no se encendería la fe de los creyentes…”.

Y esto otro también es reseñable.

Heisenberg (premio Nobel de Física 1932) concordaba con Francis Bacon en que “un poco de conocimiento inclina al hombre al ateísmo, pero la profundidad del mismo lleva a las mentes de los hombres a la religión”. Al respecto, el alemán comparó a la ciencia con una copa de creencias: “el primer sorbo de la ciencia te vuelve ateo, pero en el fondo del vaso, Dios te está esperando”.

Supongo que estos criterios desde dos visiones diferentes frente a la religión, son más valiosos que mis palabras. Busquemos pues la Paz, no como ausencia de guerra, sino como un estado de la Conciencia. Y en ese estado, cabe cualquier posibilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre la naturaleza del ego

En la Presencia.

En las reuniones periódicas con el maestro y el resto de compañeros, en muchas ocasiones se nos preguntó porqué estábamos allí, porqué permanecíamos allí. El maestro  respondió diciendo que esperaba que fuera por amor de Dios. Decía que raras veces nos oía dar esta respuesta.

“Por amor de Dios”. Si el amor surge del conocimiento del objeto amado, parece difícil llegar a donde el maestro por este hecho, pues supondría conocerle, y esto es cuanto venimos a aprender aquí. Por lo tanto, la fugaz tentación  de responder “por amor de Dios”, en la fase de ignorancia, supondría un autoengaño. En todo caso el individuo amaría a un “ídolo”, a una idea preconcebida de La Divinidad. Podría ser que amara el arrebato emocional que le supone la sola idea del amor de Dios. En definitiva, en las fases iniciales, cualquier respuesta sería ciertamente comprometida, cuando no herética. No obstante, en los inicios es mejor responder así, que venir a una tariqa sufi buscando pareja, solucionar problemas personales, curiosear, pues dicen que los sufis andan descalzos por el fuego y demás…

De todos modos, siendo Dios la Única Realidad ¿quien  podría amarse sino Él a Sí Mismo? Dice el maestro que cuando la criatura siente amor de Dios, es La Divinidad amándose a Sí Misma. Que curioso este juego que para amarse a Sí Mismo, Dios “nos haya metido en este lío”.

Entonces ¿que se interpone entre Dios y nosotros, o entre Dios y Él Mismo? Todas las antiguas tradiciones señalan al ego, el padre de la mentira, como el embaucador necesario para este hecho. Pero ¿de que naturaleza es el ego que tiene la capacidad incluso de velar el amor que Dios tiene de Sí Mismo? ¿De donde surge su poder? ¿Podemos conocerle para someterle, para educarlo y ponerlo al servicio de la Conciencia? Veamos.

Los Sufis afirmamos que Dios es Uno y Único, y también que hemos sido dotados con el don para percibirle o dimensión profética. Él es la Causa Creadora y ha decidido manifestarse, pues es creando como cumple con su deseo de “conocerse” generando lo que conocemos como la multiplicidad. Todo cuanto ha sido creado es portador de la misma Esencia Primigenia.

Cabe reflexionar entonces, si Dios, Causa Primigenia, Causa de todos los efectos posteriores es lo Único existente, la pregunta inmediata sería ¿quien es yo? ¿quién soy yo? Por lo que sabemos y hemos experimentado, un fraude. Ese “yo es que soy así” debería ser una realidad transitoria, un punto de partida, no la meta definitiva. Ese “yo” debería tener las horas contadas, pues siendo cierto que tiene peso, predominancia, argumentos, pero nos hace sufrir, así que ese “yo” debería responder “soy así pero quiero y debo cambiar”.

Antes de continuar con esta reflexión, quiero dejar claro que muchos argumentos son la palabra del maestro utilizadas por necesidad y por considerarlas más acertadas y precisas que las mías, así que en algunos casos son copiadas literalmente, mezcladas con mis propias experiencias y reflexiones, de modo tal, que parezca un todo que pueda ser coherente y comprensible. Al menos lo intentamos, sin más intención que compartir por pura necesidad, y por obligación también.

Este escrito que debería titularse “Los diez mil rostros del ego”, las mil y una caras de la personalidad adquirida, por tanto necesitaría de mil páginas para describirlas. Así que solo haremos un esbozo con algunas de “esos rostros” que nos permita vernos reflejados.

Entonces somos Esencia Creadora (primer aspecto del total que somos), utilizando un soporte físico biológico (de materia densa, segundo componente) y un tercer aspecto aleatorio, circunscrito a una cultura determinada y a una época concreta.  Esto es lo que conforma el total de  nuestra naturaleza.

De esa cultura heredamos sus conceptos; una moral concreta, una forma de entender el mundo en todas sus  facetas (religión, política, etc.), y con este bagaje, iniciamos un viaje generando experiencias propias en virtud de tales creencias. Esos recuerdos y la imagen del espejo son lo que denominamos “yo”. Aunque no siempre nos percatamos de que todas estas experiencias giran en torno a la necesidad de la preservación del cuerpo físico, empujados por el instinto básico de conservación de la especie. Todas, os lo dejo a vuestro análisis.

Si cada sociedad tiene unas reglas de comportamiento, y en según que casos, algunas creencias están en las antípodas de las otras ¿cual es la acertada? Todas y ninguna, ¿entonces porqué tomamos como verdades absolutas lo que en realidad no es más que circunstancial y transitorio? ¿Porqué nos enfrentamos por defender ideas condenadas a entenderse? ¿Porqué tratamos de imponer criterios si los unos y los otros están decididamente convencidos de que “su Realidad” es la única y verdadera?

Así que nuestra personalidad es hija de la transitoriedad, nuestros recuerdos frágiles y esquivos, y nuestras experiencias (generadoras de conceptos asumidos como verdades absolutas), son fugaces como un destello en el agua pues se basan en lo meramente circunstancial. En poco tiempo, lo que hoy creo que me es útil, mañana probablemente no lo será. Lo que antaño fue bueno, hoy ya no lo es tanto. ¿No hemos aprendido todavía? Por no hablar del cuerpo físico, degradándose continuamente, en un perpetum móvile, entre la construcción y la destrucción hasta la decadencia funcional que llegará para todos sin excepción.

Así que, como vemos, el ego es inestable, transitorio y fungible. Su sustrato es la ignorancia y su modus operandi: la negación al cambio. ¿porqué? Porque como decíamos antes, juzga como verdad absoluta lo que es circunstancial y relativo. Hay otro aspecto con el que nos será fácil identificarle, y es su negación a cualquier estructura. En términos de evolución espiritual, se niega con fuerza a sostener una estructura mínima, o un continente en el que se nos ofrece un contenido que es el que nos permite progresar. En toda actividad humana, y no solo en lo estrictamente espiritual, hay una norma a seguir, unas pautas para el aprendizaje. El ego ignorante sueña con el contenido sin aceptar continente alguno. Es una vana ilusión. Dice el Maestro de vez en cuando: “si me pides agua, ¿quieres decirme como te la ofrezco sin continente alguno?

Pero ¿porqué sucede esto? Desde el inicio de nuestra vida se nos alimenta, se nos cuida, se nos enseñan comportamientos adecuados de higiene, todo para preservar nuestra integridad física. El individuo crece con unas costumbres entre los márgenes concebidos como adecuados para tal fin. La fuerza de la costumbre genera determinados gustos como los que cada cual atesora en relación a la comida, por ejemplo. Pero también se “nos protege” del mal con una “educación acertada” en cuanto a la moral, la religión, la política, etc. Con igual fin. Te damos lo mejor y más adecuado para ti, para que puedas crecer (y seguir perpetuando nuestras ideas). Siendo que es el entorno más cercano, los padres, el colegio, los amigos, los vecinos, etc. los que avalan estos recursos, pues todos son hijos de la misma sociedad, ¿quien se atrevería a juzgarlos como erróneos? ¡Son la realidad! Mi realidad. Y con ella construyo mi mundo.

Esta es la respuesta. La transitoriedad y  lo circunstancial, hecho realidad. Y de nuevo la terrible paradoja de que “todo es nada”. No se si seremos capaces de asumir este simple razonamiento.

Paz.

Meditación en los jardines del maestro. O mirad las flores…

Sidi Said, nuestro Sheyh, está de viaje por Argentina y después hacia Chile. Existen varias comunidades residentes en Argentina bajo la tutela del maestro.

Como cada domingo, desde hace muchos años, nos reunimos un grupo de  alumnos en torno al maestro. Compartimos nuestras ideas y experiencias en torno al trabajo que, en cada momento (evolutivo del grupo) va marcando sabiamente. El domingo último antes de su marcha, preparados para hacer la oración, antes de la reunión, nos dijo: “Hemos comentado muchas veces que la parte no puede abarcar al Todo, que la criatura no puede abarcar al Creador. Así que es el Creador que reside en cada uno de nosotros el que puede descubrir al Creador que está en Todo. !Que es todo cuanto hay! Id fuera, a la huerta, al jardín, y descubrid desde el Creador que sois, al Creador que está en toda su Creación.”

Y eso hicimos. Sin hacer la oración salimos al huerto y nuestra oración fue en movimiento, sin palabras, cada cual elevando una plegaria con el corazón a los reinos del Amado entre las flores. Entre el zurrir de las abejas como éxtasis entre tanta belleza, entre el esplendor de la Gloria. Entre tanto orden,armonía y destreza se presenta la magnificencia Creadora en la plenitud de la primavera. La mano del Hacedor por doquiera.

Transcribo mis observaciones tras dos horas de paseos, de reflexiones entre las flores,  las comparto sabiendo que es imposible abarcar tanta belleza, tanta sugerencia de formas, colores, perfumes de azahar y nuevos brotes para la nueva vida que acontece.

Lo primero que me llama la atención al observar el huerto es como el mismo sustrato, la tierra de la huerta,  se convierte aquí en un limonero, allí en un naranjo, mas allá en unas hierbas… Mismo sustrato pero distintas formas de expresión y de función (de propósito).

Algunas formas de vida primitiva invisibles a nuestros ojos, medran también  el mismo suelo, y otras han evolucionado a formas complejas como los insectos, los pequeños mamíferos, los pájaros, todos se alimentan de lo que provee el mismo huerto. Todos los seres, animados e inanimados que pueblan el lugar, son parte integrante del viaje de la vida.

Y después nosotros que también cogemos algunos frutos o verduras que nos proporcionan los cultivos sembrados en el mismo lugar también para nutrirnos.

Así que todos los “actores”, de un modo u otro, dependen de ese trozo de tierra, de ese mini ecosistema creado por la mente humana,  bajo unas precisas leyes que rigen lo vivo, en un incesante ir y venir, en un constante reciclado de la materia.

Pero advertimos una clara diferencia. El ser humano también necesita de ese sustrato, pero alzó los pies de la tierra. La evolución le permitió cierta libertad. Animales y plantas quedan constreñidos al medio, que les forja, se aprovechan de él para su desarrollo pero les limita. No pueden abandonar fácilmente su ecosistema. El ser humano, por contra,  puede abandonar el trozo de tierra que le vio nacer. Y en otro lugar generar un nuevo espacio en donde poder desarrollarse en armonía. Sometido al nuevo medio, a la nueva ley,  pero libre a la vez. Como preludio de la total libertad a la que está llamado.

Al observar la cadena trófica, en cualquier ecosistema, podemos concluir que los distintos seres de los distintos reinos se comen unos a otros. Es decir, un ecosistema cualquiera (como este pequeño vergel del maestro) se convierte en  infinitas formas encuadradas dentro del espectro que llamamos “vida” .  Así, cada una de estos elementos que forman el citado ecosistema,  toma del sustrato convertido en otra forma (según su ley particular dentro de la cadena)  con lo que sostiene la suya y así en un interminable ciclo. Tras la extinción de cualquier forma (bacterias, virus, plantas, animales, etc.) todo se insertará en el medido y vuelta a empezar.

Advertimos también que, incluso algunos seres muy alejados entre sí en el proceso evolutivo,  aunque se alimenten de los mismos materiales, ninguno de ellos acaba convirtiéndose en el otro. Así que no importa lo que cada especie coma (tome del medio) no acabará por transformase en la otra. Por ejemplo el díptero Ceratitis Capitata (la temible mosca de la fruta) que se nutre y vive expensas de los sabrosos frutos del jardín del maestro, así como nosotros que también lo hacemos, no acabamos convertidos el uno en el otro. Cada forma sigue un modelo de desarrollo aun a pesar de que pueda tomar  del medio idénticos materiales.  Lo que indica que cada naturaleza sigue una determinada ley, y que se mueve en unos márgenes estrechos de los que no puede salirse. Lo cual demuestra, a nuestro entender, cierto grado de consciencia, de orden y ¿para que? o ¿por parte de quién? Hablando de estos  márgenes estrictos para cada una de las especies, podemos poner como ejemplo  la “enfermedad de las vacas locas” (enfermedad de Creutzfeldt Jacob), cuando la avaricia desmedida del ser humano provoco un tremendo shock a nivel planetario  con cientos de muertos. ¿Porqué? Se alimentó a las vacas con desechos de sus propios congéneres.  Un material este muy alejado de la propia naturaleza de estos rumiantes.

Como dije antes, entiendo que detrás de todo esto se atisba un orden,  memoria (genoma) que sostiene a cada especie dentro de unos parámetros biológicos y por tanto consciencia, ¿como es que se atisba en todo el Universo conocido y sin embargo solo nuestra especie es capaz de percibir este hecho (al menos en esta zona del Cosmos)? Somos seres conscientes. Los únicos, y ese don es la diferencia esencial con todo lo creado.  Si somos seres Conscientes, es porque existe la Conciencia. ¿ Se alimenta ésta de algún material específico? Desde luego no se alimenta de materia pues toda surge del mismo sustrato del que hablamos y sin embargo los demás seres que conviven con nosotros, y muchos de ellos con millones de años de evolución anteriores a nosotros, y no percibimos nada parecido a este don que nos capacita como lo  que somos. Luego la materia no es consciencia, y sin embargo en toda ella se atisba el orden. Tremenda paradoja.  Entre las flores y las hierbas, entre tanta variedad y hermosura,  vino a mi memoria una frase muy repetida por él en el trascurso de estos años: “En todo se esconde y en todo se desvela…”

Luego la Conciencia es algo distinto de todo lo creado, alejado de toda manifestación. En la Tradición Sufi decimos que es un regalo cedido, insertado en eso que llamamos “vida”. Así como la vida es un regalo cedido a la materia.

Continúo con el paseo y observo algunos especímenes con serias dificultades para vegetar y más aún para fructificar. El ciruelo de la variedad Reina Claudia y el manzano Golden se ven muy limitados porque los inviernos en estas latitudes son muy cálidos, cada vez más.  Por tanto los árboles no pueden descansar lo suficiente pues no se cumplen las suficientes horas-frío en el invierno para que se produzca un descanso adecuado que permita una exuberante  primavera.  Este es un medio hostil para ellos. Este huerto es una creación humana. Y el ciruelo hará un intento por sobrevivir a esta creación a pesar de no ser su medio adecuado. Sin embargo un bosque primigenio es obra Creadora directa.  Allí se atisba un orden superior, fruto de un largo proceso evolutivo “consciente”.

Me llama la atención que el medio donde nos desarrollamos es crucial para nuestra evolución; debe permitirla y permitir también, en la medida de lo posible, el desarrollo armónico de otros seres. Lo que nos acontece en un medio determinado es creación nuestra. Observemos el medio y corrijamos el rumbo. Pues al igual que con nuestra acción modelamos el medio, en la misma medida nos modelará a nosotros. Por ejemplo, la utilización masiva de pesticidas sobre un huerto buscando la supuesta “salud” de los frutos, impide el desarrollo armónico de otras formas de vida. La vida da paso a la supervivencia. El medio lo hemos vuelto hostil para la mayoría de la fauna y de la flora. Y él se vuelve hostil hacia nosotros cuando ingerimos los “supuestos sanos” frutos.

Observamos la magnificencia e infinitud de la obra Creadora. La dependencia e interrelación de  todo lo creado. De un mismo sustrato, la tierra del huerto, infinitas formas crecen bajo su abrigo. Lo que me recuerda el principio de Unicidad Absoluto, el Tawid de los Sufis. Todo es Uno. Y si lo prefieres también puedes verlo como el Uno manifestado en Su Diversidad.

Todo está llamado a alcanzar el culmen de su naturaleza , y a aceptar el declive y su fin. El ser humano, como soporte material también está llamado a este mismo final.  Sin embargo, esa Consciencia de la que hablamos, la Realidad Esencial que habita este soporte, tiene otro fin, que no es más que la fusión con todo cuanto es de su misma naturaleza. Imperecedera, inmutable y eterna.

Observamos con que claridad y precisión todo se manifiesta y cumple un propósito. Es el bisturí del Hacedor generando un trabajo de precisión. Asimismo, el ser humano, el elemento en el que se incardina Creador y Creación, debe asumir que cumplir con el propósito requerirá de claridad y precisión, de rotundidad y corte de bisturí. Por eso se nos recomienda cumplir escrupulosamente con cada momento del desarrollo. Y acabar cuanto empezamos para obtener el Conocimiento implícito en esa acción, o periodo de aprendizaje.

El emerger de la vida en el mismo sustrato, viajando por distintos reinos y expresándose en infinitud de formas y aún a pesar de la exuberante manifestación, no hay forma de definirla ni atraparla.  Extinguida la forma, la vida no desaparece, pues se muda hacia otras manifestaciones. Se extingue la forma pero la vida continúa, pero necesita siempre de un sustrato para expresarse. El biólogo tras profundizar en la materia se queda sin vida. Como decíamos antes es un regalo cedido a la materia. Y la Conciencia, un regalo cedido a la vida como un desgajo del Poder Creador.

Por último,  observando el juego de sombras y luces generado por la penetración de la luz solar entre las ramas, dibujando la diversidad, haciéndose visible cuando se refleja en los objetos, creando a la vez la sombra, o zona donde no llega a proyectarse. Esto me recordaba la ignorancia del ego apartado, alejado de su propia luz. De su Esencia. La Luz de la Divinidad.

Y así transcurrió la tarde entre olores y colores. Entre luces y sombras, agradecido por esta magnífica visión de cuanto me rodeaba. La mente puede expandirse sin límites, siempre gracias a la guía del Maestro, lo que nos permite alzar la mirada y salir de la cárcel  de los límites del ego.  Y de nuevo volvió a mi recuerdo la misma frase: “en todo se esconde y en todo se desvela…”