Para los jóvenes. Quizás en ellos si…

…quizás en ellos se produzca el cambio. O mejor, quizás puedan ser los artífices del cambio. Al menos es la esperanza lo que nos queda. Me gusta hablar del ser humano en su faceta divina, o en su aproximación a ella. En esta ocasión hablaremos de la humanidad más mundana, aquella que siempre habla de lo mismo: “El hombre es un lobo para el hombre”.

Tengo un amigo en Colombia, además es uno de nuestros proveedores aquí en nuestra tienda. Hace quesos de cabra ecológicos. Y allí en Colombia hace también lo mismo. Es curioso que allí pueden trabajar con la leche cruda, con fermentaciones sin aditivos, así sin más. Dice que le recuerda la forma tradicional de elaborar la leche y sus derivados en épocas pasadas aquí, en nuestro país. De paso reivindica el uso y comercialización de la leche cruda en España, que todavía sigue siendo tabú. Aunque en Cataluña se acaba de levantar el veto hace no mucho. Cabe preguntarse si es que los Catalanes son inconscientes del “peligro” o han ido un poco más allá y han reconducido la situación colocando un poco de lucidez en este sentido. Que por cierto, la UE ya legisla en favor de esta práctica en pequeñas cantidades y a distancia muy local. Que asépticos somos los españoles.

Pero no es este el tema que me trae de nuevo a asomarme a esta ventana. sino como decía, la lucha desigual que se vive siempre entre pequeñas comunidades campesinas, locales, agrarias, etnias olvidadas, santuarios protegidos, etc. y las multinacionales o transnacionales que sin pudor campan a sus anchas por doquiera.

Este amigo que pasa temporadas en Colombia, me dice que siempre es lo mismo. El pez grande se come al chico. Macrominería, deforestación, presión por las tierras y el agua, o por los recursos de cualquier índole. En el inicio todo son luces bajo la promesa de prosperidad, y luego, lo que queda es siempre la tierra estéril, la cultura arrasada, la enemistad entre pueblos y entre vecinos, pues algunos claudican forzados por la miseria y el olvido que algunas de estas comunidades sufren. Cuando no es directamente el asesinato 0 la extorsión de activistas sin más, a la luz del día.

Os dejo con un vídeo que muestra esto que digo, de la boca de una autoridad local y su denuncia de los hechos. Se trata de la multinacional Smurfit Kappa, y de sus fechorías y desmanes. No se que podemos hacer desde aquí aparte de mandarles nuestro apoyo y darles un poco de visibilidad. En todo caso denunciar estas prácticas reiteradas y abusivas por parte de una industria con cara bonita, y con fauces de Hidra, guardiana celosa del inframundo, capaz de aniquilar lo que se pusiera por delante con sus múltiples cabezas.

Inframundo que lo componen todas estas esferas de poder, iba a decir en la sombra, pero que cada vez menos oculto, más descarado diríamos y que, en términos generales, gobiernan al resto de la humanidad. Que vive con descuido e ignorancia como campan a sus anchas. Podríamos recordar aquí las palabras del Beltor Brecht…”y ahora vienen a por mi”. También.

Queridos amigos y hermanos de Colombia, y de todas las comunidades de bien de este mundo. Hermanados todos por la misma idea de que nos dejen en paz con nuestros pequeños mundos. Que no vengan a darnos nada, pero que no nos roben la inocencia de una vida sencilla y después todo lo demás. Y a las autoridades competentes, que más bien diríamos incompetentes, fieles servidoras de un sistema corrupto y perverso, ojalá pronto se vuelva contra ustedes todo el daño que permiten infringir  estos poderosos. Poderosos  en sus despachos, y detrás de los abogados, políticos y demás ralea tan corruptos como ellos.

Ojalá la suerte cambie para Vds. mis queridos compañeros de al otro lado del charco, mis deseos de que pronto recuperen la paz.

Un abrazo.

Pd. intento por todos los medios compartir un vídeo pero no hay manera. Espero que después de varios intentos desde mi perfil en facebook podáis verlo, y compartirlo. Gracias.

https://www.facebook.com/a.moralesminano/videos/949847538521023/UzpfSTEwMDAwNDg3MzU2NTAwMDo5NDk4NTQ1NDg1MjAzMjI/

 

 

 

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Principio de incertidumbre. La gran Duda

No sabía muy bien como titular esta entrada. Tampoco importa demasiado, no es más que un continente.

Hemos mirado la vida, la existencia humana, el cosmos y sus maravillas, y su colosal dimensión. El mundo de lo pequeño, la vida microbiana, las partículas subatómicas y, a primera vista, observamos una infinita exuberancia, una fastuosa diversidad. Innumerables formas de vida, sus peculiares maneras de relacionarse entre ellas y con el medio en el que viven. Y también la materia, sus diferentes formas y estados, incluso, de una misma sustancia. Por ejemplo el agua. Y en medio de tanta diversidad, una constante; nada se repite, todo es diferente. Es como si, a pesar de todo, la diversidad quisiera mostrar también un principio; es el de Relevancia. Todo parece importante, porque todo parece cumplir con una determinada función.

Movimiento incesante, Perpetum Móbile, aún en la aparente quietud. La visión de un mar en calma esconde el pulso ajetreado de la vida submarina, sus incontables seres y sus interminables ciclos. O en la ordinaria apariencia de un montón de compost se esconde una azarosa vida bacteriana que se  mueve convulsa en su interior. Y en el fluir interno de la vida en un organismo vivo, y  también en ti.

Y la relación, la conexión entre todo, entre los seres vivos, la cadena trófica, y entre los miembros de la misma especie. Entre lo vivo y la materia circundante. Entre todos los reinos. Entre la tierra y el resto del universo. Una relación de interdependencia, de depredación, de necesidad vital, afectiva, de intercambio de fluidos,  materia y energía. Relación, contacto e intercambio. Una dulce mirada, una suave caricia, el estertor de la presa en la boca del depredador o la fuerza incontenible de un huracán arrasando todo lo que contacta.

Acerca de la materia y sus formas, dice Einstein que es energía. Organizada de un modo complejo. La vida sin embargo, estando estructuralmente formada de materia, depende de si misma, en relación con otras formas y con el medio.

Si la materia es energía, cabe preguntarse que es la energía. O que sabemos de ella. En principio podríamos asegurar que no se manifiesta si no es a través del movimiento. En forma de transferencia de un cuerpo a otro, desde un estado a otro, como lo que ocurre cuando la electricidad atraviesa una resistencia que entonces se convierte en calor. O la luz del sol que a través del fenómeno conocido como fotosíntesis es capaz de convertirse en energía química, contenida en los alimentos por ejemplo. También sabemos que responde a una ley llamada de conservación, que dice que no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. En definitiva movimiento.

Y la vida? En alguna ocasión ya dijimos que cuando la observamos y bajamos de magnitud acaba por zafarse, se escapa entre los dedos. La mínima expresión de la vida es la célula, pero observados minuciosamente sus componentes no son más que compuestos químicos, complejos eso sí, pero formando un todo tras la membrana celular, sin la cual, no habría vida. Así que a nivel molecular, desapareció la vida.

Y la materia, al profundizar en ella, nos quedamos sin nada sólido. A nivel atómico todo es movimiento, vibración. Energía pues, y esta se transformó en materia y luego en vida.

Pero, ¿como y cuándo decidió organizarse de este modo? Para hacer crecer aquí un océano, allí el Everest y acullá una manada de elefantes. ¿Como ocurrió?

Es como si detrás de este periplo se escondiera una gigantesca Voluntad (a tenor de la manifestación), una intención articulando la opción de mostrarse sin cesar, dentro de ese perpetuo movimiento. ¿Pero de quien es esa voluntad?  ¿A quién pertenece? ¿Es consciente?

Al caer la noche, en busca del reparador sueño, ¿quien dirige nuestro organismo? La respuesta primera es que a pesar de nuestra inconsciencia, nuestro cerebro y el sistema nervioso lo hacen. Pero no olvidemos que, a tenor de lo que decíamos antes,  ambos son inconsistentes, no son más que energía en última instancia. ¿Cabe afirmar que la vida tiene la voluntad y la capacidad de dirigirse a si misma? Hasta que muere. Entonces desde luego es inteligente. Voluntad-inteligente, o lo que es lo mismo consciente. De Conciencia.

En el ser humano sucede ese gran milagro. La energía se hizo materia, y la materia atravesó los tres reinos y se volvió vida-consciente. Una voluntad inteligente acabó siendo consciente de que? o para qué? o ante quién? Parece más bien que esa Conciencia (de ahí que seamos conscientes) lo impregnara todo, lo sustentara todo, mas bien, con su voluntad.

Dice la ciencia que todo en el Universo tiene un origen común, esa Conciencia Universal, Inteligencia Causal,  que en términos religiosos llamamos Dios. Pero dejemos a un lado ese término tan esquivo, y que tanto separa a la humanidad. Si podríamos preguntarnos -siguiendo con el desarrollo- ¿que somos en relación con esa Voluntad manifestada o Inteligencia Causal?

Comentábamos antes de esa infinitud de formas, de la diversidad; la multiplicidad de lo fenoménico. Ese incesante despliegue de apariciones y desapariciones. Todo mutando de un estado a otro, de un reino a otro. ¿Porqué esa aparente obsesión por mostrarse para después desaparecer? Y sobre todo ¿para qué?

Y hasta aquí todo es perfectamente demostrable y aparentemente comprensible.

Y, ¿ ante quién?  En un texto sagrado se atisba una respuesta: “No hice al ser humano y a los seres invisibles sino para que Me conozcan”. ¿Conocer a quién? A Dios, a Allah, Brahma…? La cuestión es ¿como lo manifestado, o creado, puede conocer a su Creador, causa de la manifestación? En cualquier creación ¿cual es la relación entre Creador y criatura? ¿Es una relación recíproca? Es decir,¿ambos pueden reconocerse? En la circunstancia humana diríamos que no. La relación es unidireccional. Es decir, nosotros creamos arte, por ejemplo, y nos emociona, incluso emociona a los otros. Además, algunos tienen la capacidad de reconocer  la obra completa de un mismo creador. Los especialistas en pintura son capaces de reconocer a un mismo autor en toda su obra. Pero y la obra creada, la creación ¿puede reconocer a su creador? Desde luego que no. Por tanto esa capacidad de reconocimiento no es recíproca.

Entonces como es que las Antiguas Tradiciones hablan de una relación entre el ser humano (criatura)  y el Creador. Entre la Causa y el efecto.

Relación directa entre ¿Creador y criatura? ¿Como es posible?
Aquí os dejo con la duda. Una invitación a la reflexión. Una gran duda, para una gran fe, que necesitará de una gran determinación.
Quizá en otra ocasión desvelemos el misterio. O tal vez alguien de los que lee este espacio lo tenga claro y se atreva a compartirlo. Ya veremos.

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El encuentro con el Sendero

En nuestra tienda hay un espacio semanal para la meditación. Es un espacio abierto para todos, sin condición alguna, salvo el respeto a las diferentes formas de pensamiento. Todo el mundo ha oído hablar de las bondades de la meditación. Hay un grupo de continuo, que lleva varios años asistiendo de forma ininterrumpida y avanzando en la práctica, en el día a día. Me gustaría comentar algunos detalles sobre la técnica, pero lo dejaremos para otra ocasión. No es esta nuestra intención en este momento. Tan solo puntualizar que la meditación no es una pose, es un estado. Nace como una herramienta que pertenece al núcleo de todas las disciplinas del espíritu. A todas sin excepción. No es “un algo” aparte, sino que forma parte de un todo.

Hemos tenido la suerte de acompañar (por decirlo de algún modo) en este espacio a algunas personas que se acercaron y tuvieron el atrevimiento de quedarse, de seguirnos sin prejuicios; se dieron una tregua antes de juzgar. Y empezaron a comprendernos, y consiguieron avanzar. Es el viaje de la “necesidad”, un pequeño oasis en mitad de un desierto.

Muy de vez en cuando se nos concede la suerte de que alguien, después de mucho tiempo, decide acercarse definitivamente al maestro. Después de leer, de contrastar, de cierto esfuerzo y, generalmente, con un sentimiento encontrado a medio camino entre y la duda y la premura por la necesidad de dar respuestas.

Una vez ante el maestro, la fórmula de siempre. La cortesía, y las preguntas directas. Y el esquema de lo que hacemos. “¿En que podemos servirte? -pregunta el Maestro- ¿Has leído nuestras publicaciones? ¿Nos hemos explicado bien, crees entendernos?  Nuestro sendero es un trayecto aburrido, no caminamos por encima de las brasas, ni  sobre el agua; todo aquí es muy sencillo. Y quizás en esta sencillez estribe su enorme dificultad.”

“Nuestro camino no es mejor que otros, ni somos poseedores de la verdad, de la única verdad. Una cosa si le distingue y es que creemos haberlo limpiado de todo estorbo, de toda distracción y por eso, tal vez, sea verdaderamente provechoso. Estando desprovisto de casi todo (lo superfluo, el rito excesivo, las imágenes, los intermediarios…) creemos que es más fácil acceder al Todo. Pues como decía Juan de Yepes (San Juan), …para venir a poseerlo Todo, no quieras poseer algo en nada.

¿Que buscas, pues? – insiste el maestro-.

(Y esta suele ser la respuesta habitual) No lo sé, no sabría exactamente. Pero siento como una especie de vacío, un sentimiento que no consigue llenar cosa alguna. Hicimos un largo viaje. Estudiamos, trabajamos sirviendo a esta sociedad. Buscamos pareja y formamos familia. Ha sido una vida agradable, sin demasiados inconvenientes. Algunos altibajos, como todo el mundo, pero nada que no haya estado dentro de los cánones de la normalidad aparente.

Pero hay como un sentimiento, como una necesidad de acercarse a algo más profundo que yace en mi interior. Y que pugna por salir. No se si el sendero espiritual es para mi, pero siento que si no lo intento podría lamentarlo el resto de mis días.

Y así concluye todo. Unos se quedan y otros…

Los que seguimos allí, lo hacemos agradecidos por el Conocimiento recibido. Los que llegan son bienvenidos todos. Los que no se deciden, habrá otro tiempo. Y los que después de estar junto a nosotros, y no vieron cumplidas sus expectativas, algunos se marcharon de forma educada y otros no tanto, pero de todo ello aprendimos. Pues como nos recuerda la Tradición: “si tenemos  visión, de todo podemos aprender. Y en todo se muestran los signos del Conocimiento”.

En la Tradición Sufi, todo es equilibrio. Es el camino de en medio. Algunos la juzgan como la vía mística de Islam. Nosotros diríamos que es el propósito de Islam. Es el contenido de la La Revelación Profética, que hereda el ancestral conocimiento, que se nutre de cualquier otra vía donde éste se encuentre, y cuyo objetivo es el Amor. Pues como decía el murciano preclaro Ibn Arabi: “el amor es mi religión y mi fe.”

Cuando un musulmán dice que Islam es Paz, generalmente, lo hace con un sentimiento de profunda desazón, pues tal y como se conoce Islam y el mundo islámico en general, sabe de la dificultad de expresar tal sentimiento, pues quizás presiente que ninguna de sus palabras tendrán suficiente éxito. Pues tantos prejuicios acumulados durante siglos, se han vuelto una barrera impenetrable para aquellos que ven en la sencilla promulgación Muhammadí,  cuando menos, un movimiento aversivo, cuando no un peligro para el occidente “civilizado” o un nido de terroristas.

Una de tantas cosas que aprendí en la Tradición fue a ser crítico conmigo mismo, y a forjar mis opiniones desde una información contrastada, y no solo del lado que más convenga a mi criterio inicial. Cierto es que resulta difícil con tanta información a nuestra disposición, saber en qué lugar buscar para acercarnos a la verdad. Pero es evidente, que sin la búsqueda en distintos frentes, y sin la convicción de estar dispuesto a aceptar el resultado, sea cual sea, no podemos esperar ninguna “verdad” más allá de aquella que se acomode a nuestros intereses o  criterios preconcebidos.

Pero así como cualquier avance científico significó en su momento una catarsis, porque se enfrentó a la férrea barrera de lo establecido, si finalmente tuvo éxito y  estamos donde estamos, es porque la verdad, o lo novedoso, nos ofrecía mejores soluciones, y terminó por imponerse. Parece que todo está en permanente revisión. El ser humano y sus dificultades para avanzar.

En este momento de la historia de la humanidad, (como en todos, bien mirado) creo, nos encontramos acuciados por la necesidad de entendernos y de dejar de tratarnos como enemigos cuando se trata de dirimir las diferencias ideológicas o religiosas, seguimos con demasiadas barreras, demasiados obstáculos para el entendimiento. Quizás porque las premisas anteriores de sincero deseo de encontrar la verdad, o la paz, no anidan todavía en nuestros corazones.

Pero si la religión fue, y es, el opio del pueblo, no es por lo que propone, sino por quienes en su afán de afianzar sus criterios, o de imponerlos, o por sus deseos de poder o cualquier otro oscuro anhelo, han hecho de ella un algo inservible. Por no hablar de los intereses económicos ocultos desde sectores alejados de la religión, pero que la usan para sus fines sin ningún pudor. Y derivado de todo ello,  surge esa corriente de laicismo y de materialismo que tanto nos aleja de la comprensión del fenómeno. Y por tanto de la Paz, pues entre todos tejemos la telaraña de la existencia, y sin el esfuerzo de todos, será imposible el entendimiento.

El respeto hacia cualquier opción religiosa, se basa en un hecho incuestionable, y es que la libertad de decidir, en cualquier ámbito, es patrimonio del ser humano. Y cuando hablamos de los mundos del espíritu, todas ellas, comparten un poso de amor que dimana desde su comprensión del Creador. No debiera por tanto la confusión llevarnos a error cuando hablamos del amor de Dios, y a la vez, ensalzamos nuestros criterios y dogmas como únicos y verdaderos. Pues ¿cómo cabría Dios en un único  credo en detrimento de los demás? ¿No parece más razonable que ese Dios Creador, lo que ha hecho ha sido mostrarse en distintas lenguas, y profetas, según la necesidad de la época y el idioma de las gentes hacia los que iba destinado el mensaje?

En cuanto a los no creyentes, cuyo criterio es justo y fue también el mío durante mucho tiempo (ya escribí sendas entradas acerca del ateísmo en este mismo blog), quizás convenga recordar que todo cuanto toma apariencia, ya sea una bacteria, una flor, o una lejana galaxia, tiene un origen. Una razón de ser, aun cuando se nos muestre esquiva, de momento. Pues ¿como podría ser que en un Universo donde se manifiesta sin cesar la Ley de Causa y Efecto, el Universo entero, en su origen inicial, no dimane de Causa alguna?

En la Tradición Sufi, solemos dirigirnos al Principio Creador, como la Causa Primigenia, desde la que dimanan todos los efectos posteriores, incluidos tú y yo. O ¿acaso la ciencia no está harta de decirnos que todo el Universo surge desde un mismo punto y por tanto, toda apariencia -toda- proviene de ese mismo y único Origen común? Que curioso ¿verdad? como el Universo aparente parece expandirse sin cesar, es decir, separarse entre sí desde los orígenes, y sin embargo, “la llamada” es hacia la Unión.

Rumi nos ilustra: “más allá de tus criterios sobre el bien y el mal, existe un lugar, allí os espero”. La mística como fértil expresión humana, cuya obra ha dado al mundo los mayores ejemplos de inspiración y de unidad de entre todos los acontecimientos humanos. Y que curioso, teniendo entre nosotros al más cercano de los místicos, San Juan, que hayamos ninguneado su legado, cuando no olvidado; pero le suele suceder al ser humano con tanta frecuencia, que no valora adecuadamente lo que tiene hasta que lo pierde. Esto decía: “Entreme donde no supe, y quedeme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”¿ Acaso los más novedosos avances en neurociencia no nos demuestran lo posible de este estado?

Por no hablar de los grandes maestros de la Tradición que en otro tiempo inspiraron con sus ciencias y sus  letras, desde nuestra tierra, al mundo entero. Desde el citado Ibn Arabi, pasando por otros ilustres murcianos, como Ibn Sabain, o Ibn Ricotí, o tantos otros que en otro tiempo fueron punta de lanza de un movimiento cultural propio, del que toda la Tradición Sufi se vio enriquecida, y la mística en general también, y que hoy sigue siendo inspiradora de nuestras palabras y actos.

Los que se acerquen a nosotros, que no esperen espectáculo de luces y colores, les sobrará con la sencilla práctica que dimana del magisterio Muhammadí, de la inspiración de la profunda enseñanza que se extrae del Corán, (de su adecuada interpretación, y estudiado a la luz del contexto social en el que surge) y de la inspiración de todos los maestros de cualquier época, que pusieron el  Amor de Dios, y por tanto el amor entre los hombre, como su principio y su fin.

Decía Rumi a sus coetáneos: “…pero no clames diciendo que todas las religiones son vanas, pues en todas ellas hay un perfume de verdad, sin el cual, no se encendería la fe de los creyentes…”.

Y esto otro también es reseñable.

Heisenberg (premio Nobel de Física 1932) concordaba con Francis Bacon en que “un poco de conocimiento inclina al hombre al ateísmo, pero la profundidad del mismo lleva a las mentes de los hombres a la religión”. Al respecto, el alemán comparó a la ciencia con una copa de creencias: “el primer sorbo de la ciencia te vuelve ateo, pero en el fondo del vaso, Dios te está esperando”.

Supongo que estos criterios desde dos visiones diferentes frente a la religión, son más valiosos que mis palabras. Busquemos pues la Paz, no como ausencia de guerra, sino como un estado de la Conciencia. Y en ese estado, cabe cualquier posibilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre la naturaleza del ego

En la Presencia.

En las reuniones periódicas con el maestro y el resto de compañeros, en muchas ocasiones se nos preguntó porqué estábamos allí, porqué permanecíamos allí. El maestro  respondió diciendo que esperaba que fuera por amor de Dios. Decía que raras veces nos oía dar esta respuesta.

“Por amor de Dios”. Si el amor surge del conocimiento del objeto amado, parece difícil llegar a donde el maestro por este hecho, pues supondría conocerle, y esto es cuanto venimos a aprender aquí. Por lo tanto, la fugaz tentación  de responder “por amor de Dios”, en la fase de ignorancia, supondría un autoengaño. En todo caso el individuo amaría a un “ídolo”, a una idea preconcebida de La Divinidad. Podría ser que amara el arrebato emocional que le supone la sola idea del amor de Dios. En definitiva, en las fases iniciales, cualquier respuesta sería ciertamente comprometida, cuando no herética. No obstante, en los inicios es mejor responder así, que venir a una tariqa sufi buscando pareja, solucionar problemas personales, curiosear, pues dicen que los sufis andan descalzos por el fuego y demás…

De todos modos, siendo Dios la Única Realidad ¿quien  podría amarse sino Él a Sí Mismo? Dice el maestro que cuando la criatura siente amor de Dios, es La Divinidad amándose a Sí Misma. Que curioso este juego que para amarse a Sí Mismo, Dios “nos haya metido en este lío”.

Entonces ¿que se interpone entre Dios y nosotros, o entre Dios y Él Mismo? Todas las antiguas tradiciones señalan al ego, el padre de la mentira, como el embaucador necesario para este hecho. Pero ¿de que naturaleza es el ego que tiene la capacidad incluso de velar el amor que Dios tiene de Sí Mismo? ¿De donde surge su poder? ¿Podemos conocerle para someterle, para educarlo y ponerlo al servicio de la Conciencia? Veamos.

Los Sufis afirmamos que Dios es Uno y Único, y también que hemos sido dotados con el don para percibirle o dimensión profética. Él es la Causa Creadora y ha decidido manifestarse, pues es creando como cumple con su deseo de “conocerse” generando lo que conocemos como la multiplicidad. Todo cuanto ha sido creado es portador de la misma Esencia Primigenia.

Cabe reflexionar entonces, si Dios, Causa Primigenia, Causa de todos los efectos posteriores es lo Único existente, la pregunta inmediata sería ¿quien es yo? ¿quién soy yo? Por lo que sabemos y hemos experimentado, un fraude. Ese “yo es que soy así” debería ser una realidad transitoria, un punto de partida, no la meta definitiva. Ese “yo” debería tener las horas contadas, pues siendo cierto que tiene peso, predominancia, argumentos, pero nos hace sufrir, así que ese “yo” debería responder “soy así pero quiero y debo cambiar”.

Antes de continuar con esta reflexión, quiero dejar claro que muchos argumentos son la palabra del maestro utilizadas por necesidad y por considerarlas más acertadas y precisas que las mías, así que en algunos casos son copiadas literalmente, mezcladas con mis propias experiencias y reflexiones, de modo tal, que parezca un todo que pueda ser coherente y comprensible. Al menos lo intentamos, sin más intención que compartir por pura necesidad, y por obligación también.

Este escrito que debería titularse “Los diez mil rostros del ego”, las mil y una caras de la personalidad adquirida, por tanto necesitaría de mil páginas para describirlas. Así que solo haremos un esbozo con algunas de “esos rostros” que nos permita vernos reflejados.

Entonces somos Esencia Creadora (primer aspecto del total que somos), utilizando un soporte físico biológico (de materia densa, segundo componente) y un tercer aspecto aleatorio, circunscrito a una cultura determinada y a una época concreta.  Esto es lo que conforma el total de  nuestra naturaleza.

De esa cultura heredamos sus conceptos; una moral concreta, una forma de entender el mundo en todas sus  facetas (religión, política, etc.), y con este bagaje, iniciamos un viaje generando experiencias propias en virtud de tales creencias. Esos recuerdos y la imagen del espejo son lo que denominamos “yo”. Aunque no siempre nos percatamos de que todas estas experiencias giran en torno a la necesidad de la preservación del cuerpo físico, empujados por el instinto básico de conservación de la especie. Todas, os lo dejo a vuestro análisis.

Si cada sociedad tiene unas reglas de comportamiento, y en según que casos, algunas creencias están en las antípodas de las otras ¿cual es la acertada? Todas y ninguna, ¿entonces porqué tomamos como verdades absolutas lo que en realidad no es más que circunstancial y transitorio? ¿Porqué nos enfrentamos por defender ideas condenadas a entenderse? ¿Porqué tratamos de imponer criterios si los unos y los otros están decididamente convencidos de que “su Realidad” es la única y verdadera?

Así que nuestra personalidad es hija de la transitoriedad, nuestros recuerdos frágiles y esquivos, y nuestras experiencias (generadoras de conceptos asumidos como verdades absolutas), son fugaces como un destello en el agua pues se basan en lo meramente circunstancial. En poco tiempo, lo que hoy creo que me es útil, mañana probablemente no lo será. Lo que antaño fue bueno, hoy ya no lo es tanto. ¿No hemos aprendido todavía? Por no hablar del cuerpo físico, degradándose continuamente, en un perpetum móvile, entre la construcción y la destrucción hasta la decadencia funcional que llegará para todos sin excepción.

Así que, como vemos, el ego es inestable, transitorio y fungible. Su sustrato es la ignorancia y su modus operandi: la negación al cambio. ¿porqué? Porque como decíamos antes, juzga como verdad absoluta lo que es circunstancial y relativo. Hay otro aspecto con el que nos será fácil identificarle, y es su negación a cualquier estructura. En términos de evolución espiritual, se niega con fuerza a sostener una estructura mínima, o un continente en el que se nos ofrece un contenido que es el que nos permite progresar. En toda actividad humana, y no solo en lo estrictamente espiritual, hay una norma a seguir, unas pautas para el aprendizaje. El ego ignorante sueña con el contenido sin aceptar continente alguno. Es una vana ilusión. Dice el Maestro de vez en cuando: “si me pides agua, ¿quieres decirme como te la ofrezco sin continente alguno?

Pero ¿porqué sucede esto? Desde el inicio de nuestra vida se nos alimenta, se nos cuida, se nos enseñan comportamientos adecuados de higiene, todo para preservar nuestra integridad física. El individuo crece con unas costumbres entre los márgenes concebidos como adecuados para tal fin. La fuerza de la costumbre genera determinados gustos como los que cada cual atesora en relación a la comida, por ejemplo. Pero también se “nos protege” del mal con una “educación acertada” en cuanto a la moral, la religión, la política, etc. Con igual fin. Te damos lo mejor y más adecuado para ti, para que puedas crecer (y seguir perpetuando nuestras ideas). Siendo que es el entorno más cercano, los padres, el colegio, los amigos, los vecinos, etc. los que avalan estos recursos, pues todos son hijos de la misma sociedad, ¿quien se atrevería a juzgarlos como erróneos? ¡Son la realidad! Mi realidad. Y con ella construyo mi mundo.

Esta es la respuesta. La transitoriedad y  lo circunstancial, hecho realidad. Y de nuevo la terrible paradoja de que “todo es nada”. No se si seremos capaces de asumir este simple razonamiento.

Paz.

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Meditación en los jardines del maestro. O mirad las flores…

Sidi Said, nuestro Sheyh, está de viaje por Argentina y después hacia Chile. Existen varias comunidades residentes en Argentina bajo la tutela del maestro.

Como cada domingo, desde hace muchos años, nos reunimos un grupo de  alumnos en torno al maestro. Compartimos nuestras ideas y experiencias en torno al trabajo que, en cada momento (evolutivo del grupo) va marcando sabiamente. El domingo último antes de su marcha, preparados para hacer la oración, antes de la reunión, nos dijo: “Hemos comentado muchas veces que la parte no puede abarcar al Todo, que la criatura no puede abarcar al Creador. Así que es el Creador que reside en cada uno de nosotros el que puede descubrir al Creador que está en Todo. !Que es todo cuanto hay! Id fuera, a la huerta, al jardín, y descubrid desde el Creador que sois, al Creador que está en toda su Creación.”

Y eso hicimos. Sin hacer la oración salimos al huerto y nuestra oración fue en movimiento, sin palabras, cada cual elevando una plegaria con el corazón a los reinos del Amado entre las flores. Entre el zurrir de las abejas como éxtasis entre tanta belleza, entre el esplendor de la Gloria. Entre tanto orden,armonía y destreza se presenta la magnificencia Creadora en la plenitud de la primavera. La mano del Hacedor por doquiera.

Transcribo mis observaciones tras dos horas de paseos, de reflexiones entre las flores,  las comparto sabiendo que es imposible abarcar tanta belleza, tanta sugerencia de formas, colores, perfumes de azahar y nuevos brotes para la nueva vida que acontece.

Lo primero que me llama la atención al observar el huerto es como el mismo sustrato, la tierra de la huerta,  se convierte aquí en un limonero, allí en un naranjo, mas allá en unas hierbas… Mismo sustrato pero distintas formas de expresión y de función (de propósito).

Algunas formas de vida primitiva invisibles a nuestros ojos, medran también  el mismo suelo, y otras han evolucionado a formas complejas como los insectos, los pequeños mamíferos, los pájaros, todos se alimentan de lo que provee el mismo huerto. Todos los seres, animados e inanimados que pueblan el lugar, son parte integrante del viaje de la vida.

Y después nosotros que también cogemos algunos frutos o verduras que nos proporcionan los cultivos sembrados en el mismo lugar también para nutrirnos.

Así que todos los “actores”, de un modo u otro, dependen de ese trozo de tierra, de ese mini ecosistema creado por la mente humana,  bajo unas precisas leyes que rigen lo vivo, en un incesante ir y venir, en un constante reciclado de la materia.

Pero advertimos una clara diferencia. El ser humano también necesita de ese sustrato, pero alzó los pies de la tierra. La evolución le permitió cierta libertad. Animales y plantas quedan constreñidos al medio, que les forja, se aprovechan de él para su desarrollo pero les limita. No pueden abandonar fácilmente su ecosistema. El ser humano, por contra,  puede abandonar el trozo de tierra que le vio nacer. Y en otro lugar generar un nuevo espacio en donde poder desarrollarse en armonía. Sometido al nuevo medio, a la nueva ley,  pero libre a la vez. Como preludio de la total libertad a la que está llamado.

Al observar la cadena trófica, en cualquier ecosistema, podemos concluir que los distintos seres de los distintos reinos se comen unos a otros. Es decir, un ecosistema cualquiera (como este pequeño vergel del maestro) se convierte en  infinitas formas encuadradas dentro del espectro que llamamos “vida” .  Así, cada una de estos elementos que forman el citado ecosistema,  toma del sustrato convertido en otra forma (según su ley particular dentro de la cadena)  con lo que sostiene la suya y así en un interminable ciclo. Tras la extinción de cualquier forma (bacterias, virus, plantas, animales, etc.) todo se insertará en el medido y vuelta a empezar.

Advertimos también que, incluso algunos seres muy alejados entre sí en el proceso evolutivo,  aunque se alimenten de los mismos materiales, ninguno de ellos acaba convirtiéndose en el otro. Así que no importa lo que cada especie coma (tome del medio) no acabará por transformase en la otra. Por ejemplo el díptero Ceratitis Capitata (la temible mosca de la fruta) que se nutre y vive expensas de los sabrosos frutos del jardín del maestro, así como nosotros que también lo hacemos, no acabamos convertidos el uno en el otro. Cada forma sigue un modelo de desarrollo aun a pesar de que pueda tomar  del medio idénticos materiales.  Lo que indica que cada naturaleza sigue una determinada ley, y que se mueve en unos márgenes estrechos de los que no puede salirse. Lo cual demuestra, a nuestro entender, cierto grado de consciencia, de orden y ¿para que? o ¿por parte de quién? Hablando de estos  márgenes estrictos para cada una de las especies, podemos poner como ejemplo  la “enfermedad de las vacas locas” (enfermedad de Creutzfeldt Jacob), cuando la avaricia desmedida del ser humano provoco un tremendo shock a nivel planetario  con cientos de muertos. ¿Porqué? Se alimentó a las vacas con desechos de sus propios congéneres.  Un material este muy alejado de la propia naturaleza de estos rumiantes.

Como dije antes, entiendo que detrás de todo esto se atisba un orden,  memoria (genoma) que sostiene a cada especie dentro de unos parámetros biológicos y por tanto consciencia, ¿como es que se atisba en todo el Universo conocido y sin embargo solo nuestra especie es capaz de percibir este hecho (al menos en esta zona del Cosmos)? Somos seres conscientes. Los únicos, y ese don es la diferencia esencial con todo lo creado.  Si somos seres Conscientes, es porque existe la Conciencia. ¿ Se alimenta ésta de algún material específico? Desde luego no se alimenta de materia pues toda surge del mismo sustrato del que hablamos y sin embargo los demás seres que conviven con nosotros, y muchos de ellos con millones de años de evolución anteriores a nosotros, y no percibimos nada parecido a este don que nos capacita como lo  que somos. Luego la materia no es consciencia, y sin embargo en toda ella se atisba el orden. Tremenda paradoja.  Entre las flores y las hierbas, entre tanta variedad y hermosura,  vino a mi memoria una frase muy repetida por él en el trascurso de estos años: “En todo se esconde y en todo se desvela…”

Luego la Conciencia es algo distinto de todo lo creado, alejado de toda manifestación. En la Tradición Sufi decimos que es un regalo cedido, insertado en eso que llamamos “vida”. Así como la vida es un regalo cedido a la materia.

Continúo con el paseo y observo algunos especímenes con serias dificultades para vegetar y más aún para fructificar. El ciruelo de la variedad Reina Claudia y el manzano Golden se ven muy limitados porque los inviernos en estas latitudes son muy cálidos, cada vez más.  Por tanto los árboles no pueden descansar lo suficiente pues no se cumplen las suficientes horas-frío en el invierno para que se produzca un descanso adecuado que permita una exuberante  primavera.  Este es un medio hostil para ellos. Este huerto es una creación humana. Y el ciruelo hará un intento por sobrevivir a esta creación a pesar de no ser su medio adecuado. Sin embargo un bosque primigenio es obra Creadora directa.  Allí se atisba un orden superior, fruto de un largo proceso evolutivo “consciente”.

Me llama la atención que el medio donde nos desarrollamos es crucial para nuestra evolución; debe permitirla y permitir también, en la medida de lo posible, el desarrollo armónico de otros seres. Lo que nos acontece en un medio determinado es creación nuestra. Observemos el medio y corrijamos el rumbo. Pues al igual que con nuestra acción modelamos el medio, en la misma medida nos modelará a nosotros. Por ejemplo, la utilización masiva de pesticidas sobre un huerto buscando la supuesta “salud” de los frutos, impide el desarrollo armónico de otras formas de vida. La vida da paso a la supervivencia. El medio lo hemos vuelto hostil para la mayoría de la fauna y de la flora. Y él se vuelve hostil hacia nosotros cuando ingerimos los “supuestos sanos” frutos.

Observamos la magnificencia e infinitud de la obra Creadora. La dependencia e interrelación de  todo lo creado. De un mismo sustrato, la tierra del huerto, infinitas formas crecen bajo su abrigo. Lo que me recuerda el principio de Unicidad Absoluto, el Tawid de los Sufis. Todo es Uno. Y si lo prefieres también puedes verlo como el Uno manifestado en Su Diversidad.

Todo está llamado a alcanzar el culmen de su naturaleza , y a aceptar el declive y su fin. El ser humano, como soporte material también está llamado a este mismo final.  Sin embargo, esa Consciencia de la que hablamos, la Realidad Esencial que habita este soporte, tiene otro fin, que no es más que la fusión con todo cuanto es de su misma naturaleza. Imperecedera, inmutable y eterna.

Observamos con que claridad y precisión todo se manifiesta y cumple un propósito. Es el bisturí del Hacedor generando un trabajo de precisión. Asimismo, el ser humano, el elemento en el que se incardina Creador y Creación, debe asumir que cumplir con el propósito requerirá de claridad y precisión, de rotundidad y corte de bisturí. Por eso se nos recomienda cumplir escrupulosamente con cada momento del desarrollo. Y acabar cuanto empezamos para obtener el Conocimiento implícito en esa acción, o periodo de aprendizaje.

El emerger de la vida en el mismo sustrato, viajando por distintos reinos y expresándose en infinitud de formas y aún a pesar de la exuberante manifestación, no hay forma de definirla ni atraparla.  Extinguida la forma, la vida no desaparece, pues se muda hacia otras manifestaciones. Se extingue la forma pero la vida continúa, pero necesita siempre de un sustrato para expresarse. El biólogo tras profundizar en la materia se queda sin vida. Como decíamos antes es un regalo cedido a la materia. Y la Conciencia, un regalo cedido a la vida como un desgajo del Poder Creador.

Por último,  observando el juego de sombras y luces generado por la penetración de la luz solar entre las ramas, dibujando la diversidad, haciéndose visible cuando se refleja en los objetos, creando a la vez la sombra, o zona donde no llega a proyectarse. Esto me recordaba la ignorancia del ego apartado, alejado de su propia luz. De su Esencia. La Luz de la Divinidad.

Y así transcurrió la tarde entre olores y colores. Entre luces y sombras, agradecido por esta magnífica visión de cuanto me rodeaba. La mente puede expandirse sin límites, siempre gracias a la guía del Maestro, lo que nos permite alzar la mirada y salir de la cárcel  de los límites del ego.  Y de nuevo volvió a mi recuerdo la misma frase: “en todo se esconde y en todo se desvela…”

 

 

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Alegato ecologista

La Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”

Mucho tiempo ha pasado ya desde que el jefe indio Seattle de la tribu de los suquamish (de lengua sioux) escribiera este párrafo en una extensa carta dirigida al entonces presidente de los EE.UU. de América, Franklin Pierce. Esta carta es un auténtico alegato a la vida, a la naturaleza y al respeto hacia todo ser vivo, como paso previo para la perpetuación de la vida en este planeta. Es un ejemplo de equilibrio y sentido común, de matrimonio bien avenido con la naturaleza y con el cosmos.

Ha pasado un siglo y medio desde entonces y el hombre sigue sin reflexionar en profundidad; a cada conquista, a cada nuevo logro de la civilización, le sigue un enorme daño a este planeta, daños algunos de ellos que ya son irreparables y a pesar de que han saltado todas las alarmas, el hombre sigue empecinado en que todo vale en aras del progreso.

Y en esa vorágine de tecnología y de productividad, no se ha librado el mundo agrario. Antaño, el campesino cuidaba de sus campos pensando en que la cosecha le librara del hambre, le permitiera tener un pequeño excedente para sembrar el año siguiente y si todo había ido muy bien, vender o cambiar parte de su producción  por otros productos de primera necesidad o de pequeños enseres y materiales que facilitaran su vida y su trabajo.

La finalidad de la agricultura es nutrir al hombre. La agricultura convencional, agroquímica, donde se utilizan gran cantidad de productos químicos sintéticos, ha aparecido  bajo el pretexto de acabar con el hambre en el mundo. Es verdad que, en un primer momento, la productividad ha aumentado de forma espectacular. Sin embargo, ese modelo agrícola no ha sido capaz de erradicar el hambre en el mundo, aunque la cantidad de calorías en los alimentos producidos a nivel mundial serían suficientes para cubrir las necesidades energéticas de toda la humanidad. Pero lo que si ha hecho la agroquímica es alterar profundamente el medio físico; el aire, el agua, el suelo, y también el medio social agrario.

La agroquímica ha conseguido que la agricultura pierda su carácter esencial, es decir, la transformación de la energía gratuita del sol en energía química contenida en los alimentos. La agroquímica lo que hace es transformar la energía fósil, el petróleo, en energía alimentaria. El conjunto que hoy es la industria agroalimentaria (maquinarias, abonos, pesticidas, combustibles, almacenaje, transporte, etc.) ha convertido lo que fue riqueza natural en mera transformación de energías ya existentes, y además limitada. Para fabricar una tonelada de abono nitrogenado, se necesitan 3 toneladas de petróleo. Por ejemplo, el sistema agroalimentario americano es tan deficitario energéticamente que es necesario aportar 10 Kcal. para obtener 1 Kcal. en forma de alimento.

La agricultura convencional mide la calidad de sus producciones sobre criterios de apariencia exterior, calibre, regularidad de formas, ausencia de defectos, color…. No considera la calidad gustativa y mucho menos, la calidad biológica. La calidad biológica se define como el conjunto de factores del alimento que contribuyen a mantener el estado de salud del ser vivo que lo consume, ya sea el animal o el hombre.

Hoy en día nos encontramos frente a una agricultura extremadamente industrializada que cada vez hace un uso más intensivo y preocupante de productos químicos de síntesis. Este modelo técnico tiende a ser simplificativo, productivista y contaminante.

La producción intensiva conlleva la plantación de enormes cantidades de terreno con un único cultivo, destruyendo hábitats naturales donde convivían los setos naturales, con gran variedad de árboles y matorrales, que albergaban a su vez una variada fauna beneficiosa para el campo. Con este desequilibrio, aparecen las plagas, o mejor dicho, el concepto de las mismas y la necesidad urgente de combatirlas a cualquier precio, muy caro por cierto. Aparecen los insecticidas organo- clorados, organo-fosforados, todos ellos cancerígenos, de efectos mutágenos y de difícil biodegradación, permaneciendo en la cadena alimentaria algunos de ellos durante décadas. Los fungicidas como los carbamatos, triazoles, etc., los herbicidas que son en la mayor parte de los casos de origen hormonal, provocan enormes desequilibrios en forma de mutaciones genéticas, contaminación de suelos y acuíferos, etc. Una inmensa cantidad de productos de síntesis que están llevando al planeta a enfrentarse a un futuro muy incierto. Por lo que respecta a los abonos químicos, en 1840 Von Liebig descubrió que suministrando a un suelo nitrógeno, fósforo y potasio, aumentaba su productividad sin preocuparse del humus, parte viva del suelo. Las plantas absorben las sustancias químicas de los abonos y sufren un desequilibrio que les lleva a un debilitamiento y a la posterior enfermedad y de nuevo los plaguicidas y de nuevo más abonos solubles, y así en una espiral interminable.

CONSECUENCIAS DIRECTAS EN LOS ALIMENTOS DE LAS PRÁCTICAS AGRICOLAS CONVENCIONALES

1. Aumento de nitratos: Los nitratos en un medio reductor como puede ser la sangre, se transforman en nitritos que, con los metabolitos de la sangre, se convierten en nitrosaminas. Son sustancias cancerígenas, e incluso pueden producir la muerte súbita en bebés.

2. Disminución de los oligoelementos: Al multiplicarse por 8 el aporte de nitrato amónico en un cultivo de raygráss se comprobó que el contenido de cobre disminuyó hasta la mitad. Se observan disminuciones de manganeso, hierro, boro, etc.

3. Aumento de potasio y disminución de magnesio y manganeso: Los aportes de potasio originan carencias de manganeso y magnesio. La tetania de las vacas es una enfermedad que puede provocar hasta la muerte, se debe a que estos animales pasta en prados donde la hierba tiene deficiencias en este elemento. Lo curioso es que el magnesio si se encuentra en el suelo, pero la planta no lo puede asimilar por el antagonismo que existe entre este elemento y el potasio.

4. Aumento de fosfatos: El exceso de fosfatos acidifica la sangre y produce descalcificación ósea.

5. Disminución de la materia seca: Los productos biológicos tiene menos contenido en agua que los cultivados en forma convencional reduciéndose  en algunos casos hasta la mitad.

6. Disminución del contenido de proteínas: El contenido en aminoácidos esenciales de las hortalizas de cultivo biológico resultó ser un 35 % superior.

7. Disminución del contenido vitamínico: El trigo biológico contiene 108 % más de vit. B2 y 113 % más deVit. B3.

8.  Residuos de plaguicidas, hormonas, antibióticos: Todo está legislado, todo está permitido, eso si, con una determinada concentración. Sin comentarios.

9. Contaminación de acuíferos, tierras, ríos, mares y océanos.

10. Contaminación del aire, generación de gases de efecto invernadero.

11. Dependencia del sistema. Infravaloración del mundo rural, con el abandono de los campos y las aldeas. Aniquilación de la cultura campesina.

12.  Pérdida irreparable de la biodiversidad, tanto faunística como floral, y de las semillas que han acompañado al hombre desde sus orígenes agrícolas.

13.  Uso de transgénicos. La mayoría de los cereales ya han sido modificados genéticamente.

Y un largo etcétera de aspectos negativos por todos bien conocidos.

Por el contrario, los alimentos procedentes de cultivos biológicos nos ofrecen: menos agua, más vitaminas, más proteínas, más oligoelementos, mejor sabor, mejor conservación y ningún contaminante químico, ni biotecnológico. Es una apuesta del hombre para el hombre. Es una vuelta a la senda del respeto a la naturaleza, a sus ciclos y, en definitiva, al sentido común.

CONSUMO RESPONSABLE

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, la seguridad alimentaria debería estar por encima de cualquier otro cuestionamiento. La verdad es que empiezan a surgir movimientos en torno a la agricultura biológica, asociaciones de consumidores, tiendas de productos biológicos y comercio justo. Cada día se registran nuevas tierras en los Consejos de todas las Comunidades Autónomas; en nuestra Comunidad ya hay más de 50.000Hc. en producción biológica e  innumerables empresas de transformación también sujetas al órgano de control, como almazaras, bodegas, empresas de conservas, zumos, congelados y un largo etcétera.

Así las cosas, cuando consumimos alimentos producidos de forma biológica estamos apostando por la calidad alimentaria, por la seguridad de los nuestros, apoyando una actividad que basa sus principios en el respeto a la vida y a la biodiversidad, apoyando a miles de agricultores que desean vivir de una forma digna y alejados del mercantilismo que todo lo inunda.

Otro enfoque del consumo responsable, estaría relacionado con un consumo lógico, es decir acorde a los ciclos, prescindiendo de algunos productos, ya sea por novedosos o por simple gusto personal. En el mercado convencional tenemos frutas y verduras todo el año; unas traídas del otro hemisferio y otras producidas en invernadero. Al traer frutas en el invierno desde otro hemisferio, estamos haciendo dos cosas mal: una, consumiendo frutas que son alimentos refrescantes en una época que deberíamos tomar alimentos que calentasen, y por otro lado, contribuimos al deterioro del planeta al generar enormes cantidades de gases de efecto invernadero con los transportes intercontinentales y con la quema de fuel-oil para mantener a temperatura adecuada los invernaderos.

Así que debiéramos agruparnos en asociaciones, puesto que la unión hace la fuerza, y por otro lado, consumir la mayor cantidad de productos producidos en nuestro entorno mas cercano, minimizando los costos de transporte, con la garantía mas que probable del contacto directo con los productores y disminuyendo en gran medida la huella ecológica.

Por último, una reflexión más acerca del consumo responsable. Cada vez que comemos carne, aunque sea producida de forma biológica, debemos recordar que en la mayoría de los casos debemos utilizar un mínimo de 5 kg. de proteínas vegetales para conseguir 1 kg. de carne; en el caso de la ternera la cifra llega a ser de 16 a 1. Una hectárea de prados, produce trescientas cincuenta mil kilocalorías de carne, pero podría dar cuatro millones de kilocalorías de trigo. Esto es una reflexión en voz alta, y no una invitación al vegetarianismo, sino una revisión de nuestro comportamiento con los demás y con el planeta. El consumo de proteínas en la dieta, no debería pasar del 15% del total. De este porcentaje el 5% debería ser de origen animal y el resto de origen vegetal. Por no hablar de seguridad alimentaria: antibióticos, piensos manipulados, hormonas, enfermedades de nuevo cuño como la de las vacas locas y un largo etcétera, que cuestionan claramente el consumo seguro de la carne.

Hablar de seguridad alimentaria, supone hablar de consumo bio. Sin duda.

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“Herramientas de control sobre el ego”

En la Presencia.

“Al igual que en todo cuanto ha sido creado, todo en nosotros es Sustancia Creadora”. Así empieza el último texto que nos remitió el Maestro para seguir en el proceso. Y de él, extraigo mis propias conclusiones en un esfuerzo de comprender lo que se nos dice. Vamos a ver.

Todo en la Creación es Sustancia Creadora y en nosotros, lo que definimos como materia y lo que entendemos como conciencia, no son más que dos aspectos separados de una Única Realidad. Todo estaba en el inicio, así que Todo es Uno. Tawhid, así es como denominan los Sufis a la ciencia  de la Unicidad Absoluta.

Cuando nos referimos al proceso de evolución en el ser humano siempre hacemos mención de dos planos paralelos; en el ámbito de lo Trascendente solo existe un Único Ser conocedor de Sí Mismo. Decimos que en Su Esencia es incognoscible, inmutable y eterno… En lo Inmanente, en la creación, todo es manifestación fugaz e inconsistente en cuanto a las formas se refiere, pero a tenor de lo dicho por el Maestro, todo ello,  es Sustancia Creadora.

Por medio de una de estas formas el Ser Único se manifiesta con el único objetivo de conocerse en su propia Creación. Si el objetivo de Esta Única Realidad es la auto-observación del Sí Mismo Creador desde esta breve y fugaz creación, de nuevo todo nuestro esfuerzo reflexivo nos conduce hacia el “Conócete”. La criatura, por tanto, para estar en consonancia, solo puede mirar hacia si mismo, tratando de encontrar el Sí Mismo Verdadero.

Si todo es Sustancia Creadora (busco en el diccionario sustancia. 1ª acepción: cualquier cosa con que se nutre  otra. 2ª acepción: Ser, esencia de las cosas. Esta es la que nos interesa), o Esencia Creadora (que en todo ella reside el Potencial Creador) y a la vez Creación, disolver esta distancia es condición definitiva para la evolución.

¿Y que impide esta evolución? O ¿Qué sostiene esta separación?  El ego. El gran mentiroso, nacido de la inestabilidad y de la ignorante educación, se perpetúa en su afán de autoafirmación. Repetimos muchas veces que su gran facultad es mostrarte “realidad” allí donde no hay más que un fugaz instante.

¿Como sucede? Venimos a este mundo con una determinada “percepción” que nos hace únicos. Un soplo de La Divinidad. La inestabilidad material nos obliga a movernos. Y lo hacemos con arreglo a las herramientas adquiridas, conceptos relativos e inestables también. A partir de aquí, nuestras acciones crean un universo único y ficticio condenado a extinguirse como el propio ego. Se extinguirá con él, pero aún no lo sabe. Desde su posición observa su universo particular. Y desde esa misma creación,  también es observado y recibe como efecto en función de su acción.  Observador y objeto observado, crea y recrea su realidad al entenderse separado de todo lo demás.

Decimos que esto es inicialmente necesario (o al menos hasta ahora parece inevitable) y tiene como objetivo crear una determinada singularidad, conocer el mundo ilusorio mientras “juega”, y además, necesario también como elemento de comunicación con el medio. Pero si el ego persiste en su condición de protagonista (los velos de la criatura), puede relegar a la conciencia a un “rincón” de si mismo y obstaculizar seriamente su evolución. De aquí deducimos que somos los creadores de nuestro infierno o de nuestro paraíso.

Luego el eje central del proceso es el dominio sobre el ego, hasta relegarlo por medio de la conciencia, en mero intermediario del Dunia (el mundo ilusorio), como elemento dócil para la evolución, como traductor experto.

Desde la más remota antigüedad, para realizar este dominio y el esfuerzo de reflexión, algunos individuos más avanzados en todas las cultura, comúnmente llamados profetas, establecieron una serie de ejercicios que despojados de exceso de rigorismos (y actualizados en cada nueva época), se convierten en herramientas válidas para este proceso. En nuestro caso, en la Trad. Sufi, son las Ibadat, el Dikr o ejercicios de recuerdo de la Causa Creadora y la presencia del Maestro. El conocimiento profundo que se esconde tras estos ejercicios.

En resumen diríamos que, inicialmente, el individuo genera a partir de los elementos relatados arriba, una determinada singularidad sin ser consciente de ello. Es el “yo soy”. El yo, el ego. Después puede pasar a un siguiente nivel de entendimiento, si las circunstancias son propicias, donde aprende que “Dios o La Causa Creadora,  se encuentra disperso en todo cuanto existe”. Para terminar reconociendo que “Dios se hace diverso en Su Diversidad”.

Termina el texto diciendo que “es desde la Conciencia del Ser Único que podemos adquirir la Conciencia del Único Ser”. Esto me recordaba las palabras de un místico cuyo nombre mi memoria se niega a concederme que decía: “Desde Él, hacia Él, y a través de Él”.

De entre éstas herramientas, la primera de las Ibadat, la Sahada, o acto de fe.  Que significa el reconocimiento de que no hay más que Un Único Principio Creador, y asimismo, proclama la dimensión profética del ser humano, o la capacidad puesta en la criatura para intuir este hecho.  Así es que con esa capacidad de percibir a Dios, es que  somos capaces de proclamar Su Unicidad. Esta capacidad nos hace ser lo que somos. El resto de seres con el que compartimos este viaje, al menos aquí en la Tierra, no poseen tal don.

La personificación de la función profética en Muhammad, Moisés, Abraham, Jesús,  y  tantos otros, no demuestra más que tal dimensión (la capacidad de reconocer la causa que nos Crea)  alcanza su máxima expresión. Se deriva de este acontecimiento  que el ser humano, que la totalidad de la humanidad, está llamada a este hecho, por el don de ser portadores de la Trascendencia. De ser algo, somos la Trascendencia Misma . De lo contrario, toda la complejidad del Universo quedaría reducida a un cuerpo físico, algunas experiencias y la extinción segura de la carne. ¿Eso es todo? ¿Todo se resuelve en Nada?

El ser humano participa de la Dimensión Trascendente, y desde ahí, es que puede proclamar la existencia de esa Única Realidad. Implicaría por tanto el acercamiento a esa Realidad Única a través de dicha capacidad. Como decía arriba, los Sufis lo hacen desde la herencia Muhammadí, a su vez heredera del antiguo legado de la Tradición Hermética.  El Sufismo es heredero directo de tal acontecimiento de carácter universal.  Convendría repasar el Kybalión,  El corpus hermeticum, etc.

Los Sufis no se definen a si mismos como los poseedores de la única verdad, sino que aceptan la existencia de otros senderos de acercamiento hacia lo Trascendente. Entonces,  en lo esencial, otras prácticas deben ser el contenedor de las mismas esencias. Y al comparar con lo más cercano mi atención se dirigió a  la regla benedictina. Estudiar los 73 capítulos de la orden no es el motivo de este escrito sino comparar con la sencilla promulgación profética. El principal mandato de la orden  es el ora et labora,( con lo que deducimos que nuestra cotidianidad no está reñida con nuestra condición Divina)  con una especial atención a la regulación del horario. Se tuvo muy en cuenta el aprovechamiento de la luz solar según las distintas estaciones del año, para conseguir un equilibrio entre el trabajo (generalmente agrario), la meditación, la oración y el sueño. Se ocupó San Benito de las cuestiones domésticas, los hábitos, la comida, bebida, etc. Una de las críticas que tuvo esta regla al principio fue la «falta de austeridad» pues no se refería en ningún capítulo al ascetismo puro sino que se imponían una serie de horas al trabajo, al estudio y a la lectura religiosa, además de la oración. Durante siglos este conjunto de preceptos fue el adoptado por todas las órdenes fundadas posteriormente. (Bibliografía: Regla de los monjes. Francisco Javier Molina de la Torre)

Si nos alejamos de la complejidad y nos situamos ante la sencillez de la práctica, (pues con frecuencia la vía de la sencillez suele ser el camino acertado para proseguir) podemos observar  las similitudes: lo repetitivo de la oración, establecida en unos tiempos determinados,  y una vida sencilla que no nos aparte del objetivo. En lo esencial no hay diferencias salvo que la promulgación Muhammadí, bien observada, tiene un carácter atemporal y universal, es decir, es posible de insertar en cualquier época y en cualquier cultura, si se entienden los contenidos. La regla benedictina rige la vida de una comunidad concreta (como es lógico), y por contra, el profeta afirma que el camino se hace en sociedad y no apartado de ella. Así que el “ascetismo” debe estar inmerso en tu familia y en tu comunidad a la que, de este modo, puedes contribuir con tu evolución a su cambio.

Al observar el fenómeno de la “yoidad”, de su perpetuación en un continente tan inestable como este (dice el maestro que si no fuera por que somos lo que somos, parece increíble la aparición del ser humano en virtud de esa inestabilidad y fugacidad) resulta curioso como la criatura perpetúa su “imagen”, su “yo soy”, en virtud de la estabilidad. Creído que “es eso”, se apresta a estabilizarlo. Busca la estabilidad a toda costa. (Volveré sobre esto).

Un vistazo rápido al proceso de hominización, del paso del cazador al hombre recolector, y al posterior descubrimiento y desarrollo de la agricultura y la ganadería que procuraría a nuestros ancestros cierto grado de seguridad alimentaria, que permitiría los primeros asentamientos estables, y a la postre, la creación de las primeras ciudades, y el surgimiento de la cultura. Me viene a la memoria el antiguo Egipto, con la unificación de diferentes poblaciones cercanas a las riberas del Nilo, y con el conocimiento paulatino de las crecidas de este río, consiguen abundantes cosechas y por tanto cierto grado de estabilidad material que conduce al desarrollo de otras facetas del ser humano. Y la aparición de una vasta cultura que nos sigue encandilando hoy.

(Ya he vuelto). Así que la estabilidad material, en cuanto a que el hombre ya no tuvo que errar sin cesar para conseguir el alimento (de hecho se supone que todos estos asentamientos en la ribera del Nilo se producen huyendo de la expansión del Sahara y de  la pérdida, por tanto, de los territorios de caza) son la causa del nacimiento de estas primeras culturas. Pero la pregunta es ¿porque el hombre no siguió desplazándose?  ¿de donde le viene al ser humano ese afán por la estabilidad a través de un soporte tan inestable como es nuestro cuerpo y sus emociones? Solo cabe una respuesta, y es que la Estabilidad ya se encuentre dentro de él. Porque sencillamente es portador de Ella.

Lo estable y no fungible del ser humano surge de la Esencia imperecedera que le hace ser lo que es. Tras el colapso de la forma, lo que quedará de nosotros es la Conciencia en un determinado grado de desarrollo en función de lo que fuimos capaces de hacer con Ella. Esta analogía me recuerda a aquella otra con la que nos alecciona el Maestro, cuando nos comenta una sura del Corán: “No me abarcan los cielos ni la tierra, pero si el corazón del ser humano”. La inmensidad del Universo no Le contiene y ¿si el ser humano? ¿como es posible esto? Si no es porque Dios se contiene a Sí Mismo.

Buscamos la estabilidad, la felicidad, impulsados desde lo estable de la Esencia que nos posibilita, solo que erramos en el donde, y en el como. ¿Como lo inestable del mundo ilusorio, sus devaneos, nuestros deseos, nuestras emociones en un carrusel,  pueden ofrecernos la tan deseada felicidad? No caemos en la cuenta de que aferrarse a todo lo concerniente  a la naturaleza del  ego es como atrapar el agua entre los dedos. Es posible que mojes tus labios, pero no podrás saciar tu sed.

Volviendo al inicio, en el que el maestro afirma que todo cuanto existe, materia o conciencia, es Sustancia Creadora. O Esencia con capacidad de Crear. Pero ¿que significa esto? Puede tener diversas connotaciones, pero todas se encierran en la ejecución de acciones encaminadas al conocimiento de ti mismo, de tu naturaleza esencial, inmerso en el medio social y con clara voluntad de volcar el resultado de esos descubrimientos sobre ese medio.

El Sufi observa la aparente realidad con una mirada especial, atravesando con ella el velo de la apariencia. Su acción puede parecer como la de cualquier otro. Pero el motivo profundo que le mueve a ello no tardará en emerger con aires de cambio.

La Creación no es más que un velo toda ella. Escondido tras ella se encuentra la Única Realidad Posibilitadora. Y además, esta Úna y Única Realidad ha decidido reconocerse desde aquí.  Desde Su Creación se hace manifiesta ante Sí Misma.

No hay nada más. Literalmente.

 

 

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