Y se produjo el cambio…

La primera vez que pisé el campo, tenía cinco años. Mi padre me llevó a sembrar almendros con mis tíos y mi abuelo Antonio. Todos campesinos.

Y mi padre se empeñaba en que clavara bien las cañas que serían la marca para hacer el pozo que contendría la nueva vida.  No le entendía bien cuando decía: así no, recta. Muévela de pie hacia aquí o hacia allá… Que curioso, que sensación más desagradable no entender lo que te dicen. Y aunque quisiera y me esforzara, era incapaz porque no comprendía. Hay que ver cuantos intentos baldíos de hacerle comprender al otro lo que observamos  y lo que creemos  que es cierto.

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Encuentros con el Maestro

Una vez hace algunos años me tropecé con un sabio, un maestro de las vías del espíritu. Me recibió cordialmente en su casa y preguntó acerca de mis intenciones.

Dijo: ¿Que buscas hijo?.

Respondí: Busco la Verdad.

Aquel hombre sonrió y respondió: La Verdad, demasiado contenido para tampoco continente.

No se muy bien como vomité esa respuesta. Ciertamente, siempre me gustó entender todo lo que me rodeaba. Colocar cada cosa en su sitio. ¿Y de donde venía esto? ¿De donde esto otro? ¿Porque aquello sería de es forma y no de otra? Y tantos porques… Igualmente es cierto que, durante muchos años, esa curiosidad temprana, desde niño, que en ocasiones conseguía sacar de quicio a los adultos se vió ralentizada, estancada diría. Solo algunos momentos especiales cuyo instante no puedes atrapar, rememoraban ese afán de curiosidad anterior.

El correr del tiempo y esa apisonadora que resulta la vida mortal, destaparon de nuevo el frasco de las esencias. Y volvió la curiosidad, aunque con menor frescura, lo reconozco. Tal vez por la inocencia perdida. Cuando trato de comparar aquellos sabrosos momentos de inquietud (sin conciencia del hecho, como un pálpito, como algo salvaje y totalmente innato) con los que vivo ahora quizás la diferencia sea la pérdida de la inocencia de quien mira todo por primera vez.

Jesús de Nazaret dijo: “Si no os hacéis como niños- inocentes- no entraréis en el reino de los cielos. “

En muchas ocasiones mi maestro alude a esta cuestión y me recuerda: busca al niño que hay dentro. Regresa a ese estado de inocencia original. Al de la no culpa, al de la sorpresa permanente, al del éxtasis.

Me pregunto como llegar hasta allí. Y encuentro respuestas en mi huerta (otra vez). ¿Acaso aunque mire mis lechugas crecer cada día, no las estoy viendo por primera vez? ¿Acaso son las mismas? Por eso es que no me canso de verlas, porque hoy no son las de ayer. ¿Porqué me empeño en ser el mismo de siempre? ¿Porque no soy como ellas, desplegando  su hermosura sin esperar reconocimiento? Cumplen su misión silenciosamente, pues saben que terminarán floreciendo y echando fruto. Semillas de prosperidad infinita sembradas en el huerto de un corazón puro.

El sabio también me dijo: “¿Es que no ves el Universo moverse? Participa tu también de ese movimiento”.

La huerta en verano 2012

Casi siempre que te acercas es para llenar la capaza. Es el verano. Con las verduras en plena producción. Tomates rojos, para gazpacho y orejones (secados al sol con sal marina), pimientos de todas clases, berenjenas igual. Es una orgía de colores, sabores, tamaños, etc. Frutas amarillas, rojas, naranjas, violáceas… para morirse de gusto.

Si trabajamos con variedades locales de tomates, algunas de ellas tienen dificultad para fructificar, las flores no cuajan bien. Por ejemplo el muchamiel o la variedad flor de baladre, entre otras. ¿Que podemos hacer? Podemos dejar dos guías para tener más cantidad  de capítulos florales, luego podemos cortar el extremo de una de ellas y que la otra siga su camino. Podemos hacerlo también con una sola guía y dejar los nietos (brotes laterales que nacen desde la inserción de la hoja con el tallo guía), para cortarlos por encima del capítulo floral. Cuando entendamos que hay suficiente  cantidad  de flores entonces vamos cortando o pinzando y dejando de nuevo una sola guía. Unos extractos de algas por vía foliar o un nuevo empujón con el compost puesto que las solanáceas son muy exigentes, también son necesarios.

Como curamos un ataque de araña roja (tetranichus), tenemos varias formas:

– Una de ellas sería la mezcla resultante de  la decocción de cola de caballo y jabón potásico.

– Otra sería el jabón y las piretrinas naturales. También junto a ellas el extracto de ajo en polvo. La dosis: 1,5 cc de Jabón x litro de agua, 3 cc de piretrinas por litro de agua y 2 gramos por litro del extracto de ajo.  Mojar bien ambas caras de las hojas. Utilizando el calendario lunar, sería ideal  hacerlo en día de fruto, preferiblemente por la mañana temprano. Otras solanáceas que suelen verse afectadas serían las berenjenas. También  se pueden tratar de la misma forma.

Para el control de la tuta molesta:

– No utilizar estiércol a no ser que esté bien hecho, mejor humus de lombriz.

– El suelo debe permanecer tapado con una cubierta con restos  orgánicos como la paja, hierba seca, etc. Para añadir compost se retira la hierba, paja, o lo que hayamos puesto, se añade el compost y se vuelve a tapar. Atención al riego, un manejo inadecuado puede llevar a las plantas al estrés hídrico y desde ahí surgirían los desequilibrios y tomarían distintas formas que no debemos confundir con la causa.

– Utilización de trampas con atrayentes para el control de la Tuta

-Tratar con bacillus thuringiensis, a razón de 1 gramo por litro de caldo. Es importante que el agua a utilizar tenga un ph en torno a 6 para que los cristales de bacillus puedan ser eficaces. Si el agua es más dura, entonces acidificar con vinagre o limón, una pequeña cantidad.

Con estas medidas debería ser suficiente. Feliz cosecha llena de luz y conocimiento. Felices sabores de verano.

Ella es yo

En este espacio me gustaría compartir pequeños momentos de lucidez que se derivan de mi contacto con este trozo de tierra que me ha tocado administrar. La huerta es una extensión más de mi. Es un fiel reflejo de  mi universo interior. Así que a través de mi contacto con ella he hecho mis mayores descubrimientos. Y asimismo, también me muestra mis grandes asuntos pendientes de corregir.

Es una suerte que entre lechugas y limones, ciruelas y fresas y mucho más, pueda seguir progresando en ese juego de las apariencias y seguir conociéndome. Dudas, contradicciones, falta de perseverancia, precipitación, todo eso y mucho más dice la huerta de mi. También expresa belleza, orden, constancia… Entre picos y valles, así va la huerta, como mi propia vida.

Y claro, hablaremos de las labores del campo, del calendario de siembras, de  algunos remedios para esos pequeños desequilibrios que nos encontramos en forma de pulgones o de oidio. Del riego y del compost, y de tantas labores como se hacen en la huerta para que luego pueda brindarnos el fruto deseado.

Y compartiré algunas fotos de las distintas etapas por las que pasa, en primavera, verano,…

El hecho  es que amo la tierra y ella lo sabe, y me devuelve con creces ese amor que depende de mi conocimiento, más aún, de mi auto conocimiento, y siempre en proyección de futuro. Ya veremos.

Reglas de oro 2ª parte

  El agua. Es otro aspecto a tener en cuenta, no en vano las dos terceras partes de nuestro organismo son agua. Debemos ingerir pequeñas cantidades de ésta o de  otras bebidas durante la comida, porque podemos diluir en exceso los jugos gástricos y por lo tanto corremos el riesgo de no preparar bien el alimento en el estómago para su posterior procesado en el intestino.¿ Quién no necesita beber agua u otros líquidos durante la comida? Quizás porque está muy caliente, porque está en exceso salada y nuestro cuerpo  intenta equilibrar  el exceso de sodio, a veces porque la comida está demasiado condimentada o picante en  exceso. Como siempre debemos ser prudentes y evitar en lo posible los extremos. Beberemos el agua entre comidas.

Parece casi imposible cumplir con esta retahíla de presuntos consejos. Esto son solo palabras y no se comen, por lo tanto haz lo que puedas, tan solo se trata de empezar el camino. Conforme vayas avanzando y consiguiendo pequeñas cosas, estas te darán las fuerzas para hacer las grandes cosas. Estas farragosas reglas se resumen en muy poquita cosa, pero de un poder insospechado:  Sencillez,  tranquilidad, consciencia, amor hacia ti mismo y gratitud. Haz lo que puedas y no te preocupes por lo demás, pero sin perder de vista el horizonte de tu salud y la de los tuyos. Con tu salud puedes ser el ejemplo de los que te rodean. Obsérvate, dirige tu atención hacia el interior, deja que tu organismo te diga  que te sienta bien y que no, aunque no siempre será fácil puesto que a veces creemos que aquello que nos produce dolor u otro malestar en nuestro estómago o intestino, es sinónimo de malo o contraproducente y aquello que no nos ofrece parecido estímulo sería bueno, sin embargo la lista de cosas que no nos sientan bien (en todo el proceso de la nutrición) y que son agradables a nuestro paladar es grande, y además,  no nos causan ninguna molestia en el estómago de inmediato, un ejemplo: la sal.

La cena debería ser siempre moderada. Nunca deberíamos comer cuando se ha puesto el sol. En cualquier caso, si por motivos de horarios de trabajo o por costumbre se cena de noche, deberíamos guardar un tiempo no inferior a tres horas antes de acostarnos. Deberíamos evitar ciertos alimentos en la cena, como son los ajos, puerros y cebollas, pues nos producirán un mal descanso, con pesadillas y un sueño alterado. También las cenas demasiado grasas y excesivamente condimentadas a buen seguro inducirán a un mal descanso.

Deberíamos comer siempre frutas y verduras de estación. Nuestro organismo debe fluir con las estaciones, con el cosmos y con la naturaleza, así que los alimentos fuera de estación no son una buena opción para lograr un adecuado equilibrio; las frutas por ejemplo son alimentos refrescantes, tomar ciruelas, melocotón, etc. en el invierno suponen un desequilibrio para nuestro organismo y también para el planeta, puesto que estos frutos vienen desde el hemisferio sur, dado que allí es verano, con el consiguiente gasto de combustibles fósiles.

Así que comprometidos con nuestra salud, alerta nuestros sentidos, disfruta de la comida, cambia los hábitos que puedas, sin obsesiones ni cambios bruscos, y tu voluntad y la fuerza que te darán los resultados obtenidos -con toda seguridad-, alejarán de ti las dudas y presentarán ante ti un horizonte nuevo.

Felicidades por tu búsqueda de la verdad, que está en tu interior y no en estas páginas.

Reglas de oro 1ª parte

Como primer plato comeremos siempre ensalada. La ensalada es el plato principal de la comida. Nos aporta vitalidad puesto que todo está crudo,  una gran cantidad de vitaminas que se pierden en los alimentos cocinados y demasiado procesados; debemos hacerla siempre con verduras del tiempo y utilizando la mayor cantidad de colores posible, siempre que podamos completar cinco, mucho mejor. Cada color está relacionado con un órgano  diferente, estimulando su correcta función y cualidades energéticas. Utilizaremos aceite de oliva Virgen extra para aliñar y nos olvidaremos del vinagre y de la sal, creando así un plato completo cargado de sentido, preparando nuestros jugos gástricos y nuestras glándulas salivares para lo que está por venir. La idea a tener en cuenta es comer siempre algo crudo antes de ingerir lo cocinado.

No comeremos la comida demasiado caliente, ni demasiado fría, evitando la irritación del tubo digestivo y una excesiva diferencia de temperatura provocando desajustes innecesarios.

Masticaremos y ensalivaremos correctamente. Aquí las palabras clave son despacio y con consciencia. Quiero decirte que el proceso de digestión, sobre todo para los glúcidos (hidratos de carbono) empieza en la boca porque nuestra saliva aporta una serie de enzimas específicas y que sin ellas el proceso estaría limitado.

  La mezcla excesiva de alimentos en un mismo bocado también dificulta el proceso de digestión, puesto que cada grupo de glándulas salivares está especializado en un tipo de saliva, de acuerdo con los distintos sabores (salado, dulce, amargo, picante, agrio y astringente). Con una correcta insalivación se ajusta el nivel de agua de los alimentos, sobre todo cuando ingerimos alimentos muy secos.

Debemos huir en la medida de lo posible de los alimentos demasiado procesados, ya sean congelados, precocinados, conservas, etc., así como de modos de cocinar muy agresivos. Por ejemplo,  me inclino por unas patatas cocinadas al vapor, con unos pimientos de igual modo y después aliñados con aceite crudo, antes que freír éstos alimentos sometiéndolos a temperaturas mas elevadas y degradando también el aceite. Busquemos la sencillez y nuestro organismo nos lo agradecerá. Deberíamos olvidarnos un poquito del horno y mucho del microondas. Estos inventos modernos distan mucho de ayudarnos en una alimentación sana, con el gancho de cocinar rápido para después tener más tiempo ¿para qué?, para ir al médico tal vez….

 La combinación de los distintos grupos de alimentos (hidratos de carbono, grasas, proteínas, frutas y verduras) de forma aleatoria provocan mala asimilación, gases y metabolitos no deseables, fruto del complicado proceso de digestión, obligando a nuestro cuerpo a esforzarse aún más en la difícil tarea de la eliminación de residuos metabólicos, proceso este que se complica con unos órganos cansados y deteriorados con el paso del tiempo y  por el rastro de las enfermedades. Está muy difundida la idea de que hay que comer de todo y que esa práctica es muy saludable; bien, pero no hace falta que sea en la misma comida. Quiero decir que obramos de forma poco correcta cuando con un plato de arroz comemos pan. Estamos mezclando dos hidratos de carbono complejos y eso entorpecerá nuestra digestión. Cuando comemos patatas con pan también es poco adecuado. Mezclar diversas carnes, o carnes y pescados con hidratos de carbono, lácteos con carne, etc., todo esto dificulta en exceso el proceso de digestión y posterior asimilación, creando enormes cantidades de residuos metabólicos y como decíamos arriba, obligando a nuestro organismo a hacer un sobre esfuerzo que a la larga pagaremos.