Acerca de la perfección (I)

Preguntado al maestro acerca del significado de la Perfección, ésta fue su sorprendente respuesta:

– No sabemos.  Eso que entendemos como ” perfección” en si mismo es una quimera. Pues la perfección es un atributo divino.

Y a pesar de ésto, nos atreveríamos a decir que Todo está bien como está y es perfecto ahora mismo. Pensar lo contrario sería reconocer que Dios crea con deficiencias. Y eso no es posible. Pero para poder entendernos y traer la conversación al terreno de la práctica, diríamos que lo perfecto es hacer en cada instante aquello que sabes (al menos de momento) que debes hacer.   Lo demás está fuera del alcance del Ser Humano.

Y también dijo:

– Acierto y error,  dos aspectos de una misma realidad. Sin el contraste entre los opuestos ¿como podríamos evolucionar? Así que,  modifiquemos aquello que creemos que debemos cambiar, alejando de nosotros cualquier sentimiento de culpa o de miedo. Pero sin olvidar que para poder pasar la página debemos mover ficha.

Lo cierto es que la pregunta nace de la más pura necesidad de compartir la experiencia de que, efectivamente, la perfección ni sabemos lo que es ni es posible lograrla. Si aceptamos el hecho de que vivimos en un mundo conectado (o mejor,  interconectado en lo que llaman la Matriz Divina) debemos asumir el hecho de que lo que puede ser bueno para mi (en este instante) puede que no lo sea para los demás (o para unos cuantos). Por tanto, si lo que pretendes no llega a buen término, eso es lo único que  puedes expresar. Que no se cumplió lo previsto. ¿Pero eso en si mismo es malo? La respuesta es no.

Ahora lo contrario. Imagínate que se ha cumplido lo propuesto. En si mismo ¿eso es bueno? Creemos que tampoco. Pues no conocemos cual es el total del efecto derivado de nuestra acción. Y habrá a quien le beneficie y a quien no le parezca adecuado u oportuno.

Esto podría, en principio, limitar nuestra decisión de obrar, de hacer cosas, pues podríamos permitirnos el “¡Como no sabemos”! No, lo que queremos decir es que, debemos obrar en Conciencia con arreglo a lo que sabemos en este momento y olvidarnos del resultado de nuestra acción.  Si después  nos llega como un reflejo y observamos que hay algo que debemos “perfeccionar”, lo hacemos. Y de nuevo volvemos a entrar en el ámbito de la perfección, modificando aquello que, con una nueva visión, hemos  entendido que es mejorable. Pero no porque sea malo en si mismo.

Lo quería decir es que después de más de tres años intentando preparar los pedidos de la fruta y verdura por encargo, nunca fue posible realizar ninguno de ellos “PERFECTO”, completo.

Cuando acierto al sumar, repartir, pedir, etc., entonces son mis proveedores los que “fallan”, pues no tienen de esto o de lo otro. O lo han olvidado.

Y cuando mis proveedores traen todo lo que les pido, entonces me equivoqué al sumar,  al pedir o en lo que fuere. Lo cierto es que lo he intentado de todos modos y maneras y no he visto la posibilidad real de servir a la perfección todo aquello que me piden mis clientes. Al principio se convirtió en una pesadilla, en una auténtica desazón; después en un “bueno vamos a mejorar todo lo posible”. Ahora pienso que si no fuera así ¿como trabajaríamos la paciencia? Por ejemplo. O como la tolerancia. ¿Como haríamos para conocernos en una situación tan trivial como esta? Nos hemos mosqueado porque no venían las zanahorias que pedimos  ¿Por tan poco? ¿Es necesario hacer un drama? En esta vida, cuando no se cumplen nuestras expectativas, ¿debemos hacer un drama? Realmente sabemos tan poco de lo que nos conviene que, si fuéramos honestos, podríamos  decir sin temor que no sabemos, realmente, lo que en este momento es adecuado para nuestro proceso.

Y conste que esto no es una excusa para no  seguir mejorando y atendiendo mis obligaciones de tendero.  En alguna ocasión, al enviar la nueva tarifa a los clientes he estado tentado de escribir esto:

– Si creéis que los vais a recibir todo, creéis en un imposible. Si pensáis en que ésta es una posibilidad entre tantas, entonces estáis en lo cierto.

Ciertamente, mis clientes me dan lecciones una detrás de otra. De generosidad, paciencia, tolerancia y amor. Y de más cosas que no podemos decir. Y al final he terminado por amarlos como mi otra familia.

Lo perfecto era decir esto ahora.

Pero podría no serlo.