¿Que es lo que me robaron…?

Algunos de mis amigos y hermanos del Camino me comentan que ultimamente escribo poco en el blog. Y es verdad. Me ocurre que entre el trabajo (mucho), mis obligaciones familiares y por último que, (y a lo mejor sea la más determinante) quizás no mido bien mis fuerzas y abarco más de lo que finalmente puedo hacer. Esa eterna conquista del tiempo que me cuesta tanto.

Este fin de semana pasado nos robaron en la tienda. Al parecer el robo ocurrió en torno a las 8 h. del domingo. Un vecino salió a paear con su perro y vio un tipo rubio de mediana estatura pululando por la tienda. Este cliente y vecino, jamás pensó que alguien pudiera estar robando (imaginó que eramos nosotros haciendo cualquier cosa). La policia me avisó a las 16 h. del domingo. Mis dos hijos y yo nos dirigimos hacia la tienda desde nuestra casa, después de disfrutar de nuestra comida de domingo, todos juntos (pues uno de ellos termina su carrera, vive fuera y regresa los fines de semana) en paz y armonía. Como decía, mientras nos dirigíamos hacia la tienda (25 minutos de trayecto) hacíamos cábalas ante el escenario que nos podíamos  encontrar. Es fácil que la mente te conduzca al peor de ellos. Incluso mi hijo mayor dijo:

– Lo imagino todo patas arriba, quizás sea mejor hacerse a esa idea, pues así es posible que ante la visión de la realidad nos veamos menos afectados.

Me mantuve en silencio mientras pensaba en las dificultades para sacar adelante un pequeño negocio como el nuestro, que no pretende nada más que servir a mis clientes de la forma mas profesional y amorosa posible y que , por avatares del destino, podría estar en peligro, pues nuestros recursos son limitados.

Aparcamos el coche y nos dirigimos hacia la puerta del local con paso firme y decididos a aceptar lo que nos encontráramos allí. Aquella tarde de domingo amenazaba con  sacarnos de nuestra cotidianeidad y cuanto antes nos enfrentáramos a los hechos mucho mejor. Conforme nos acercábamos  íbamos divisando la fachada todo nos recordaba aires de normalidad. Finalmente, al levantar la persiana y acceder al interior, nos quedamos gratamente sorprendidos pues la normalidad era absoluta. A excepción de la sustracción de la caja registradora con el contenido (las monedas del cambio, poca cosa. Vale más la caja que el contenido) no habían tocado nada más. No fuimos capaces de ver que se llevaran nada. Ni unas barritas de sésamo, algunos chocolates, cualquier cosa. Nada. Todo estaba impoluto. Incluso la persiana externa forzada estaba intacta, aún no me lo explico. La puerta interior que da acceso a la tienda, apenas un rasguño. Todo perfecto, después de todo daremos gracias porque no se cumplieron nuestros peores augurios. Después vino la denuncia en comisaría, la espera para que te atiendan, el seguro, más papeles y  más llamadas para ir volviendo poco a poco a la normalidad. Esto casi fue lo peor.

Y es cierto que por un momento te planteas si merece la pena seguir o no con la tienda.  Después de tanto esfuerzo un buen día, un suceso como este, puede dar al traste con todo. Te asaltan las dudas. Incluso piensas en abandonar, aparecen los fantasmas del miedo, empiezas a ver enemigos donde no los hay, etc.  Ya sabemos como se las gasta la mente, ese caballo loco, indomable, que a veces amenaza con hacerte perder la Paz. Y justo en ese instante que despiertas del sueño de los mortales,  me recordaba a mi mismo que he decidido no tener enemigos. Ahí fuera no hay ningún enemigo. Todo lo que se me ha mostrado me dice que Todo es Uno y que ese Uno se expresa generando todos los Universos conocidos. Así que la tienda, todo lo que hay dentro, el caco, el botín, la policía, las compañías de seguridad privada que al día siguiente aparecieron por la tienda como por arte de magia… (los buitres siempre al olor de la carroña. Así funciona este mundo ilusorio) y yo mismo. Todo. Absolutamente  todo, formamos parte de Esa Única Realidad, enzarzados en un juego de apariencias, de buenos y de malos y de todos los opuestos, pero sin visos de realidad alguna. Todo es un juego. Y gana el que más ame.

Vivimos en un sueño. Incluso cuando duermo me parece estar más despierto que durante el día. Como os digo no quiero separar nada del resto. Sigo investigando (mirando hacia dentro) acerca del suceso para ver que me quiere contar, que debo aprender, que debo afianzar y que debo desechar. Estoy empeñado en conocer lo que los Sufis llaman Dinámica Creadora y desde luego no será creandome  enemigos, sino integrando todos los sucesos (me gusten o no) en un proceso que es mi propia evolución, englobado en un proceso común que es la Evolución de la Conciencia. La Única existente.  La del Único Ser.

Vivimos en una casa aislada en mitad de la nada. Mi mujer me dijo antes de marcharnos a vivir definitivamente:

– Si ponemos rejas en las ventanas y puertas estaremos prisioneros dentro 365 días. Tal vez el ladrón venga alguna vez.

El ladrón se llevó dinero, y todo lo demás para volver a la normalidad, también se cubre con dinero. Si eso es todo, apenas es nada.  Entonces recordé un antiguo proverbio chino que decía:

El que pierde dinero, no pierde nada.

El que pierde la salud, ya pierde algo.

El que pierde la paz, lo pierde todo.

    Si este pequeño negocio ha de seguir vivo, no habrá suficientes cacos para arruinarlo. Si por contra no ha de seguir, seguramente sin ninguno será suficiente para acabar cerrado.

   Que la Paz sea con vosotros.