Catorce años atrás.

Hoy he revivido un episodio de mi pasado que supuso un antes y un después en mi peregrinar por esta vida en pos de la Sabiduría. Ya veremos que conseguimos. Y es que detrás del mostrador de la tienda uno escucha lo que te cuentan atentamente y cuando se lo permiten (y es muy a menudo), doy mi modesta opinión fruto de mi experiencia. Es cierto que hemos leído algo, pero lo que realmente pesa es lo vivido, lo experimentado.
Hoy un cliente me recordó esta etapa pasada, que como os digo,  ha marcado en cierto modo todo mi devenir en estos últimos 15 años . Y es que después de algunos episodios que empezaban a ser ciertamente preocupantes, de dolores intensos de estómago, derivaron  en el último gran episodio que hizo estallar todas las alarmas y me condujo de cabeza al médico (a los médicos, pues fueron varios). Después de tres días sin dormir, comer, y demás funciones normales de un un ser humano, con un dolor de estómago (aunque me costaba mucho identificarlo, a veces parecía que me dolía también el intestino)como si me hubiese pasado un tren por encima, no me quedó más remedio que aceptar que necesitaba ayuda. Enseguida me enviaron al especialista, hicieron una  endoscopia y una biopsia para detectar la Helycobacter pylori. El diagnóstico:  gastritis crónica.
Me llevé las fotos de la endoscopia y el informe del especialista y se lo enseñamos al médico de cabecera para que recetara. Y así lo hizo, no sin antes decirme que donde el especialista veía una gastritis, él además veía una hernia de hiato. Lo cual consiguió asustarme un poco porque, sin ninguna duda (dijo él), aquello no tenía cura, era para siempre. Me dijo también:
-Este medicamento que te receto es un protector estomacal, Pantoprazol (el principio activo es el omeoprazol) y deberás tomarlo para siempre.

Ignorante de mi le pregunté:
– Y este medicamento ¿me cura la hernia de hiato?

Y el respondió con absoluta  seguridad:
– No, no la cura, pero impide que el exceso de ácidos generados por las células  del estómago te produzcan ese dolor, es decir inhibe la producción ácidos y por tanto “la causa del dolor”.

Es curioso con que facilidad confundimos una  cadena de efectos con la causa. Y decidimos que el primer efecto conocido es la causa real del problema. La erudición tiene ese pequeño (a veces muy grande)  “defecto”.
Me quedé de piedra ante la seguridad de aquel hombre médico (que hace quince  años que no me ve el pelo): “Esto es para siempre”.

Volví a insistir:

-¿Pero no lo cura? Y a pesar de eso tengo que seguir tomando la pastillita.

– Si, claro, en todo caso si va a peor habrá que operar. – ¡Dios Santo¡ Exclamé para mis adentros. Y pensé “quizás tengan que abrir para coser o lo que sea”. Pero lo cierto es que pasaba por un momento crucial de mi vida y  no terminaba de ver claro todo aquello. Así que como llevaba tres días sin vivir (los pasé en posición fetal tirado en el suelo intentando soportar el dolor intenso) , acosado por el dolor, me tomé la pastilla. Y transcurrido el tiempo correspondiente una segunda. Y creo que fue la última. Aquello calmó mi dolor y me dejó pensar. Reflexioné sobre lo que pululaba por mi corazón y mi cabeza. No estaba por la labor de aceptar un diagnóstico médico como si fuera una condena. No entraban en mis cálculos. Intenté encontrar la verdadera causa de aquel dolor, pero en aquel momento no podía ver con suficiente claridad de donde venía o el porqué de todo aquello. Aunque  si estaba claro que el dolor venía de la hernia, y se agudizaba y corroía con los ácidos del estómago. ¿Como saber si mi estómago producía más ácido  de la cuenta? ¿Quién los había medido? ¿Cual era la medida a producir por mí? ¿Teníamos una cantidad anteriormente medida y ahora una medida  distinta? Nada de esto sabíamos. Lo que  si sabemos es de la necesidad de esos ácidos para la correcta preparación de los alimentos. Suponiendo que segregara más ácidos de la cuenta ¿eso en si mismo es una causa? Eso formaba parte del efecto. Había una causa que producía este efecto, o varias. ¿Pero cual o cuáles eran esas causas que me habían llevado a producirme una hernia de hiato que se agudizaba con los ácidos estomacales?  Desde luego para mi médico de cabezera era más sencillo y menos molesto entender el proceso del modo contrario. Hernia por tanto dolor, por tanto algo para el dolor. Sencillo pero no duradero pues como decimos no hemos actuado sobre la causa. Pero es más fácil y menos comprometido pensar de este modo.

Así que cuando analicé todo lo que, fuera del dolor, la vida me estaba mostrando en aquel momento, de entre todo el panorama que se abría ante mis ojos opté como solución el vegetarianismo, y pasar a la acción tratando de intentar comprender el proceso digestivo más allá de la visión convencional. Mi hermana Rosa, por aquel entonces conoció a un naturista, higienista, vegano. Por mi parte llevaba siete años practicando Kung Fu, en concreto Choy Lee Fut, cuyas raíces filosóficas se asentaban en el budismo. Así que  había conocido algunos maestros chinos del linaje del estilo y maestros  occidentales también,  y todos eran vegetarianos, y no os digo nada de como se movían, la cantidad de cosas que eran capaces de hacer con sus vidas y permanecer activos y alerta siempre.

Decidí emularlos. Pero lo que en un principio era todo ilusión, conforme pasaron las semanas y meses fui observando la dificultad y tuve que estudiar y leer. Estrujar mi visión de las cosas, pues la decisión de adentrarse en el vegetarianismo, según que constitución orgnánica, trabajo, mentalidad, etc., puede ser un misión arriesgada. Pero  fuimos atravesando las dificultades, con mucho dolor, pero nos aportó conocimiento y otra visión del mundo. Hoy podemos decir, sin temor, que la decisión fue acertada aún con los posibles daños colaterales que pudo ocasionar a mi físico (seguro que los ha provocado, pero es el precio del conocimiento) por haber tomado una decisión como esta. Por pura intuición lo hicimos, cosa que no recomendaríamos a nadie hoy, pero tuvo que ser así para que se me mostraran los posibles errores y aciertos. ¿De que otro modo sino?

No hago esta entrada para hablar del vegetarianismo. No es demasiado importante. Escribo por lo de la visita de este conocido y cliente de la tienda. Cuando me dijo que al también le habían hecho la endoscopia y la biopsia, pero que él, a diferencia de lo que me ocurrió a mi, había dado positivo en la Helycobater. Curioso porque es la segunda vez, según él, que se la detectan y le dan tratamiento para eliminarla. Dos antibióticos y el protector de estómago durante 10 días. Después 60 días más solo con el Omeoprazol.  También le diagnosticaron una hernia de hiato. Y le conté lo que os he dicho antes, que a la segunda pastilla lancé el frasco a la basura, pues intuía que aquello me limitaba, me condenaba, y no lo acepté. Respondí a un pulso interno, como casi de costumbre en estos casos. Pero no estaba por la labor de ingerir algo sin ningún razonamiento, sino como parte de un protocolo habitual que deja al margen las posibles diferencias, estados, etc., de cada individuo.

El estrés, una mala alimentación, una mala ensalivación, alimentos incompatibles con el momento que pasa el individuo, mezclas incorrectas de alimentos, la famosa siesta después de comer con el estómago bien lleno, con la presión contra natura de la comida y los gases generados sobre el cardias,  y además en el estómago se cuecen las emociones (“se digieren”, que ya lo decía hasta Don Quijote…”que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”). Y nuestros conceptos, “alimentadores” de miedos, prejuicios, y demás lindezas, todo esto y más si que son causas probables para el incorrecto funcionamiento del estómago.

El perfecto y difícil equilibrio entre los distintos fluidos segregados por los distintos tipos de células estomacales ( enzimas, hormonas, neurotransmisores, ácido clorhídrico, factor intrínseco de Castell, etc.) se ha roto por la causa que sea. Causa que solo al individuo que sufre los efectos le corresponde encontrar. Solución: pastillas inhiboras de lo que sea, algo externo a la persona para hacerlo dependiente. Así a ciegas, sin más. Lo normal es convertir a un individuo cualquiera en usuario de por vida de cualquier medicamento (y no digo que en según que casos no sea necesario), pues se lo recomienda su médico, que es el que más sabe.

Los verdaderos cambios, los más profundos siempre se dan con decisiones fuera del alcance de la memoria, del recuerdo, de lo viejo. ¿Como podemos saber lo que necesitamos realmente? Si lo que nos conviene ahora es algo que no hemos hecho nunca ¿como podemos juzgarlo si queda fuera de la memoria, de la experiencia? Así que os podría recomendar de vez en cuando tomar decisiones fuera de vuestro marco de seguridad conceptual, por el que nos movemos siempre, dando un paso fuera de aquello que conocemos. Si acertamos, como sino, habremos aprendido la lección, pero si nos quedamos donde siempre, juzgando con nuestras viejas herramientas será imposible avanzar, pues esa es la naturaleza de la mente. Esa es la naturaleza del ego. Miedoso, esclavo, adicto a las emociones conocidas, de aquí para allá sin encontrar nada que le satisfaga plenamente.

Volviendo al tema del inicio (que me voy por las ramas), el proceso digestivo es de una complejidad tal que es imposible desgranarlo ya seas un simple aficionado como yo, o seas premio Nobel de Fisiología y Medicina. La máquina Ser Humano es de tal perfección que sencillamente abruma. Cada descubrimiento trae consigo su ignorancia paralela. Más sabemos, más ignoramos ¿Alguien tiene alguna duda sobre esto? El estómago (las células epiteliales) puede ajustar sus jugos con una precisión matemática. Como una orquesta en el paroxismo del concierto. Crescendo, pianissimo, dolce, vivace, lento, moderato y otros términos musicales para expresar el ritmo, orden, etc. con el que se mueve esa máquina. Dirigida por la Gran Maestra, la Consciencia.

Cuando ensalivamos y lo hacemos de forma consciente, realmente no sabemos a que dimensión podemos llevar el proceso digestivo. Ajustamos la saliva a los alimentos masticados, su humedad, controlamos la carga microbiana (la saliva contiene lisozima), volvemos líquido lo sólido y sólido lo líquido. Antes de sentarnos a la mesa, también  habremos decidido que vamos a c0mer, como lo vamos a combinar, cocinado o crudo,  etc. Sentimos agradecimiento por los dones recibidos, etc. Es decir, hacemos todo lo que sabemos y que, además, está en nuestras manos. Eso es consciencia, y hasta donde sabemos “la consciencia del instante presente alimenta a la Conciencia”. Y se produce el milagro, se producen los jugos gástricos adecuados que darán paso a un bolo alimenticio en condiciones para la asimiliación de nutrientes posterior.  No tenemos más que hacer, desde donde quiera que esté el alimento hasta que lo tragamos es nuestra responsabilidad, si lo hacemos bien hasta aquí, después todo se hará solo y con éxito. Seguro.

Así que unas pastillitas que limiten la producción de ácidos, que intervengan en el proceso normal de la digestión no pueden ser un arreglo permanente (aunque pueda serlo durante algún tiempo, mientras que tomamos las riendas del asunto, que no son otras que no dejar nuestra salud, ni nada, en manos de nadie). Esta decisión, más bien, alimenta un estado de desequilibrio al hacer creer al individuo que la solución está en manos de alguien o algo externo.

Hace muchos años que no vamos al médico. Esto no es ni bueno ni malo, sencillamente es posible.

El mundo siempre tendrá algo para que te olvides de ti mismo. No lo permitas.