“No es tarea fácil educar jóvenes, adiestrarlos, en cambio, es muy sencillo.” Tagore.

EDUCACIÓN

La educación, (del latín educere ‘sacar, extraer’ o educare ‘formar, instruir’) Fuente Wilquipedia

Atendiendo a la etimología del término, podríamos decir que la educación es el proceso por el cual el individuo accede con el guía (maestro), a lo  mejor de  si mismo que ya se encuentra esperando para ser descubierto. O dicho de otro modo, todo  ya se encuentra en ti a la espera de ser extraído. Igualmente, la educación debería ser un proceso instructivo y no inductivo.

Una seria diferencia entre esto que decimos y lo que habitualmente sucede; la educación como un conjunto de conocimientos embutidos (introducidos a la fuerza), sentimientos, conceptos, ideales de toda índole, etc. en pos (o al menos con esa convicción se dice que se  hace) de convertir  al individuo en alguien de provecho para el mismo y para  la sociedad. Y que generalmente termina por convertirnos en individuos sometidos al sistema, como partes  productivas de una maquinaria perfectamente engrasada. Individuos formados para formar parte de un sistema basado principalmente en el consumo como motor de las sociedades. Educados para tener y no para ser.

Regímenes autoritarios en los que la educación pública está encaminada al adoctrinamiento como instrumento claro del mantenimiento del orden establecido. Si miramos tan solo unas décadas atrás, en nuestra España, todos podemos recordar los símbolos del Régimen en las aulas. Los colegios separados por sexos, la imagen del dictador, los símbolos  religiosos de los partidarios  del régimen, etc.

En nuestra época más reciente, sucesivos modelos educativos, distintas leyes orgánicas de educación en función del partido gobernante, cada una de ellas intentando arrimar el ascua a su sardina.

Debates y más debates. Religión o no religión. Educación para la ciudadanía o no. Selectividad o no. Licenciaturas o Grados, etc., etc.

Debates estériles, pues todo parte de un concepto erróneo de educación que no tiene en cuenta al individuo, que no pretende formar seres libres, capaces de pensar por si mismos, sino como decíamos antes, individuos formando parte de un engranaje envenenado, condenados al sueño eterno.

Si hablamos de historia, para empezar deberíamos recordar que la escriben los vencedores. Por tanto está pendiente de ser revisada y contada tal y como ocurrió (o de la forma más fiel a lo sucedido, nadie es poseedor de la verdad absoluta), al margen de nuestras creencias y conveniencias. ¿Pero quién se atrevió a esto? ¿”Los rojos o los azules”? Ninguno. No hay más que hacer un leve ejercicio de introspección  para ver cuantas lagunas tiene nuestra historia más reciente. Y si nos vamos más atrás, veremos como la época cultural más floreciente que fecundó nuestra tierra, la que surgió en Al Ándalus, no es que haya sido mal contada,  sino directamente eludida.

Toda esta debacle surge porque las sociedades en conjunto, y los individuos en su propia singularidad, no han entendido realmente quienes son. Y por tanto no puede articular fórmulas adecuadas para gestionar su Verdadera Realidad. Y es que el hombre, posee una naturaleza Transitoria; sí. Y también una naturaleza Trascendente. Las sociedades, mal que bien, han articulado mecanismos de socialización encaminados a cultivar la única naturaleza que han comprendido, la que no es real, sino como fruto de la educación y por tanto sometida a la temporalidad y a los valores de la cultura predominante. Todo inestable y transitorio. Para la otra “naturaleza” se nos dio la Religión y al final nos convertimos en fieles adoctrinados, algunos más ortodoxos que otros, y en ateos, por pura incoherencia de los comportamientos observados. O como fruto de la revisión conceptual que no supera los mínimos estándares de la razón. Ese Dios de la Religión incapaz de dar respuestas a nuestras legítimas inquietudes  y que, además, nos sitúa culpables o impuros ya desde el nacimiento. Ahí es nada.

Sí, el ser humano, es esa criatura que vive a caballo entre dos mundos separados por un fino hilo. Mundos que se conducen paralelos e interactúan mostrando el equilibrio del individuo. Si se atendiera al individuo desde el inicio para que pudiera cumplir con sus dos aspectos (de una misma realidad), las sociedades crecerían de forma espectacular, pues generarían individuos plenos, y por tanto felices,  y en consecuencia, difícilmente manipulables. Individuos no dependientes, creativos y por consiguiente, preparados para cumplir con  el objetivo para el que fueron diseñados. Continentes capaces de albergar la Conciencia. Ni más ni menos.

Pero que trabajo cuesta hacer creer a la sociedad de la existencia de  esa doble naturaleza del ser humano. Aunque esto suena a herejía, porque en realidad el hombre es  Divino y por tanto la naturaleza transitoria, inmanente, no es sino un “traje”, un medio donde se esconde, inicialmente, esa otra Realidad. La Única y Verdadera.

Lo cierto es que no tengo autoridad para hablar de este tema, no soy más que un campesino. Un hombre que ha vivido la socialización,  la educación, y no le sirvió para mucho. Tan solo para terminar por no comprender nada, por cuestionar todos los modelos y los distintos procesos a los que fue sometido.  Años  después, cuando empiezas a despertar, observas que  ahora necesitas  de mucho tiempo para deshacer lo aprendido. Para desaprender. Para recuperar la inocencia perdida, ese estado de “pureza original” del que pueden resultar múltiples posibilidades.

O mejor explicado, se pueden necesitar años, incluso décadas transitando por una o varias vías de conocimiento interior (o vías espirituales) para deshacer la carga educacional que, como decíamos, ha volcado toda su energía en desarrollar uno de los dos aspectos de nuestra compleja naturaleza.

Pero como dice mi maestro en estas lides, el sendero no es complicado, es el individuo y su carga los que dificultan  el proceso. Me veo a mi mismo poco a poco saliendo de esta farsa y tan sólo el hecho de instalar la consciencia de lo divino en el día a día, ha costado un sufrimiento incontable. Tan sólo para establecer el sencillo hábito de recordar quien eres. Cual es tu destino y por tanto cual debe ser tu compromiso. Después ya veremos que pasa con la nueva costumbre adquirida y con el conocimiento recibido. Pero tan solo ejercitarse en la presencia de lo Divino que reside en uno mismo, como digo, a costado (está costando) sudor y lágrimas.

Conocida la realidad del ser que somos, ¿quién podría dejar de amar al otro, sabiendo que es igual que tú, que es tu hermano y hermano con todo lo creado? Y el otro ¿no respondería de igual modo si también se conociera?

En algunas iglesias holandesas, en el pórtico de entrada se lee: “Dios es amor”. Si nuestra naturaleza es Divina, lo será “siendo amor”. Conócete, cuando te descubras, te amarás, pues habrás descubierto La Verdad. Rumi decía:”Quien te ha conocido (quien se conoce), ¿como puede mantener  ya la cordura?”. Este loco de amor por la Divinidad, nos dejó un rastrojo de amor a través de toda su magna obra. Y tantos otros hombres y mujeres dedicados a la mística, la ciencia del amor Divino, esperando que ahora nosotros cojamos el testigo.

Soy amor, eres amor.

¿Que otra cosa podemos Ser?

A donde quiera que te dirijas,  

sino es hacia esto (hacia el amor),  

es hacia ninguna parte.

Estos breves versos escribió la pluma como reflexión última.

Educados en el amor, en el respeto, en la tolerancia. Preparados entonces para alcanzar la Sabiduría que conduce a la verdadera Felicidad.  Que te lleva hacia la Paz.

Esto es posible. En ello estamos gracias a La Divinidad y a la paciencia del Maestro. Dicho así parecería que son dos, pero no, son Uno. Son el Mismo.