Ateismo y Conciencia II. O la Ciencia al descubierto.

La primera entrada con este nombre, ha suscitado cierto grado de interés, de crítica siempre constructiva, lo cual es siempre de agradecer. Y es que mi intención al escribir este blog, dista mucho de ser una guía en cualquier sentido para nadie. Y siendo leída cada vez por más seguidores, no pretende más que compartir algunas experiencias de distintos ámbitos de mi personal vivencia, aunque,  al menos, si nos gustaría que nos entendieran. Sobre todo los más jóvenes. Hacernos entender, describir estados de ánimos, contar experiencias totalmente personales, resulta de una enorme complejidad, máxime para un campesino como yo. Quizá podamos decir lo mismo que en  la anterior entrada con otras  palabras,  y apoyado en los más grandes de la ciencia y de la mística.

El ateísmo encuentra una parte de sus razones en la ciencia, en una parte de ella que opina que Dios no existe. Un caso particularmente llamativo de este criterio sería la opinión de este grande de la física, ahora tan de moda con la última película biográfica con bastante éxito al parecer. Me refiero a Stephen Hawkings. Ha habido muchos más eminentes científicos que opinan del mismo modo. Por mi parte y como contrapunto, echaremos mano de otros científicos y,  de entre todos ellos, el más grande e ilustre físico que ha dado la Humanidad. Me refiero a Einstein. El sentimiento religioso cósmico, como él le llama, que siente ante la observación de la vida, es la emoción fundamental del arte y la ciencia. “La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. Saber que aquello que nos es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y las más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación es la verdadera religión.” (Albert Einstein).

Religión, de religare, de reunir, de Unión con todo lo creado, de ser uno con ese “Algo” que a la vez es inalcanzable, impenetrable. Ponle tu el nombre que quieras.

En 1986 hay una primera edición de un curioso libro de Ken Wilber,  “Cuestiones Cuánticas” donde reúne el pensamiento de un puñado de físicos y astrónomos, premios Nobel, un compendio de reflexiones existenciales cercanas a la mística. ¿Qué fue lo que llevó a científicos tan diversos a compartir una visión mística de la realidad? Lo cierto es que Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, Eddington, todos sin excepción, acabaron teniendo una concepción trascendente del mundo donde la dualidad entre materia y espíritu quedaba sobrepasada. Y que esta concepción les vino como remate de una postura crítica y no irracional. Os dejo el guión de este libro:

HEISENBERG 

La verdad habita en lasprofundidades

Verdades científicas y verdades religiosas

El debate entre Platón y Demócrito

La ciencia y lo bello

Si la ciencia es consciente

de sus límites

SCHRÖDINGER

¿Charlamos sobre la física?

La unidad de la mente

El yo que es Dios

La visión mística

EINSTEIN

El sentimiento cósmico
religioso
Ciencia y religión

JEANS

En la mente de algún espíritu

eterno

Un universo compuesto de

pensamiento puro

PLANK

El misterio de nuestro ser

PAULI

La unión de lo racional y lo

místico

EDDINGTON

Tras el velo de la física

Materia mental

Defensa de la mística

Interesante guión ¿verdad? No es fácil acceder a este libro, pero aún se puede encontrar. Pero para compensar os dejo con una frase contundente de Bohm citada en el penúltimo libro de mi maestro “Islam y Sufismo, verdades y mentiras”, en una tercera parte de este excepcional libro dedicada toda a ella a la ciencia y su relación directa con la mística. Esto dice David Bohm, Profesor de física cuántica en la Univ. de Londres, en Princeton, en Sao Paulo y en Haifa, y colaborador de Einstein: “Ciertas secuencias en la física moderna suponen un concepto de la naturaleza, relativo a las causas formativas y final que, en esencia, se parece a los modos de verla que eran comunes en los tiempos antiguos”. Y en el mismo libro, en un párrafo dedicado al Físico alemán Max Planck, premio Nobel en 1918, reza así; “Habiendo profundizado en la última frontera de la materia dijo: Toda la materia tiene su origen y existencia en virtud de una Fuerza desconocida pero ordenada. Hemos de suponer, por lo tanto, que tras esa fuerza hay una Mente Consciente. Es la Matriz en la que todo tiene su origen”. (Este es el primer principio de la Milenaria Promulgación Hermética: El Universo es mental, o funciona como una Mente). Ciertamente recomendable este libro de Hayy Sidi Said al Andalusí.

Las citas al respecto son interminables, la de los más grandes sabios físicos y matemáticos, padres algunos de ellos de la Cuántica. Otro libro muy recomendable también en esta línea y que en algunos capítulos es magistral es “El Tao de la Física” de Fritjof Capra, doctor en Física teórica por la Universidad de Viena, ha trabajado como investigador en física subátomica en la Universidad de París, en la Univ. de California (U.C.) en Santa Cruz, en el acelerador Lineal de Londres y en el Laboratorio Lawrence Berkeley de la U.C. y ha sido profesor en Santa Cruz, en Berkeley y en la Univ. de San Francisco. En un capítulo de su citado libro llamado “Espacio-Tiempo como creaciones de la mente (misticismo-cuántico)” desarrolla principios como los citados arriba por los otros físicos.

En fin, no soy físico, pero estos libros son bastante asequibles para aquel que quiera leerlos sin prejuicios, tratando de acercarse a la verdad, se encuentre esta donde se encuentre. En mi opinión, habiendo tantos argumentos a favor de que existe una Causa Común que explica todos los fenómenos observados, coincidiendo ésta con la más alta mística, y no porque queramos que la verdad se acerque a algún determinado lugar, sino porque siendo estos fenómenos observados y descritos unas veces desde la estricta observación científica y otras desde la más pura intuición (y ésta no es privativa de los místicos, sino de todos los seres humanos, altamente desarrollada en algunos individuos). Me gusta destacar, sobretodo, la relación onda-partícula (o yin-yang) y por tanto, que  desde esa Matriz descrita por Max Planck (y otros) poseemos  la capacidad de cambiarnos  a nosotros mismos  a través de los pensamientos positivos, emociones positivas y por tanto acciones creativas que modifican a su vez el entorno inmediato. Acciones que vuelven de nuevo mostrándome la imagen de lo que soy a través del espejo que supone el Universo que creo delante mío. A su vez, soy espejo para los que me rodean. Sujeto y objeto a la vez. Creador y criatura. Creador y transformador de mi propia existencia constatando día a día que es así, y que por tanto, podemos decir que es una capacidad-cualidad implícita en todos los seres humanos. Otra cosa es que seamos conscientes o no de este hecho, y tengamos el valor o las fuerzas para intentarlo.

Es verdad que hay opiniones de sabios que manifiestan sus dudas al respecto, pero parece muy difícil sostener que un Universo tan complejo, y aunque solo sea el intento mismo de explicación de la complejidad biológica de la vida en la Tierra, se sustente meramente en la “casualidad”. Más bien parece todo lo contrario, todo se sustenta en virtud de Una Causa Primigenia, que en el ámbito Religioso hemos convenido en llamar Dios.

No sabemos si hemos conseguido aclarar algo, o lo hemos liado más, no obstante reflexionamos en voz alta por si a alguien le interesa interactuar o le sirven como referencia, no lo que digo, sino las citas y los libros de los más grandes.

Dije en la anterior entrada que el ateo, se considera a si mismo como tal, en virtud de un mundo que no entiende, de una situación de caos humano que decide que no sería posible tal estado de las cosas si existiera ese tal “Dios” Bondadoso y Omnipotente. La Física verifica que si bien es cierto que el Universo tiene una Causa, Una Realidad Primigenia, ponerle el nombre de Dios es cosa de los hombres y culparle de los males también. Porque está claro que es la ignorancia del ser humano y las acciones derivadas de este hecho,  las que hacen de este mundo el “valle de lágrimas” descrito por la religión (alguna lo describe así).

Y la Ciencia dice que la Realidad que se colapsa delante del observador es fruto de aquel que la interpreta, y por tanto los “males” o los “bienes” que tiene la humanidad son creación directa del ser humano. Y no de Dios, que dejó en nuestras manos el poder co-creador, que bajo la idea de servicio se convierte en acción transformadora, creadora de paz, de bienestar y de orden allá donde el ser humano lo cree. Citando a Jesús de Nazaret en Mateo 20, 25-26:  “Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea así entre vosotros (que no suceda) sino que el quiera ser grande que sea su servidor”. En aquellos tiempos Jesús ya tildaba a los señores absolutos como culpables del mal. Hoy sigue siendo igual.

Pues eso, si no te gusta lo que ves cámbiate-cámbialo. No esperes que un “algo o alguien”por allá arriba lo cambie. Tampoco esperes que el cambio llegue desde otros, sean quienes sean. Pues tu eres Dios, aunque no lo creas. Y por tanto tuyo es tu destino, tu principio y tu fin. Y con tu transformación, la de toda de la Humanidad.