El valor del Rito

Diría que todas las culturas, desde la más remota antigüedad, han utilizado el rito, el ritual con diversos fines, pero básicamente como vehículo para afianzar un idea, comportamiento o conocimiento vital para el grupo. Hasta las sociedades más modernas hoy lo siguen utilizando aunque, en general,  las razones han cambiado de forma notable.

Y por encima de todo, el poder religioso y político, conscientes de la utilizad del ritual lo ha utilizado como una verdadera arma arrojadiza. Como ponzoña para “colocar” a las masas en un intento  claro de control, de adoctrinamiento. Lo hicieron regímenes fascistas, y también comunistas. A través de los diversos ritos, y a edades muy tempranas, se adoctrina a las futuros seguidores, peones sustentadores del sistema. Un sistema narcotizado que se retroalimenta y se perpetúa. Recuérdese la locura Nazi (su fastuosa puesta en escena, su simbología, etc.) y la no menos agobiante y narcotizante presión de la URRS para con sus “disciplinados” ciudadanos. E infinitos ejemplos más de adiestramiento y adoctrinamiento de grupos más o menos grandes y de sociedades completas. El valor del rito, de lo ritual es incuestionable. Es el uso y lo que queremos introducir bajo la forma externa lo que balancea en un sentido u otro el resultado final.

¿Pero que es un Rito? Un acto,  o ceremonia, acompañados de una determinada simbología, ideas fuerza, y otros elementos (vestimenta ritual para la ocasión, música, etc.). También podría ser un sencillo conjunto de ejercicios, de prácticas integradas en el quehacer diario, donde se mezclan lo simbólico (alegórico) con la realidad maquillada, endulzada con el componente emocional adecuado con el fin de perpetuar una idea, un conocimiento, etc.

Visto así podríamos decir que ni es bueno , ni es malo. De hecho el envase, el continente, podría no tener nada de aversivo, pero si podría tener un contenido que lo fuera, o poco útil, o vacuo. También ocurre lo contrario, un continente a priori poco sugerente o incluso aversivo, y sin embargo podría estar dotado de un sencillo y productivo contenido.

Desde el punto de vista del acontecimiento religioso, que es el que me interesa, hemos reflexionado en este blog en otras ocasiones  sobre la diferencia clara entre Contenido y Continente. Es necesario ahondar en  esta diferencia que puede perturbarnos y no dejarnos ver con claridad. Como una cosecha de trigo, que una cosa es la paja y la otra el grano, pero que vienen juntos, que son inseparables, que hay trabajarlos unidos, con paciencia hasta quedarnos solo con la dorada  semilla, preciado grano que guarda la información para venideras cosechas. El perfume.

Un ejemplo claro es el Sufismo, la perla perfumada del Islam, el propósito de Islam bien podríamos decir. O dicho en castellano, el propósito para alcanzar el Estado de Paz. Y decimos tantas veces que, no siendo esta la única realidad posible (hay otros sistemas ancestrales de conocimiento  como el budismo, y otros, siempre que sean contrastados en el tiempo, y el maestro sea un guía verdadero, lo cual no es cosa fácil), si la escogimos (o nos escogió Ella a nosotros) fue porque todo en este método es sencillo;  la sencillez es la nota predominante. Lo cual no le resta dificultad, pero dimanante de la propia sencillez, acostumbrados a ver, y a hacer todo de forma complicada, como si más recovecos, más liturgia,  fueran  sinónimo de más contenido.  La apuesta clara por el Sufismo conlleva el traje de Islam, y en los tiempos que corren la dificultad es manifiesta. De ahí la llamada de atención entre Continente y Contenido. Lo cual nos conduce hacia la investigación, hacia el conocimiento de Islam en su origen, en la sencilla promulgación del Profeta. La distancia entre ese Islam original y lo que practican la mayoría de los musulmanes, y del que tenemos conocimiento a través de los medios de comunicación (siempre sesgado, mal interpretado por ignorancia o por motivos que prefiero obviar) es un abismo, o mejor aún, están en las antípodas el uno del otro. En fin, solo Dios sabe porque este mundo se encuentra donde se encuentra.

Volviendo al tema que nos ocupa, y según mi experiencia, queda claro que el método (el acontecimiento religioso bien entendido,  de religare) asiste al aspirante en todo momento  pues tiene un marco donde situarse y poder avanzar guiado. Y dentro del método, ciertos ritos como la oración  (el Salat) son claramente transformadores. Tratando de aunar materia y espíritu, ego y conciencia. Como dice el Corán: “No me abarcan los Cielos ni la Tierra, pero si el corazón del Ser Humano”.  El corazón como espacio físico no es el que nos interesa, sino el “espacio imaginario” como verdadera esencia del ser humano. De nuevo trazando puentes entre lo físico y lo intangible para trascender finalmente. Desde la animalidad del ser humano (no olvidemos que el ego es de naturaleza estrictamente animal, entiéndase esto en su justa medida) hacia la Consciencia de Ser.

Seguimos reflexionando. ¿Cuando abandonar el rito? A día de hoy no tenemos una respuesta clara. Quiero decir, no tengo claro el total del proceso (pues no lo hemos andado en su totalidad), pero desde la perspectiva transformadora del rito (si hay un contenido transformador obviamente, y se practica adecuadamente) ¿cuando el individuo va a estar exento de la necesidad de transformación? Si el individuo debe seguir evolucionando (la Conciencia a través suyo, para ser más exactos) lo que será muy probable es que el rito vaya cambiando para adaptarse a la necesidad del momento, para hacerlo más liviano, hasta la desaparición total de la herramienta (repito, no se si habrá un momento de tal desaparición).

Podríamos decirlo de otro modo, un determinado ritual cumple con una determinada necesidad de asentar o de modificar algo en el individuo. Otra necesidad, y por tanto, otra herramienta para ese nuevo contenido. A día de hoy, y reconociendo mi ignorancia manifiesta, creo que ni siquiera el maestro está exento de práctica alguna, de continente, por liviano que este sea en su intimidad. En su función magisterial, ante sus alumnos,  es evidente que no puede dejar de hacer aquello que les propone como bueno.

Esta entrada podría ser juzgada como una opinión gratuita, como otra cualquiera. Pero no es así, hablo desde la experiencia de asistir a un grupo de gente en un espacio dedicado a la Meditación y, sobre todo, enseñando a un grupo que practica Taichi-Chikung (y en otros momentos a otros grupos,  claro que con menos experiencia y conocimiento, lo que nos permite reconocer ahora los errores), y aunque observas signos de progreso en los pocos que van quedando, constatamos que la dificultad para evolucionar es grande.

En su día, al abrazar el método y al maestro se nos dijo (también hoy se nos recuerda de vez en cuando): “si ha de ser aquí, a de ser así”, y se nos dio una batería de herramientas que algunos hemos tardado mucho en desarrollar. Pero esas herramientas están ahí, y el individuo cuando llega a casa, en su trabajo, en su vida de relaciones sean las que fueren, sabe lo que tiene que hacer o no hacer.  Los que se marchan a casa después de la clase de Taichi ¿que tienen? Bueno, un buen recuerdo, una hora y media de paz, de calorcito y alguna nueva visión de un concepto cualquiera. Respeto, tolerancia, todo el amor que tenemos; no es poco pero ¿cuánto tiempo seguirá siendo válido todo esto? Una respuesta sería hasta que la vida zarandee sus cimientos de forma más agresiva de lo habitual  y con ello se mueva toda  su estabilidad emocional. Si no hay modificación, si no hay cambio, si no lo experimentan con su esfuerzo, pronto caerá todo en el olvido. Desapareceremos como grupo. Y habrá sido una bonita experiencia placebo. No obstante todo está bien y es perfecto en si mismo.

El esfuerzo del instructor consciente de la necesidad de que ese  tiempo debe estar pleno de contenido, la mayoría de las veces se ve truncado,  imposibilitado al no haber método alguno. Solo retazos que producen distintas  experiencias pero poca sabiduría al no tener continuidad.  Si el método completo, la ayuda del guía, la de los compañeros del sendero y la de un lugar físico cargado de energía positiva, es decir, todos los ingredientes necesarios para progresar de la mano de un maestro y a veces  se muestran insuficientes (lo digo bajo la experiencia de discurrir en este sendero de la Trad. Sufi) para que la mayoría podamos alcanzar, fijaos cuan difícil será para quien no  posee el total de las herramientas, incluido al  guía, que observa desde fuera sin intervención directa, salvo cuando se le requiere.

Seguimos reflexionando y supongo que equivocándonos, pero es lo que siento y observo.  Suelo decir cuando hablamos de la religión, del rito, de los continentes y contenidos, que no he aceptado “religión” alguna sino un método de trabajo que me conduce por los senderos del espíritu, de la evolución integral más exactamente. Para el mundo sería un converso. Pero en mi fuero interno no es más que un contenido escondido en un continente. Como decíamos antes, escogido por la sencillez después del contraste. Nada más.

Existe una gran abundancia de material dedicado al espíritu. Los que hemos leído a Krishnamurti, Osho,  Eckart Tolle y otros, básicamente podríamos, y lo hacemos, aplaudir su discurso por estar de acuerdo con sus conclusiones, con su visión. Pero otra cuestión  muy distinta es como un individuo cualquiera que lee sus páginas, o ve sus vídeos llega a esas mismas conclusiones, a la transformación que le lleve a adquirir experiencias que den como resultado el Conocimiento del que ellos hacen gala y que no cuestionamos. “Se tu propio maestro, no aceptes religión alguna, etc.”, eso que te lo diga cualquier “gurú” del tres al cuarto podría tener una explicación. Pero que te lo diga un individuo como Osho forjado en el Hinduismo que al parecer alcanzó la iluminación a los 23 años, o Krishnamurti que tuvo una enorme preparación en la Sociedad Teosófica, parece cuando menos contradictorio.

Compartimos con ellos la idea de no abrazar “religión” alguna, ya lo decíamos arriba.  Religión como estructura de poder, religión para “comulgar con rueda de molinos”, religión con la perfección del rito como fin, religión como arenga desde el púlpito ya sea el sacerdote o el imán de turno. Esta NO!; religión como religare, como reunión entre Creador y criatura, sin intermediarios. Esto SI!

Dominar la naturaleza del ego es la clave. Atravesar el mundo de los conceptos, el trabajo definitivo. Sin el apoyo necesario es una quimera. No obstante aquí seguimos acompañando a cuantos se acercan de forma anónima y sin hacer demasiado ruido. Sin preguntas ni ingerencias. Solo alguna sugerencia para que no olviden que a nuestro lado tendrán algún progreso, pero que es al lado del guía donde está el manantial desde donde manan todos los afluentes.

El rito es necesario, al menos inicialmente, después ya veremos pero siempre bajo la atenta mirada del maestro. Pero como decimos, habrá un tiempo para ir soltando,  pues el método no es el objetivo, sino que debe conducirte al descubrimiento de lo esencial de ti. Como dice el maestro, la religión es un invento del ser humano, la espiritualidad, por contra, es un regalo divino. Y decía el Profeta: “Comete herejía quien adora a la religión en vez de adorar  a Dios. Pero como el Creador no necesita adoradores, diremos entonces “…en vez de amar a Dios”. Cuán lejos están los practicantes de las religiones de esa intimidad con el Poder Creador.