Meditación en los jardines del maestro. O mirad las flores…

Sidi Said, nuestro Sheyh, está de viaje por Argentina y después hacia Chile. Existen varias comunidades residentes en Argentina bajo la tutela del maestro.

Como cada domingo, desde hace muchos años, nos reunimos un grupo de  alumnos en torno al maestro. Compartimos nuestras ideas y experiencias en torno al trabajo que, en cada momento (evolutivo del grupo) va marcando sabiamente. El domingo último antes de su marcha, preparados para hacer la oración, antes de la reunión, nos dijo: “Hemos comentado muchas veces que la parte no puede abarcar al Todo, que la criatura no puede abarcar al Creador. Así que es el Creador que reside en cada uno de nosotros el que puede descubrir al Creador que está en Todo. !Que es todo cuanto hay! Id fuera, a la huerta, al jardín, y descubrid desde el Creador que sois, al Creador que está en toda su Creación.”

Y eso hicimos. Sin hacer la oración salimos al huerto y nuestra oración fue en movimiento, sin palabras, cada cual elevando una plegaria con el corazón a los reinos del Amado entre las flores. Entre el zurrir de las abejas como éxtasis entre tanta belleza, entre el esplendor de la Gloria. Entre tanto orden,armonía y destreza se presenta la magnificencia Creadora en la plenitud de la primavera. La mano del Hacedor por doquiera.

Transcribo mis observaciones tras dos horas de paseos, de reflexiones entre las flores,  las comparto sabiendo que es imposible abarcar tanta belleza, tanta sugerencia de formas, colores, perfumes de azahar y nuevos brotes para la nueva vida que acontece.

Lo primero que me llama la atención al observar el huerto es como el mismo sustrato, la tierra de la huerta,  se convierte aquí en un limonero, allí en un naranjo, mas allá en unas hierbas… Mismo sustrato pero distintas formas de expresión y de función (de propósito).

Algunas formas de vida primitiva invisibles a nuestros ojos, medran también  el mismo suelo, y otras han evolucionado a formas complejas como los insectos, los pequeños mamíferos, los pájaros, todos se alimentan de lo que provee el mismo huerto. Todos los seres, animados e inanimados que pueblan el lugar, son parte integrante del viaje de la vida.

Y después nosotros que también cogemos algunos frutos o verduras que nos proporcionan los cultivos sembrados en el mismo lugar también para nutrirnos.

Así que todos los “actores”, de un modo u otro, dependen de ese trozo de tierra, de ese mini ecosistema creado por la mente humana,  bajo unas precisas leyes que rigen lo vivo, en un incesante ir y venir, en un constante reciclado de la materia.

Pero advertimos una clara diferencia. El ser humano también necesita de ese sustrato, pero alzó los pies de la tierra. La evolución le permitió cierta libertad. Animales y plantas quedan constreñidos al medio, que les forja, se aprovechan de él para su desarrollo pero les limita. No pueden abandonar fácilmente su ecosistema. El ser humano, por contra,  puede abandonar el trozo de tierra que le vio nacer. Y en otro lugar generar un nuevo espacio en donde poder desarrollarse en armonía. Sometido al nuevo medio, a la nueva ley,  pero libre a la vez. Como preludio de la total libertad a la que está llamado.

Al observar la cadena trófica, en cualquier ecosistema, podemos concluir que los distintos seres de los distintos reinos se comen unos a otros. Es decir, un ecosistema cualquiera (como este pequeño vergel del maestro) se convierte en  infinitas formas encuadradas dentro del espectro que llamamos “vida” .  Así, cada una de estos elementos que forman el citado ecosistema,  toma del sustrato convertido en otra forma (según su ley particular dentro de la cadena)  con lo que sostiene la suya y así en un interminable ciclo. Tras la extinción de cualquier forma (bacterias, virus, plantas, animales, etc.) todo se insertará en el medido y vuelta a empezar.

Advertimos también que, incluso algunos seres muy alejados entre sí en el proceso evolutivo,  aunque se alimenten de los mismos materiales, ninguno de ellos acaba convirtiéndose en el otro. Así que no importa lo que cada especie coma (tome del medio) no acabará por transformase en la otra. Por ejemplo el díptero Ceratitis Capitata (la temible mosca de la fruta) que se nutre y vive expensas de los sabrosos frutos del jardín del maestro, así como nosotros que también lo hacemos, no acabamos convertidos el uno en el otro. Cada forma sigue un modelo de desarrollo aun a pesar de que pueda tomar  del medio idénticos materiales.  Lo que indica que cada naturaleza sigue una determinada ley, y que se mueve en unos márgenes estrechos de los que no puede salirse. Lo cual demuestra, a nuestro entender, cierto grado de consciencia, de orden y ¿para que? o ¿por parte de quién? Hablando de estos  márgenes estrictos para cada una de las especies, podemos poner como ejemplo  la “enfermedad de las vacas locas” (enfermedad de Creutzfeldt Jacob), cuando la avaricia desmedida del ser humano provoco un tremendo shock a nivel planetario  con cientos de muertos. ¿Porqué? Se alimentó a las vacas con desechos de sus propios congéneres.  Un material este muy alejado de la propia naturaleza de estos rumiantes.

Como dije antes, entiendo que detrás de todo esto se atisba un orden,  memoria (genoma) que sostiene a cada especie dentro de unos parámetros biológicos y por tanto consciencia, ¿como es que se atisba en todo el Universo conocido y sin embargo solo nuestra especie es capaz de percibir este hecho (al menos en esta zona del Cosmos)? Somos seres conscientes. Los únicos, y ese don es la diferencia esencial con todo lo creado.  Si somos seres Conscientes, es porque existe la Conciencia. ¿ Se alimenta ésta de algún material específico? Desde luego no se alimenta de materia pues toda surge del mismo sustrato del que hablamos y sin embargo los demás seres que conviven con nosotros, y muchos de ellos con millones de años de evolución anteriores a nosotros, y no percibimos nada parecido a este don que nos capacita como lo  que somos. Luego la materia no es consciencia, y sin embargo en toda ella se atisba el orden. Tremenda paradoja.  Entre las flores y las hierbas, entre tanta variedad y hermosura,  vino a mi memoria una frase muy repetida por él en el trascurso de estos años: “En todo se esconde y en todo se desvela…”

Luego la Conciencia es algo distinto de todo lo creado, alejado de toda manifestación. En la Tradición Sufi decimos que es un regalo cedido, insertado en eso que llamamos “vida”. Así como la vida es un regalo cedido a la materia.

Continúo con el paseo y observo algunos especímenes con serias dificultades para vegetar y más aún para fructificar. El ciruelo de la variedad Reina Claudia y el manzano Golden se ven muy limitados porque los inviernos en estas latitudes son muy cálidos, cada vez más.  Por tanto los árboles no pueden descansar lo suficiente pues no se cumplen las suficientes horas-frío en el invierno para que se produzca un descanso adecuado que permita una exuberante  primavera.  Este es un medio hostil para ellos. Este huerto es una creación humana. Y el ciruelo hará un intento por sobrevivir a esta creación a pesar de no ser su medio adecuado. Sin embargo un bosque primigenio es obra Creadora directa.  Allí se atisba un orden superior, fruto de un largo proceso evolutivo “consciente”.

Me llama la atención que el medio donde nos desarrollamos es crucial para nuestra evolución; debe permitirla y permitir también, en la medida de lo posible, el desarrollo armónico de otros seres. Lo que nos acontece en un medio determinado es creación nuestra. Observemos el medio y corrijamos el rumbo. Pues al igual que con nuestra acción modelamos el medio, en la misma medida nos modelará a nosotros. Por ejemplo, la utilización masiva de pesticidas sobre un huerto buscando la supuesta “salud” de los frutos, impide el desarrollo armónico de otras formas de vida. La vida da paso a la supervivencia. El medio lo hemos vuelto hostil para la mayoría de la fauna y de la flora. Y él se vuelve hostil hacia nosotros cuando ingerimos los “supuestos sanos” frutos.

Observamos la magnificencia e infinitud de la obra Creadora. La dependencia e interrelación de  todo lo creado. De un mismo sustrato, la tierra del huerto, infinitas formas crecen bajo su abrigo. Lo que me recuerda el principio de Unicidad Absoluto, el Tawid de los Sufis. Todo es Uno. Y si lo prefieres también puedes verlo como el Uno manifestado en Su Diversidad.

Todo está llamado a alcanzar el culmen de su naturaleza , y a aceptar el declive y su fin. El ser humano, como soporte material también está llamado a este mismo final.  Sin embargo, esa Consciencia de la que hablamos, la Realidad Esencial que habita este soporte, tiene otro fin, que no es más que la fusión con todo cuanto es de su misma naturaleza. Imperecedera, inmutable y eterna.

Observamos con que claridad y precisión todo se manifiesta y cumple un propósito. Es el bisturí del Hacedor generando un trabajo de precisión. Asimismo, el ser humano, el elemento en el que se incardina Creador y Creación, debe asumir que cumplir con el propósito requerirá de claridad y precisión, de rotundidad y corte de bisturí. Por eso se nos recomienda cumplir escrupulosamente con cada momento del desarrollo. Y acabar cuanto empezamos para obtener el Conocimiento implícito en esa acción, o periodo de aprendizaje.

El emerger de la vida en el mismo sustrato, viajando por distintos reinos y expresándose en infinitud de formas y aún a pesar de la exuberante manifestación, no hay forma de definirla ni atraparla.  Extinguida la forma, la vida no desaparece, pues se muda hacia otras manifestaciones. Se extingue la forma pero la vida continúa, pero necesita siempre de un sustrato para expresarse. El biólogo tras profundizar en la materia se queda sin vida. Como decíamos antes es un regalo cedido a la materia. Y la Conciencia, un regalo cedido a la vida como un desgajo del Poder Creador.

Por último,  observando el juego de sombras y luces generado por la penetración de la luz solar entre las ramas, dibujando la diversidad, haciéndose visible cuando se refleja en los objetos, creando a la vez la sombra, o zona donde no llega a proyectarse. Esto me recordaba la ignorancia del ego apartado, alejado de su propia luz. De su Esencia. La Luz de la Divinidad.

Y así transcurrió la tarde entre olores y colores. Entre luces y sombras, agradecido por esta magnífica visión de cuanto me rodeaba. La mente puede expandirse sin límites, siempre gracias a la guía del Maestro, lo que nos permite alzar la mirada y salir de la cárcel  de los límites del ego.  Y de nuevo volvió a mi recuerdo la misma frase: “en todo se esconde y en todo se desvela…”

 

 

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