Sobre la naturaleza del ego

En la Presencia.

En las reuniones periódicas con el maestro y el resto de compañeros, en muchas ocasiones se nos preguntó porqué estábamos allí, porqué permanecíamos allí. El maestro  respondió diciendo que esperaba que fuera por amor de Dios. Decía que raras veces nos oía dar esta respuesta.

“Por amor de Dios”. Si el amor surge del conocimiento del objeto amado, parece difícil llegar a donde el maestro por este hecho, pues supondría conocerle, y esto es cuanto venimos a aprender aquí. Por lo tanto, la fugaz tentación  de responder “por amor de Dios”, en la fase de ignorancia, supondría un autoengaño. En todo caso el individuo amaría a un “ídolo”, a una idea preconcebida de La Divinidad. Podría ser que amara el arrebato emocional que le supone la sola idea del amor de Dios. En definitiva, en las fases iniciales, cualquier respuesta sería ciertamente comprometida, cuando no herética. No obstante, en los inicios es mejor responder así, que venir a una tariqa sufi buscando pareja, solucionar problemas personales, curiosear, pues dicen que los sufis andan descalzos por el fuego y demás…

De todos modos, siendo Dios la Única Realidad ¿quien  podría amarse sino Él a Sí Mismo? Dice el maestro que cuando la criatura siente amor de Dios, es La Divinidad amándose a Sí Misma. Que curioso este juego que para amarse a Sí Mismo, Dios “nos haya metido en este lío”.

Entonces ¿que se interpone entre Dios y nosotros, o entre Dios y Él Mismo? Todas las antiguas tradiciones señalan al ego, el padre de la mentira, como el embaucador necesario para este hecho. Pero ¿de que naturaleza es el ego que tiene la capacidad incluso de velar el amor que Dios tiene de Sí Mismo? ¿De donde surge su poder? ¿Podemos conocerle para someterle, para educarlo y ponerlo al servicio de la Conciencia? Veamos.

Los Sufis afirmamos que Dios es Uno y Único, y también que hemos sido dotados con el don para percibirle o dimensión profética. Él es la Causa Creadora y ha decidido manifestarse, pues es creando como cumple con su deseo de “conocerse” generando lo que conocemos como la multiplicidad. Todo cuanto ha sido creado es portador de la misma Esencia Primigenia.

Cabe reflexionar entonces, si Dios, Causa Primigenia, Causa de todos los efectos posteriores es lo Único existente, la pregunta inmediata sería ¿quien es yo? ¿quién soy yo? Por lo que sabemos y hemos experimentado, un fraude. Ese “yo es que soy así” debería ser una realidad transitoria, un punto de partida, no la meta definitiva. Ese “yo” debería tener las horas contadas, pues siendo cierto que tiene peso, predominancia, argumentos, pero nos hace sufrir, así que ese “yo” debería responder “soy así pero quiero y debo cambiar”.

Antes de continuar con esta reflexión, quiero dejar claro que muchos argumentos son la palabra del maestro utilizadas por necesidad y por considerarlas más acertadas y precisas que las mías, así que en algunos casos son copiadas literalmente, mezcladas con mis propias experiencias y reflexiones, de modo tal, que parezca un todo que pueda ser coherente y comprensible. Al menos lo intentamos, sin más intención que compartir por pura necesidad, y por obligación también.

Este escrito que debería titularse “Los diez mil rostros del ego”, las mil y una caras de la personalidad adquirida, por tanto necesitaría de mil páginas para describirlas. Así que solo haremos un esbozo con algunas de “esos rostros” que nos permita vernos reflejados.

Entonces somos Esencia Creadora (primer aspecto del total que somos), utilizando un soporte físico biológico (de materia densa, segundo componente) y un tercer aspecto aleatorio, circunscrito a una cultura determinada y a una época concreta.  Esto es lo que conforma el total de  nuestra naturaleza.

De esa cultura heredamos sus conceptos; una moral concreta, una forma de entender el mundo en todas sus  facetas (religión, política, etc.), y con este bagaje, iniciamos un viaje generando experiencias propias en virtud de tales creencias. Esos recuerdos y la imagen del espejo son lo que denominamos “yo”. Aunque no siempre nos percatamos de que todas estas experiencias giran en torno a la necesidad de la preservación del cuerpo físico, empujados por el instinto básico de conservación de la especie. Todas, os lo dejo a vuestro análisis.

Si cada sociedad tiene unas reglas de comportamiento, y en según que casos, algunas creencias están en las antípodas de las otras ¿cual es la acertada? Todas y ninguna, ¿entonces porqué tomamos como verdades absolutas lo que en realidad no es más que circunstancial y transitorio? ¿Porqué nos enfrentamos por defender ideas condenadas a entenderse? ¿Porqué tratamos de imponer criterios si los unos y los otros están decididamente convencidos de que “su Realidad” es la única y verdadera?

Así que nuestra personalidad es hija de la transitoriedad, nuestros recuerdos frágiles y esquivos, y nuestras experiencias (generadoras de conceptos asumidos como verdades absolutas), son fugaces como un destello en el agua pues se basan en lo meramente circunstancial. En poco tiempo, lo que hoy creo que me es útil, mañana probablemente no lo será. Lo que antaño fue bueno, hoy ya no lo es tanto. ¿No hemos aprendido todavía? Por no hablar del cuerpo físico, degradándose continuamente, en un perpetum móvile, entre la construcción y la destrucción hasta la decadencia funcional que llegará para todos sin excepción.

Así que, como vemos, el ego es inestable, transitorio y fungible. Su sustrato es la ignorancia y su modus operandi: la negación al cambio. ¿porqué? Porque como decíamos antes, juzga como verdad absoluta lo que es circunstancial y relativo. Hay otro aspecto con el que nos será fácil identificarle, y es su negación a cualquier estructura. En términos de evolución espiritual, se niega con fuerza a sostener una estructura mínima, o un continente en el que se nos ofrece un contenido que es el que nos permite progresar. En toda actividad humana, y no solo en lo estrictamente espiritual, hay una norma a seguir, unas pautas para el aprendizaje. El ego ignorante sueña con el contenido sin aceptar continente alguno. Es una vana ilusión. Dice el Maestro de vez en cuando: “si me pides agua, ¿quieres decirme como te la ofrezco sin continente alguno?

Pero ¿porqué sucede esto? Desde el inicio de nuestra vida se nos alimenta, se nos cuida, se nos enseñan comportamientos adecuados de higiene, todo para preservar nuestra integridad física. El individuo crece con unas costumbres entre los márgenes concebidos como adecuados para tal fin. La fuerza de la costumbre genera determinados gustos como los que cada cual atesora en relación a la comida, por ejemplo. Pero también se “nos protege” del mal con una “educación acertada” en cuanto a la moral, la religión, la política, etc. Con igual fin. Te damos lo mejor y más adecuado para ti, para que puedas crecer (y seguir perpetuando nuestras ideas). Siendo que es el entorno más cercano, los padres, el colegio, los amigos, los vecinos, etc. los que avalan estos recursos, pues todos son hijos de la misma sociedad, ¿quien se atrevería a juzgarlos como erróneos? ¡Son la realidad! Mi realidad. Y con ella construyo mi mundo.

Esta es la respuesta. La transitoriedad y  lo circunstancial, hecho realidad. Y de nuevo la terrible paradoja de que “todo es nada”. No se si seremos capaces de asumir este simple razonamiento.

Paz.

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