El encuentro con el Sendero

En nuestra tienda hay un espacio semanal para la meditación. Es un espacio abierto para todos, sin condición alguna, salvo el respeto a las diferentes formas de pensamiento. Todo el mundo ha oído hablar de las bondades de la meditación. Hay un grupo de continuo, que lleva varios años asistiendo de forma ininterrumpida y avanzando en la práctica, en el día a día. Me gustaría comentar algunos detalles sobre la técnica, pero lo dejaremos para otra ocasión. No es esta nuestra intención en este momento. Tan solo puntualizar que la meditación no es una pose, es un estado. Nace como una herramienta que pertenece al núcleo de todas las disciplinas del espíritu. A todas sin excepción. No es “un algo” aparte, sino que forma parte de un todo.

Hemos tenido la suerte de acompañar (por decirlo de algún modo) en este espacio a algunas personas que se acercaron y tuvieron el atrevimiento de quedarse, de seguirnos sin prejuicios; se dieron una tregua antes de juzgar. Y empezaron a comprendernos, y consiguieron avanzar. Es el viaje de la “necesidad”, un pequeño oasis en mitad de un desierto.

Muy de vez en cuando se nos concede la suerte de que alguien, después de mucho tiempo, decide acercarse definitivamente al maestro. Después de leer, de contrastar, de cierto esfuerzo y, generalmente, con un sentimiento encontrado a medio camino entre y la duda y la premura por la necesidad de dar respuestas.

Una vez ante el maestro, la fórmula de siempre. La cortesía, y las preguntas directas. Y el esquema de lo que hacemos. “¿En que podemos servirte? -pregunta el Maestro- ¿Has leído nuestras publicaciones? ¿Nos hemos explicado bien, crees entendernos?  Nuestro sendero es un trayecto aburrido, no caminamos por encima de las brasas, ni  sobre el agua; todo aquí es muy sencillo. Y quizás en esta sencillez estribe su enorme dificultad.”

“Nuestro camino no es mejor que otros, ni somos poseedores de la verdad, de la única verdad. Una cosa si le distingue y es que creemos haberlo limpiado de todo estorbo, de toda distracción y por eso, tal vez, sea verdaderamente provechoso. Estando desprovisto de casi todo (lo superfluo, el rito excesivo, las imágenes, los intermediarios…) creemos que es más fácil acceder al Todo. Pues como decía Juan de Yepes (San Juan), …para venir a poseerlo Todo, no quieras poseer algo en nada.

¿Que buscas, pues? – insiste el maestro-.

(Y esta suele ser la respuesta habitual) No lo sé, no sabría exactamente. Pero siento como una especie de vacío, un sentimiento que no consigue llenar cosa alguna. Hicimos un largo viaje. Estudiamos, trabajamos sirviendo a esta sociedad. Buscamos pareja y formamos familia. Ha sido una vida agradable, sin demasiados inconvenientes. Algunos altibajos, como todo el mundo, pero nada que no haya estado dentro de los cánones de la normalidad aparente.

Pero hay como un sentimiento, como una necesidad de acercarse a algo más profundo que yace en mi interior. Y que pugna por salir. No se si el sendero espiritual es para mi, pero siento que si no lo intento podría lamentarlo el resto de mis días.

Y así concluye todo. Unos se quedan y otros…

Los que seguimos allí, lo hacemos agradecidos por el Conocimiento recibido. Los que llegan son bienvenidos todos. Los que no se deciden, habrá otro tiempo. Y los que después de estar junto a nosotros, y no vieron cumplidas sus expectativas, algunos se marcharon de forma educada y otros no tanto, pero de todo ello aprendimos. Pues como nos recuerda la Tradición: “si tenemos  visión, de todo podemos aprender. Y en todo se muestran los signos del Conocimiento”.

En la Tradición Sufi, todo es equilibrio. Es el camino de en medio. Algunos la juzgan como la vía mística de Islam. Nosotros diríamos que es el propósito de Islam. Es el contenido de la La Revelación Profética, que hereda el ancestral conocimiento, que se nutre de cualquier otra vía donde éste se encuentre, y cuyo objetivo es el Amor. Pues como decía el murciano preclaro Ibn Arabi: “el amor es mi religión y mi fe.”

Cuando un musulmán dice que Islam es Paz, generalmente, lo hace con un sentimiento de profunda desazón, pues tal y como se conoce Islam y el mundo islámico en general, sabe de la dificultad de expresar tal sentimiento, pues quizás presiente que ninguna de sus palabras tendrán suficiente éxito. Pues tantos prejuicios acumulados durante siglos, se han vuelto una barrera impenetrable para aquellos que ven en la sencilla promulgación Muhammadí,  cuando menos, un movimiento aversivo, cuando no un peligro para el occidente “civilizado” o un nido de terroristas.

Una de tantas cosas que aprendí en la Tradición fue a ser crítico conmigo mismo, y a forjar mis opiniones desde una información contrastada, y no solo del lado que más convenga a mi criterio inicial. Cierto es que resulta difícil con tanta información a nuestra disposición, saber en qué lugar buscar para acercarnos a la verdad. Pero es evidente, que sin la búsqueda en distintos frentes, y sin la convicción de estar dispuesto a aceptar el resultado, sea cual sea, no podemos esperar ninguna “verdad” más allá de aquella que se acomode a nuestros intereses o  criterios preconcebidos.

Pero así como cualquier avance científico significó en su momento una catarsis, porque se enfrentó a la férrea barrera de lo establecido, si finalmente tuvo éxito y  estamos donde estamos, es porque la verdad, o lo novedoso, nos ofrecía mejores soluciones, y terminó por imponerse. Parece que todo está en permanente revisión. El ser humano y sus dificultades para avanzar.

En este momento de la historia de la humanidad, (como en todos, bien mirado) creo, nos encontramos acuciados por la necesidad de entendernos y de dejar de tratarnos como enemigos cuando se trata de dirimir las diferencias ideológicas o religiosas, seguimos con demasiadas barreras, demasiados obstáculos para el entendimiento. Quizás porque las premisas anteriores de sincero deseo de encontrar la verdad, o la paz, no anidan todavía en nuestros corazones.

Pero si la religión fue, y es, el opio del pueblo, no es por lo que propone, sino por quienes en su afán de afianzar sus criterios, o de imponerlos, o por sus deseos de poder o cualquier otro oscuro anhelo, han hecho de ella un algo inservible. Por no hablar de los intereses económicos ocultos desde sectores alejados de la religión, pero que la usan para sus fines sin ningún pudor. Y derivado de todo ello,  surge esa corriente de laicismo y de materialismo que tanto nos aleja de la comprensión del fenómeno. Y por tanto de la Paz, pues entre todos tejemos la telaraña de la existencia, y sin el esfuerzo de todos, será imposible el entendimiento.

El respeto hacia cualquier opción religiosa, se basa en un hecho incuestionable, y es que la libertad de decidir, en cualquier ámbito, es patrimonio del ser humano. Y cuando hablamos de los mundos del espíritu, todas ellas, comparten un poso de amor que dimana desde su comprensión del Creador. No debiera por tanto la confusión llevarnos a error cuando hablamos del amor de Dios, y a la vez, ensalzamos nuestros criterios y dogmas como únicos y verdaderos. Pues ¿cómo cabría Dios en un único  credo en detrimento de los demás? ¿No parece más razonable que ese Dios Creador, lo que ha hecho ha sido mostrarse en distintas lenguas, y profetas, según la necesidad de la época y el idioma de las gentes hacia los que iba destinado el mensaje?

En cuanto a los no creyentes, cuyo criterio es justo y fue también el mío durante mucho tiempo (ya escribí sendas entradas acerca del ateísmo en este mismo blog), quizás convenga recordar que todo cuanto toma apariencia, ya sea una bacteria, una flor, o una lejana galaxia, tiene un origen. Una razón de ser, aun cuando se nos muestre esquiva, de momento. Pues ¿como podría ser que en un Universo donde se manifiesta sin cesar la Ley de Causa y Efecto, el Universo entero, en su origen inicial, no dimane de Causa alguna?

En la Tradición Sufi, solemos dirigirnos al Principio Creador, como la Causa Primigenia, desde la que dimanan todos los efectos posteriores, incluidos tú y yo. O ¿acaso la ciencia no está harta de decirnos que todo el Universo surge desde un mismo punto y por tanto, toda apariencia -toda- proviene de ese mismo y único Origen común? Que curioso ¿verdad? como el Universo aparente parece expandirse sin cesar, es decir, separarse entre sí desde los orígenes, y sin embargo, “la llamada” es hacia la Unión.

Rumi nos ilustra: “más allá de tus criterios sobre el bien y el mal, existe un lugar, allí os espero”. La mística como fértil expresión humana, cuya obra ha dado al mundo los mayores ejemplos de inspiración y de unidad de entre todos los acontecimientos humanos. Y que curioso, teniendo entre nosotros al más cercano de los místicos, San Juan, que hayamos ninguneado su legado, cuando no olvidado; pero le suele suceder al ser humano con tanta frecuencia, que no valora adecuadamente lo que tiene hasta que lo pierde. Esto decía: “Entreme donde no supe, y quedeme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”¿ Acaso los más novedosos avances en neurociencia no nos demuestran lo posible de este estado?

Por no hablar de los grandes maestros de la Tradición que en otro tiempo inspiraron con sus ciencias y sus  letras, desde nuestra tierra, al mundo entero. Desde el citado Ibn Arabi, pasando por otros ilustres murcianos, como Ibn Sabain, o Ibn Ricotí, o tantos otros que en otro tiempo fueron punta de lanza de un movimiento cultural propio, del que toda la Tradición Sufi se vio enriquecida, y la mística en general también, y que hoy sigue siendo inspiradora de nuestras palabras y actos.

Los que se acerquen a nosotros, que no esperen espectáculo de luces y colores, les sobrará con la sencilla práctica que dimana del magisterio Muhammadí, de la inspiración de la profunda enseñanza que se extrae del Corán, (de su adecuada interpretación, y estudiado a la luz del contexto social en el que surge) y de la inspiración de todos los maestros de cualquier época, que pusieron el  Amor de Dios, y por tanto el amor entre los hombre, como su principio y su fin.

Decía Rumi a sus coetáneos: “…pero no clames diciendo que todas las religiones son vanas, pues en todas ellas hay un perfume de verdad, sin el cual, no se encendería la fe de los creyentes…”.

Y esto otro también es reseñable.

Heisenberg (premio Nobel de Física 1932) concordaba con Francis Bacon en que “un poco de conocimiento inclina al hombre al ateísmo, pero la profundidad del mismo lleva a las mentes de los hombres a la religión”. Al respecto, el alemán comparó a la ciencia con una copa de creencias: “el primer sorbo de la ciencia te vuelve ateo, pero en el fondo del vaso, Dios te está esperando”.

Supongo que estos criterios desde dos visiones diferentes frente a la religión, son más valiosos que mis palabras. Busquemos pues la Paz, no como ausencia de guerra, sino como un estado de la Conciencia. Y en ese estado, cabe cualquier posibilidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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