Principio de incertidumbre. La gran Duda

No sabía muy bien como titular esta entrada. Tampoco importa demasiado, no es más que un continente.

Hemos mirado la vida, la existencia humana, el cosmos y sus maravillas, y su colosal dimensión. El mundo de lo pequeño, la vida microbiana, las partículas subatómicas y, a primera vista, observamos una infinita exuberancia, una fastuosa diversidad. Innumerables formas de vida, sus peculiares maneras de relacionarse entre ellas y con el medio en el que viven. Y también la materia, sus diferentes formas y estados, incluso, de una misma sustancia. Por ejemplo el agua. Y en medio de tanta diversidad, una constante; nada se repite, todo es diferente. Es como si, a pesar de todo, la diversidad quisiera mostrar también un principio; es el de Relevancia. Todo parece importante, porque todo parece cumplir con una determinada función.

Movimiento incesante, Perpetum Móbile, aún en la aparente quietud. La visión de un mar en calma esconde el pulso ajetreado de la vida submarina, sus incontables seres y sus interminables ciclos. O en la ordinaria apariencia de un montón de compost se esconde una azarosa vida bacteriana que se  mueve convulsa en su interior. Y en el fluir interno de la vida en un organismo vivo, y  también en ti.

Y la relación, la conexión entre todo, entre los seres vivos, la cadena trófica, y entre los miembros de la misma especie. Entre lo vivo y la materia circundante. Entre todos los reinos. Entre la tierra y el resto del universo. Una relación de interdependencia, de depredación, de necesidad vital, afectiva, de intercambio de fluidos,  materia y energía. Relación, contacto e intercambio. Una dulce mirada, una suave caricia, el estertor de la presa en la boca del depredador o la fuerza incontenible de un huracán arrasando todo lo que contacta.

Acerca de la materia y sus formas, dice Einstein que es energía. Organizada de un modo complejo. La vida sin embargo, estando estructuralmente formada de materia, depende de si misma, en relación con otras formas y con el medio.

Si la materia es energía, cabe preguntarse que es la energía. O que sabemos de ella. En principio podríamos asegurar que no se manifiesta si no es a través del movimiento. En forma de transferencia de un cuerpo a otro, desde un estado a otro, como lo que ocurre cuando la electricidad atraviesa una resistencia que entonces se convierte en calor. O la luz del sol que a través del fenómeno conocido como fotosíntesis es capaz de convertirse en energía química, contenida en los alimentos por ejemplo. También sabemos que responde a una ley llamada de conservación, que dice que no se crea ni se destruye, simplemente se transforma. En definitiva movimiento.

Y la vida? En alguna ocasión ya dijimos que cuando la observamos y bajamos de magnitud acaba por zafarse, se escapa entre los dedos. La mínima expresión de la vida es la célula, pero observados minuciosamente sus componentes no son más que compuestos químicos, complejos eso sí, pero formando un todo tras la membrana celular, sin la cual, no habría vida. Así que a nivel molecular, desapareció la vida.

Y la materia, al profundizar en ella, nos quedamos sin nada sólido. A nivel atómico todo es movimiento, vibración. Energía pues, y esta se transformó en materia y luego en vida.

Pero, ¿como y cuándo decidió organizarse de este modo? Para hacer crecer aquí un océano, allí el Everest y acullá una manada de elefantes. ¿Como ocurrió?

Es como si detrás de este periplo se escondiera una gigantesca Voluntad (a tenor de la manifestación), una intención articulando la opción de mostrarse sin cesar, dentro de ese perpetuo movimiento. ¿Pero de quien es esa voluntad?  ¿A quién pertenece? ¿Es consciente?

Al caer la noche, en busca del reparador sueño, ¿quien dirige nuestro organismo? La respuesta primera es que a pesar de nuestra inconsciencia, nuestro cerebro y el sistema nervioso lo hacen. Pero no olvidemos que, a tenor de lo que decíamos antes,  ambos son inconsistentes, no son más que energía en última instancia. ¿Cabe afirmar que la vida tiene la voluntad y la capacidad de dirigirse a si misma? Hasta que muere. Entonces desde luego es inteligente. Voluntad-inteligente, o lo que es lo mismo consciente. De Conciencia.

En el ser humano sucede ese gran milagro. La energía se hizo materia, y la materia atravesó los tres reinos y se volvió vida-consciente. Una voluntad inteligente acabó siendo consciente de que? o para qué? o ante quién? Parece más bien que esa Conciencia (de ahí que seamos conscientes) lo impregnara todo, lo sustentara todo, mas bien, con su voluntad.

Dice la ciencia que todo en el Universo tiene un origen común, esa Conciencia Universal, Inteligencia Causal,  que en términos religiosos llamamos Dios. Pero dejemos a un lado ese término tan esquivo, y que tanto separa a la humanidad. Si podríamos preguntarnos -siguiendo con el desarrollo- ¿que somos en relación con esa Voluntad manifestada o Inteligencia Causal?

Comentábamos antes de esa infinitud de formas, de la diversidad; la multiplicidad de lo fenoménico. Ese incesante despliegue de apariciones y desapariciones. Todo mutando de un estado a otro, de un reino a otro. ¿Porqué esa aparente obsesión por mostrarse para después desaparecer? Y sobre todo ¿para qué?

Y hasta aquí todo es perfectamente demostrable y aparentemente comprensible.

Y, ¿ ante quién?  En un texto sagrado se atisba una respuesta: “No hice al ser humano y a los seres invisibles sino para que Me conozcan”. ¿Conocer a quién? A Dios, a Allah, Brahma…? La cuestión es ¿como lo manifestado, o creado, puede conocer a su Creador, causa de la manifestación? En cualquier creación ¿cual es la relación entre Creador y criatura? ¿Es una relación recíproca? Es decir,¿ambos pueden reconocerse? En la circunstancia humana diríamos que no. La relación es unidireccional. Es decir, nosotros creamos arte, por ejemplo, y nos emociona, incluso emociona a los otros. Además, algunos tienen la capacidad de reconocer  la obra completa de un mismo creador. Los especialistas en pintura son capaces de reconocer a un mismo autor en toda su obra. Pero y la obra creada, la creación ¿puede reconocer a su creador? Desde luego que no. Por tanto esa capacidad de reconocimiento no es recíproca.

Entonces como es que las Antiguas Tradiciones hablan de una relación entre el ser humano (criatura)  y el Creador. Entre la Causa y el efecto.

Relación directa entre ¿Creador y criatura? ¿Como es posible?
Aquí os dejo con la duda. Una invitación a la reflexión. Una gran duda, para una gran fe, que necesitará de una gran determinación.
Quizá en otra ocasión desvelemos el misterio. O tal vez alguien de los que lee este espacio lo tenga claro y se atreva a compartirlo. Ya veremos.

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