Continente y contenido. Dedicado al grupo de Meditación.

Sobre las formas religiosas y el valor del continente.

Que la Paz sea con vosotros.

Dedico esta entrada con todo mi cariño y mi respeto al grupo de compañeros y compañeras que desde hace años nos reunimos en un espacio dedicado a la búsqueda de la felicidad, a través del desarrollo integral. Para todos y todas, mi más sincero deseo de progreso.

La búsqueda del equilibrio, en cualquier faceta del ser humano, es una tarea bastante complicada. ¿Dónde se encuentra esa difusa frontera entre la ebullición permanente del agua y, a la vez, que no se derrame y apague el fuego?

Sidi Said, el Maestro, dice que ha reflexionado sobre uno de sus últimos viajes y comenta acerca del equilibrio entre el uso de las formas y las herramientas y el contenido al que han de servir.

Herramientas con la consciencia de que son tal cosa, meros instrumentos para llegar a un fin, y por tanto pendientes de dejar a un lado llegado el momento que hayan cumplido con su objetivo, que no es otro que el de sostener la consciencia del instante presente y que nos acerca de lleno a la Presencia de la Divinidad en nuestros corazones, por medio de la atención a una serie de formas, de rituales cotidianos. Es un modo de condicionar a la mente para que se sitúe en permanente observación. Primero del mundo exterior, para entenderlo y poder jugar con cierto éxito, y luego situar la atención en el interior, con el fin de saber dónde nos encontramos en esa búsqueda del equilibrio que citábamos antes. Dónde se encuentra nuestro pensamiento, dónde nuestra emoción, nuestros deseos, nuestras palabras y nuestra acción.

Y de otro lado, la reflexión del maestro le lleva, según él, a entonar el mea culpa en tanto que se siente responsable de haber dejado un armazón demasiado ligero. Quizás sea tan ligero el continente, que esté demasiado cerca de dejar fuera el contenido. Es decir, encontrar ese punto medio entre el exceso y el defecto. El exceso que termine con la adoración de la religión, de la forma -ya se nos advierte en la Revelación al respecto: “Comete herejía quién adora a la religión en vez de a Dios”-, y el defecto, que acabe por dejar fuera el contenido, acabando el individuo también por perderse, o por abandonar. La forma es una guía, como decíamos arriba, un soporte hasta el momento de abandonarlo. El único objetivo de la Religión es este: el de desvelar a Dios en tu corazón.

Por la propia dinámica de funcionamiento del cerebro, la mente del ser humano se dispersa con facilidad. En todas las disciplinas del espíritu se cuenta con ello. En el Bhagavad Gita ya se cita este hecho cuando Arjuna responde a Sri Krisna, tras presentarle su propuesta para alcanzar el estado de Yogui, que él no se ve capaz de dominar su mente, que se encuentra siempre dispersa, siempre en danza, en un movimiento incesante. A pesar de ser un gran guerrero y un hombre dotado con diversas cualidades que le convierten en el más querido de los hombres para Sri Krisna. Así que no es nada nuevo. La oración repetida durante el día acompañada de la reflexión y el silencio, las diversas técnicas de recuerdo de Dios (en la trad. Sufi lo llamamos Dikr), la lectura regular de los textos sagrados (y de los libros de los maestros que han marcado una época), los ayunos periódicos, la relación de continuidad con el grupo, con el maestro, el reparto de los bienes, de cualquier índole, y cualquier otra propuesta del maestro o del grupo, son las herramientas para hacer de la vida un sendero de continua búsqueda de la Trascendencia. Sin que implique, en modo alguno, el abandono de nuestras responsabilidades familiares, sociales, laborales o de otra índole, aceptadas en el pasado y mantenidas voluntaria y responsablemente en este presente. Pues, como decimos siempre, esta vida es tu escuela. Pero el objetivo del aprendizaje, el rumbo cierto, es lo que marca la diferencia. Como decía Jesús de Nazaret: “de qué le vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma”.

“Sin Continente, no hay contenido”.

Y si habéis leído una de las últimas entradas de mi blog titulada “El encuentro con el Sendero”, en ella hay un párrafo que trascribo a continuación:

“Una vez ante el maestro, la fórmula de siempre. La cortesía, y las preguntas directas. Y el esquema de lo que hacemos. “¿En qué podemos servirte? -pregunta el Maestro- ¿Has leído nuestras publicaciones? ¿Nos hemos explicado bien, crees entendernos? Nuestro sendero es un trayecto aburrido, no caminamos por encima de las brasas, ni sobre el agua; todo aquí es muy sencillo. Y quizás en esta sencillez estribe su enorme dificultad.”

“Nuestro camino no es mejor que otros, ni somos poseedores de la verdad, como la única verdad. Una cosa si le distingue y es que creemos haberlo limpiado de todo estorbo, de toda distracción y por eso, tal vez, sea verdaderamente provechoso. Estando desprovisto de casi todo (lo superfluo, el rito excesivo, las imágenes, los intermediarios…) creemos que es más fácil acceder al Todo. Pues como decía Juan de Yepes (San Juan),…para venir a poseerlo Todo, no quieras poseer algo en nada.”

 https://tufuentedesalud.wordpress.com/2018/01/07/el-encuentro-con-el-sendero/

Si no hay continente, no puede haber CONTENIDO. Hemos oído decir esto al maestro hasta la saciedad. Pero qué significa exactamente. En todo el Universo se observa que cada “entidad” (ya sea un cuerpo celeste o una forma de vida) se haya contenida entre unos límites percibidos con claridad. La superficie terrestre es el límite visible de nuestro planeta, aunque su zona de influencia nos lleva más lejos y está cubierta por diferentes capas que nos protegen y  aíslan, cada una de ellas con una función, para que pueda existir la vida en ella. Por encima de la última capa, estaría el espacio exterior.

La célula, como unidad fundamental del fenómeno llamado vida, también está rodeada de una capa externa: la membrana celular. En ella observamos las diferencias básicas en función de si la vida procede del reino vegetal o del animal, con el que compartimos reino. Es como si todo en el Universo necesitara aislarse para poder identificarse como un “algo” en el Todo. Aún cuando esa separación, bien entendida, no es más que una mera ilusión.

La vida, salvo en los seres unicelulares, se organiza a partir de esa célula en estructuras cada vez más complejas, y éstas, a su vez, en otras superiores para formar lo que entendemos como organismo vivo y, de ahí, hasta las diversas especies. Célula a célula, vida a vida, eso es lo que somos. De forma ordenada y coherente. Así es en cualquier reino.

No es nuestra intención dar una clase de Biología, pues no somos expertos, pero sí dibujar un escenario para este desarrollo.

Todos estamos de acuerdo en que todos los procesos de aprendizaje están, o deberían estar, mediados por la emoción. Ésta es el motor que nos permite aprender. Lo que nos gusta, nos mantiene despiertos y abiertos, y así aprendemos y grabamos con mayor facilidad. También aprendemos a partir del peligro o a través de un acontecimiento doloroso. Pero de nuevo la emoción (aunque en este caso contrapuesta) nos “obliga” a aprender. Pero este aprendizaje estaría relacionado, al menos inicialmente, con el proceso que nos permite mantener a salvo nuestra integridad física. “El gato escaldado del agua fría huye”.

La modificación de la estructura del pensamiento, ese es el principal trabajo de cualquier vía iniciática. Se conduce al discípulo, a través de unas herramientas, a consolidar un estado de la conciencia que le permita ser consciente de sí mismo, de sus características, de sus dones fundamentales, y de sus carencias o dificultades por desarrollar. En definitiva, a hacerse responsable de sí mismo. Con todas sus consecuencias.

Este proceso de acrisolamiento pasa, principalmente, por la revisión de sus creencias, por la validez, o no, de sus conceptos, pues es a partir de ahí que elabora su discurso y genera su acción o inhibición. Y de este hacer o no hacer surgen unas determinadas consecuencias. El Universo no es neutro. Lo que siembras, recoges.

Nuestra vida está llena de enormes complejidades, fruto de la sociedad en la que vivimos. Tanto más compleja cuanto más tecnificada. Lo cual indica que algo falla. Lo que nació para hacernos la vida más fácil, en según qué aspectos, nos la está complicando. Pero esto es lo que hay. Es evidente que hay demasiada información, (más exactamente noticias y opinión) en todos los campos del saber humano. Incluso contrapuesta. Información contradictoria. Defensores y detractores de una misma idea los hay en cualquier extremo.

Finalmente, cómo saber dónde se encuentra “la verdad”. O ¿cuál es el camino más adecuado? ¿Hacia dónde debería dirigirme? ¿Quién es válido acompañante de viaje? ¿Debo viajar? ¿Solo, acompañado? …..

La conclusión es que, finalmente, cada cual debe emprender su ruta a partir de aquello que comprende, estando abierto a la modificación si fuera necesario. No queda más remedio que escoger y probar y, a partir del resultado, corregir o seguir hacia adelante hasta la próxima encrucijada. Es decir, el contraste. Deberíamos escoger por contraste y no por deducción intelectiva, que también puede ser circunstancialmente, pero sin contraste, no hay posibilidad de escoger adecuadamente. Hasta que no recorremos al menos una parte de cualquier sendero, no sabemos qué se nos muestra. En este punto cabe recordar las famosas palabras de Alí –yerno del profeta- que decía: “No podrás creer en nada, hasta que no sepas porque crees en lo crees, hasta que no alcances a comprender de donde viene tu punto de vista…” lo que sigue ya lo sabéis.

Luego en nuestro viaje por cualquiera de las dimensiones que conforman el ser humano y, principalmente, por la dimensión Trascendente, debería hacerse con la menor carga posible, con el equipaje más liviano. Con la menor carga conceptual previa posible. Pues como dice el Maestro: “si traes tu cesto lleno, ¿qué podremos poner en él?”.

El viaje hacia la Trascendencia solo puede ser desde la misma Trascendencia. ¿Pues cómo podemos viajar a lomos de algo que no tiene la capacidad suficiente -entiéndase con el ego, de naturaleza animal-? Estoy convencido de que a todos los que leemos esta misiva se nos concedió el don del despertar inicial y hemos comprendido cual es el fin. El objetivo es alcanzar el propósito existencial. Aquello de nosotros que desde antes de la Creación ya estaba Ahí. Siempre ha Estado Ahí, en ti y en mí. Así que semejante labor, que nos llevará una vida entera, requiere de claridad de ideas, de apertura de mente y de no rendirse jamás. Y un hueco para la incertidumbre. De ahí la recomendación de un liviano equipaje.

Si todas las religiones se erigen como “la Verdadera” es evidente que algo falla. O bien no han entendido, o bien se han estancado. Lo que sí creemos conocer son los puntos en común que tienen todas en su faceta trascendente:

  • Todas hablan de un Principio Creador. Irrepresentable, Omnisciente y Eterno.
  • Todas establecen a través de un rito particular, un vínculo de encuentro directo entre el Creador y la criatura. En el inicio es una forma común y reglada. Después la formalidad se ira diluyendo conforme la criatura avance y comprenda, hasta llegar a la relación mística, o a donde Dios quiera. Donde todo lo aprendido se convertirá en un estorbo.
  • Se practica el bien, y dejamos a un lado el mal, no como algo de lo que hay que huir, sino porque dificulta el encuentro. Y en todas ellas se formula en este sentido. Pero la razón debe asistirnos en este proceso. Todo se nos concedió para el disfrute (pasajero) y el aprendizaje. Pues bien y mal para el que ha conseguido ver, no tienen sustento. San Juan decía: “aquel que llega al final, es para sí mismo la Ley”.
  • Todas hablan de la Misericordia Divina (del Rahma de Allah que dirían los musulmanes), de la Compasión. Pero sabemos que no hay más misericordia que aquella que emana de una persona misericordiosa. Así que repartimos los bienes entre los menos afortunados. Los materiales, o los intelectivos, o los de cualquier índole. Pues sabemos que todo proviene de Dios y tan solo somos usufructuarios de aquello que se nos concede. Con el esfuerzo por medio de la criatura.
  • Todas proponen algún método para la depuración orgánica, así como para la revisión profunda de nuestra vida. Todas poseen ciclos a lo largo del año para este fin. El ayuno es la propuesta más universal, donde además se insta a aprovechar este tiempo para la revisión de nuestra vida. Y con ello la oportunidad de corregir el rumbo si fuera necesario.
  • Todas  proponen el viaje o la visita a los Santos Lugares donde si inicia la Revelación.
  • El sostenimiento en armonía y constancia con estos principios es el fundamento para alcanzar la Paz. Y como consecuencia, la Felicidad como estado de la Conciencia.

Toda esta simplicidad no comulga con la idea del rito excesivo. De la acumulación de fetiches, de información sin contrastar, de santos a los que adorar o de imágenes que venerar. De símbolos que turben nuestra razón y nuestra emoción. Todo ello puede ser, puntualmente, un escalón, un apoyo, pero no puede ser una carga más para el camino. No puede convertirse en un entretenimiento que distraiga la atención del buscador, le enrede en el sendero y termine por perderse.

En la Tradición Islámica se estudian los 99 nombres de Allah. Cada nombre es una característica positiva atribuida al Creador y que el devoto, al que se nombró con cualquiera de ellos, sabe que tiene que realizar, en sí mismo, a modo de aspiración. En los templos del Islam no hay imágenes de santos, de hombres o mujeres, del Profeta, ni por supuesto de Dios. Todo es armonía, todo son matemáticas en la belleza y forma de los arabescos. En esa geometría sagrada que turba  solo con verla, pero que debiera recordarnos la belleza Creadora, su armónica y ordenada manifestación y su no principio, ni fin.

Ilustro este escrito con esos ejemplos del Islam porque tienen esa razón de ser última. Todo lo atribuible es a Dios, todo proviene de Él y a Él regresa. Aunque la mayoría de sus practicantes no comprendan ese significado trascendente, o no comulguen con esta visión. Esto me recuerda a la Santa de Ávila, Teresa de Cepeda, cuando decía”… sólo con Dios basta”. Y este otro poema suyo:

       “Cuando el dulce Cazador

          me tiró y dejó herida,

         en los brazos del amor

         mi alma quedó rendida…”

“Rendida ante Dios”. Todo es Dios, todo es en relación con Dios, toda alma pena por Dios. Este es el principio y el fin. No hay intermediarios, no hay imágenes, no hay signos, símbolos, ni nada parecido. Y eso es lo que pretendemos trasmitir. Todo se reduce a trabajo, esfuerzo en la renovación, todo dentro de lo razonable, aún lo más esotérico. Sin distracciones. Haciéndote responsable, en definitiva, de ti mismo.

Así que cualquier símbolo, o simbología, nos distraerá. No sé qué comentábamos el otro día acerca de la verdad que para algunos representa el símbolo que sea. Nosotros no desmentimos ninguna verdad. No nos corresponde a nosotros juzgar el estado interior de un individuo o de una colectividad completa. Pues sabemos que cada parada es un estadío necesario. Pero también sabemos que hemos pasado por diferentes etapas y estamos seguros que todo va a pasar. Por tanto, ¿Qué de verdad hay en algo? Todo está en tránsito, a eso nos referimos.

 Pongamos un ejemplo. La esvástica Nazi.

La esvástica tiene una larga historia. Se usaba al menos 5.000 años antes de que Adolf Hitler diseñara la bandera nazi. La palabra “esvástica proviene del sánscrito svastika, que significa “buena fortuna” o “bienestar”. El motivo (una cruz en forma de gancho) aparentemente se utilizó por primera vez en la Eurasia del Neolítico, quizás para representar el desplazamiento del sol en el cielo. En nuestros días es un símbolo sagrado para el hinduismo, el budismo y el jainismo. Es común verla en templos o casas en India o Indonesia. Las esvásticas también tienen una historia antigua en Europa, ya que aparecen en artefactos de culturas europeas anteriores al cristianismo.

El símbolo resurgió a fines del siglo XIX, después del extenso trabajo del famoso arqueólogo Heinrich Schliemann, quien descubrió la cruz en forma de gancho donde estaba la antigua Troya. Schliemann la relacionó con formas similares halladas en piezas de cerámica en Alemania y su teoría fue que era un “importante símbolo religioso de nuestros antepasados remotos”. A principios del siglo XX, la esvástica se usaba mucho en Europa. Tenía numerosos significados. El más común era un símbolo de buena suerte y augurios. Sin embargo, el trabajo de Schliemann pronto lo continuaron movimientos para quienes la esvástica era un símbolo de “identidad aria” y orgullo nacionalista alemán. Esta conjetura de la ascendencia cultural aria del pueblo alemán probablemente sea uno de los motivos principales por los que el partido nazi adoptó formalmente la esvástica o Hakenkreuz (en alemán, cruz en forma de gancho) como su símbolo en 1920” Fuente: Enciclopedia del Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos.

Así que lo que la esvástica representa para los budistas (se puede ver en numerosos templos o lamaserías), fortuna y bienestar, para los nazis era un símbolo Supremacista. ¿Dónde se encuentra la verdad pues?

Aunque Jesús de Nazaret nos dejó un mensaje claro cuando se le atribuyen estas palabras: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, y su única propuesta fue reformar, simplificar la Revelación, pero fue con el profeta Muhammad que la Revelación toma la sencilla forma con la que se puede alcanzar el augurio que nos anunciara el maestro Jesús. La Revelación profética que comienza en los profetas de la Tora, y concluye en el profeta del Corán. Desde la complejidad más absoluta, fruto de la ignorancia de cada determinada etapa social y cultural, de cada grupo étnico, la Revelación se ha ido simplificando y adaptando a cada pueblo, en cada tiempo y en las distintas lenguas. Y eso es todo.

Dios se Revela ante Sí Mismo, y lo demás, un mero juego de apariencias.

Volviendo al principio, el ejercicio de las Ibadat, dentro de la Tradición Sufi, y la puesta en marcha de su contenido concuerdan con los puntos que decíamos en común a todas las religiones (atendiendo a religare). Y en ese sencillo hacer, que ya tiene suficiente dificultad, se encuentran las claves de la evolución en los senderos del espíritu. Pero quien crea que puede tomar de aquí o de allá, a conveniencia, habrá confundido el ejercicio de la sencillez con un más que probable tropiezo a partir de un más que posible engaño del ego.

Espero que estas palabras os sirvan de provecho, después de la reflexión. Que la Divinidad nos guíecon su Misercordia en este Su Sendero, donde todas las almas se reúnen en torno al Amor.

Un abrazo.