Catorce años atrás.

Hoy he revivido un episodio de mi pasado que supuso un antes y un después en mi peregrinar por esta vida en pos de la Sabiduría. Ya veremos que conseguimos. Y es que detrás del mostrador de la tienda uno escucha lo que te cuentan atentamente y cuando se lo permiten (y es muy a menudo), doy mi modesta opinión fruto de mi experiencia. Es cierto que hemos leído algo, pero lo que realmente pesa es lo vivido, lo experimentado.
Hoy un cliente me recordó esta etapa pasada, que como os digo,  ha marcado en cierto modo todo mi devenir en estos últimos 15 años . Y es que después de algunos episodios que empezaban a ser ciertamente preocupantes, de dolores intensos de estómago, derivaron  en el último gran episodio que hizo estallar todas las alarmas y me condujo de cabeza al médico (a los médicos, pues fueron varios). Después de tres días sin dormir, comer, y demás funciones normales de un un ser humano, con un dolor de estómago (aunque me costaba mucho identificarlo, a veces parecía que me dolía también el intestino)como si me hubiese pasado un tren por encima, no me quedó más remedio que aceptar que necesitaba ayuda. Enseguida me enviaron al especialista, hicieron una  endoscopia y una biopsia para detectar la Helycobacter pylori. El diagnóstico:  gastritis crónica.
Me llevé las fotos de la endoscopia y el informe del especialista y se lo enseñamos al médico de cabecera para que recetara. Y así lo hizo, no sin antes decirme que donde el especialista veía una gastritis, él además veía una hernia de hiato. Lo cual consiguió asustarme un poco porque, sin ninguna duda (dijo él), aquello no tenía cura, era para siempre. Me dijo también:
-Este medicamento que te receto es un protector estomacal, Pantoprazol (el principio activo es el omeoprazol) y deberás tomarlo para siempre.

Ignorante de mi le pregunté:
– Y este medicamento ¿me cura la hernia de hiato?

Y el respondió con absoluta  seguridad:
– No, no la cura, pero impide que el exceso de ácidos generados por las células  del estómago te produzcan ese dolor, es decir inhibe la producción ácidos y por tanto “la causa del dolor”.

Es curioso con que facilidad confundimos una  cadena de efectos con la causa. Y decidimos que el primer efecto conocido es la causa real del problema. La erudición tiene ese pequeño (a veces muy grande)  “defecto”.
Me quedé de piedra ante la seguridad de aquel hombre médico (que hace quince  años que no me ve el pelo): “Esto es para siempre”.

Volví a insistir:

-¿Pero no lo cura? Y a pesar de eso tengo que seguir tomando la pastillita.

– Si, claro, en todo caso si va a peor habrá que operar. – ¡Dios Santo¡ Exclamé para mis adentros. Y pensé “quizás tengan que abrir para coser o lo que sea”. Pero lo cierto es que pasaba por un momento crucial de mi vida y  no terminaba de ver claro todo aquello. Así que como llevaba tres días sin vivir (los pasé en posición fetal tirado en el suelo intentando soportar el dolor intenso) , acosado por el dolor, me tomé la pastilla. Y transcurrido el tiempo correspondiente una segunda. Y creo que fue la última. Aquello calmó mi dolor y me dejó pensar. Reflexioné sobre lo que pululaba por mi corazón y mi cabeza. No estaba por la labor de aceptar un diagnóstico médico como si fuera una condena. No entraban en mis cálculos. Intenté encontrar la verdadera causa de aquel dolor, pero en aquel momento no podía ver con suficiente claridad de donde venía o el porqué de todo aquello. Aunque  si estaba claro que el dolor venía de la hernia, y se agudizaba y corroía con los ácidos del estómago. ¿Como saber si mi estómago producía más ácido  de la cuenta? ¿Quién los había medido? ¿Cual era la medida a producir por mí? ¿Teníamos una cantidad anteriormente medida y ahora una medida  distinta? Nada de esto sabíamos. Lo que  si sabemos es de la necesidad de esos ácidos para la correcta preparación de los alimentos. Suponiendo que segregara más ácidos de la cuenta ¿eso en si mismo es una causa? Eso formaba parte del efecto. Había una causa que producía este efecto, o varias. ¿Pero cual o cuáles eran esas causas que me habían llevado a producirme una hernia de hiato que se agudizaba con los ácidos estomacales?  Desde luego para mi médico de cabezera era más sencillo y menos molesto entender el proceso del modo contrario. Hernia por tanto dolor, por tanto algo para el dolor. Sencillo pero no duradero pues como decimos no hemos actuado sobre la causa. Pero es más fácil y menos comprometido pensar de este modo.

Así que cuando analicé todo lo que, fuera del dolor, la vida me estaba mostrando en aquel momento, de entre todo el panorama que se abría ante mis ojos opté como solución el vegetarianismo, y pasar a la acción tratando de intentar comprender el proceso digestivo más allá de la visión convencional. Mi hermana Rosa, por aquel entonces conoció a un naturista, higienista, vegano. Por mi parte llevaba siete años practicando Kung Fu, en concreto Choy Lee Fut, cuyas raíces filosóficas se asentaban en el budismo. Así que  había conocido algunos maestros chinos del linaje del estilo y maestros  occidentales también,  y todos eran vegetarianos, y no os digo nada de como se movían, la cantidad de cosas que eran capaces de hacer con sus vidas y permanecer activos y alerta siempre.

Decidí emularlos. Pero lo que en un principio era todo ilusión, conforme pasaron las semanas y meses fui observando la dificultad y tuve que estudiar y leer. Estrujar mi visión de las cosas, pues la decisión de adentrarse en el vegetarianismo, según que constitución orgnánica, trabajo, mentalidad, etc., puede ser un misión arriesgada. Pero  fuimos atravesando las dificultades, con mucho dolor, pero nos aportó conocimiento y otra visión del mundo. Hoy podemos decir, sin temor, que la decisión fue acertada aún con los posibles daños colaterales que pudo ocasionar a mi físico (seguro que los ha provocado, pero es el precio del conocimiento) por haber tomado una decisión como esta. Por pura intuición lo hicimos, cosa que no recomendaríamos a nadie hoy, pero tuvo que ser así para que se me mostraran los posibles errores y aciertos. ¿De que otro modo sino?

No hago esta entrada para hablar del vegetarianismo. No es demasiado importante. Escribo por lo de la visita de este conocido y cliente de la tienda. Cuando me dijo que al también le habían hecho la endoscopia y la biopsia, pero que él, a diferencia de lo que me ocurrió a mi, había dado positivo en la Helycobater. Curioso porque es la segunda vez, según él, que se la detectan y le dan tratamiento para eliminarla. Dos antibióticos y el protector de estómago durante 10 días. Después 60 días más solo con el Omeoprazol.  También le diagnosticaron una hernia de hiato. Y le conté lo que os he dicho antes, que a la segunda pastilla lancé el frasco a la basura, pues intuía que aquello me limitaba, me condenaba, y no lo acepté. Respondí a un pulso interno, como casi de costumbre en estos casos. Pero no estaba por la labor de ingerir algo sin ningún razonamiento, sino como parte de un protocolo habitual que deja al margen las posibles diferencias, estados, etc., de cada individuo.

El estrés, una mala alimentación, una mala ensalivación, alimentos incompatibles con el momento que pasa el individuo, mezclas incorrectas de alimentos, la famosa siesta después de comer con el estómago bien lleno, con la presión contra natura de la comida y los gases generados sobre el cardias,  y además en el estómago se cuecen las emociones (“se digieren”, que ya lo decía hasta Don Quijote…”que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”). Y nuestros conceptos, “alimentadores” de miedos, prejuicios, y demás lindezas, todo esto y más si que son causas probables para el incorrecto funcionamiento del estómago.

El perfecto y difícil equilibrio entre los distintos fluidos segregados por los distintos tipos de células estomacales ( enzimas, hormonas, neurotransmisores, ácido clorhídrico, factor intrínseco de Castell, etc.) se ha roto por la causa que sea. Causa que solo al individuo que sufre los efectos le corresponde encontrar. Solución: pastillas inhiboras de lo que sea, algo externo a la persona para hacerlo dependiente. Así a ciegas, sin más. Lo normal es convertir a un individuo cualquiera en usuario de por vida de cualquier medicamento (y no digo que en según que casos no sea necesario), pues se lo recomienda su médico, que es el que más sabe.

Los verdaderos cambios, los más profundos siempre se dan con decisiones fuera del alcance de la memoria, del recuerdo, de lo viejo. ¿Como podemos saber lo que necesitamos realmente? Si lo que nos conviene ahora es algo que no hemos hecho nunca ¿como podemos juzgarlo si queda fuera de la memoria, de la experiencia? Así que os podría recomendar de vez en cuando tomar decisiones fuera de vuestro marco de seguridad conceptual, por el que nos movemos siempre, dando un paso fuera de aquello que conocemos. Si acertamos, como sino, habremos aprendido la lección, pero si nos quedamos donde siempre, juzgando con nuestras viejas herramientas será imposible avanzar, pues esa es la naturaleza de la mente. Esa es la naturaleza del ego. Miedoso, esclavo, adicto a las emociones conocidas, de aquí para allá sin encontrar nada que le satisfaga plenamente.

Volviendo al tema del inicio (que me voy por las ramas), el proceso digestivo es de una complejidad tal que es imposible desgranarlo ya seas un simple aficionado como yo, o seas premio Nobel de Fisiología y Medicina. La máquina Ser Humano es de tal perfección que sencillamente abruma. Cada descubrimiento trae consigo su ignorancia paralela. Más sabemos, más ignoramos ¿Alguien tiene alguna duda sobre esto? El estómago (las células epiteliales) puede ajustar sus jugos con una precisión matemática. Como una orquesta en el paroxismo del concierto. Crescendo, pianissimo, dolce, vivace, lento, moderato y otros términos musicales para expresar el ritmo, orden, etc. con el que se mueve esa máquina. Dirigida por la Gran Maestra, la Consciencia.

Cuando ensalivamos y lo hacemos de forma consciente, realmente no sabemos a que dimensión podemos llevar el proceso digestivo. Ajustamos la saliva a los alimentos masticados, su humedad, controlamos la carga microbiana (la saliva contiene lisozima), volvemos líquido lo sólido y sólido lo líquido. Antes de sentarnos a la mesa, también  habremos decidido que vamos a c0mer, como lo vamos a combinar, cocinado o crudo,  etc. Sentimos agradecimiento por los dones recibidos, etc. Es decir, hacemos todo lo que sabemos y que, además, está en nuestras manos. Eso es consciencia, y hasta donde sabemos “la consciencia del instante presente alimenta a la Conciencia”. Y se produce el milagro, se producen los jugos gástricos adecuados que darán paso a un bolo alimenticio en condiciones para la asimiliación de nutrientes posterior.  No tenemos más que hacer, desde donde quiera que esté el alimento hasta que lo tragamos es nuestra responsabilidad, si lo hacemos bien hasta aquí, después todo se hará solo y con éxito. Seguro.

Así que unas pastillitas que limiten la producción de ácidos, que intervengan en el proceso normal de la digestión no pueden ser un arreglo permanente (aunque pueda serlo durante algún tiempo, mientras que tomamos las riendas del asunto, que no son otras que no dejar nuestra salud, ni nada, en manos de nadie). Esta decisión, más bien, alimenta un estado de desequilibrio al hacer creer al individuo que la solución está en manos de alguien o algo externo.

Hace muchos años que no vamos al médico. Esto no es ni bueno ni malo, sencillamente es posible.

El mundo siempre tendrá algo para que te olvides de ti mismo. No lo permitas.

Paté omega 3, omega 6, omega 9…

Se me ocurrió esta receta a partir de la del famoso pesto italiano. Soy vegetariano y una de las preocupaciones fue siempre ingerir suficientes cantidades de los ácidos grasos omega 3 y 6. Particularmente el primero, pues la dieta convencional está inclinada claramente hacia los omega 6.

Antes de comentaros la receta, que por cierto es muy sencilla y extraordinariamente deliciosa, os diré que las fuentes más habituales de omega 3 se encuentran en el aceite de lino y los pescados. También lo contienen el aceite de cáñamo (en proporciones adecuadas, las semillas de chia (en gran cantidad), nueces y semillas de calabaza. Aunque la conversión del ácido linolénico (del reino vegetal)  hasta las formas utilizables por el organismo, es decir DHA y EPA, no resulta ser un proceso muy eficaz. No se sabe muy bien porque, pero lo cierto es que así ocurre. Yo tengo mi propia teoría, pero generaría cierta controversia, lo dejamos para otra ocasión. La otra fuente, el pescado, si es rico en las formas asimilables ¿Por qué? El  pescado ya transformó el linolénico, presente en las algas marinas,  en DHA y EPA . Así que, como soy vegetariano, salto por encima del pescado y voy directo a la fuente, las algas, ese alimento extraordinario que surgió del mar.

Pero aún así, también tomo el linolénico presente en el aceite de lino y sus semillas y en otras en menores cantidades. Importante a tener en cuenta el equilibrio entre ambos ácidos grasos – omega 3 y 6 – pues sabemos que compiten entre ellos, así que deben estar presentes en un determinado equilibrio para que pueda ser asimilado el omega 3. Al parecer fuimos evolucionando con una equilibrio 1 a 1, pero yo prefiero ir hacia proporciones mayores de omega 3.

Así que esta sencilla receta, para hacerla en cualquier momento, puede suministrar una buena cantidad de omega 3 y en unas proporciones adecuadas. A parte de que está para chuparse los dedos. Ahí va:

4 cucharadas de semillas de lino

1 cucharada de semillas de sésamo

2 almendras o 1 nuez.

Aceite de oliva, 1 diente de ajo, orégano o albahaca y un poco de sal marina sin     refinar o  del Himalaya al gusto.

Opcional, aunque muy recomendable, un poco de curry , cúrcuma o jengibre. O un poco de todas ellas a gusto del que lo hace. Aunque se hace muy interesante su uso  puesto que el curry, por ejemplo, es un condimento (generalmente es una mezcla de 7 especies, muy usado en India) que se convierte en una poderosa pócima llena de sustancias antioxidantes y otras  claramente beneficiosas.

Esta es la receta base que luego se puede enriquecer con otras semillas como los piñones, chia o calabaza. Las proporciones son las ideales, podéis hacer más o menos cantidad en función de lo vayáis a comer midiendo con cucharadas  más o menos grandes o con otra medida cualquiera, manteniendo las proporciones. El ajo es opcional, obviamente, y las aromáticas , especies y como no, la sal,  también al gusto de cada uno.

Se cogen las semillas con las almendras o nueces, se introducen en el molinillo eléctrico de moler cafe, etc. Suavemente para no llegar a calentar. En un mortero se pica el ajo (o los ajos, al gusto) y se añade un poco de sal. Se vierten las semillas molidas al mortero y entonces se empieza añadir aceite de oliva poco a poco para ir ligando todo hasta que coge la  textura untuosa que cada cual desee. Se le añaden las aromáticas y las especies, se prueba y se cubre con un film y se meten en la nevera sino se va a consumir inmediatamente, que obviamente es lo ideal, para evitar el enranciado de los ácidos grasos.

También se puede añadir una pequeña cantidad de aceite de lino o de germen de trigo. Y ya está listo para comer este delicioso paté.

Combina excepcionalmente sobre pequeñas tapas  de queso, generando una explosión de sabor. También combina bien (siempre digestivamente hablando) con el pan crudo o en tostadas. Por si alguien no lo tiene claro el pan solo es compatible con el aceite, mantequilla y otras grasas como este paté y con las verduras. El paté también puede ir bien sobre platos de arroz  y con la pasta, a la que dota de un agradable sabor y la enriquece.

Muy sencillo de hacer y  en muy poco tiempo. Riquísimo, nutritivo y económico. ¿Que más podemos pedir? Así que ahora manos a la obra.

Ya me contaréis. Buen provecho.

La ensalada: el plato principal

Escribo este artículo principalmente por mis amigos, conocidos  y algunos compañeros de viaje. En mis visitas a sus casas para comer o cenar, con celebración o sin ella, en repetidas ocasiones he observado la poca importancia que se le da a este plato. Incluso durante varias comidas (o cenas) durante la semana con ausencia total de la misma. En mi opinión es un error de bulto. Y tal y como vivimos, nuestro ritmo de vida demasiado acelerado, sometido a estres permanente, contaminación ambiental, comidas a deshoras, etc.,  es importante no descuidar la alimentación y en ella, el plato principal: la ensalada.

Algunos se sorprenden cuando digo que si me viera en la circunstancia de tener que elegir entre dos platos, sin ninguna duda que, elegiría la ensalada. Obviamente si se prepara como es debido, y siendo esto así,  se convierte en un manjar y en una fuente de elementos nutritivos excepcionales para nuestra salud.

Los ingredientes más conocidos en la ensalada son, obviamente, las verduras. Una ensalada que se precie de llamarse así debería de contar con el mayor número de éstas posible.  El equilibrio se consigue teniendo en cuenta escoger entre  aquellas que crecen por encima del suelo: lechugas, escarolas, coles, coliflores, bróculi, romanescu, col lombarda, tomates, pimientos (rojos,verdes, amarillos), endivias, pepinos, alpicoces. Además,otras menos conocidas pero de sorprendentes sabores como los  canónigos, rúcula, diente de león, verdolaga (esta planta es excepcional), berros, espinacas tiernas (partidas muy finas); y por contra, las que crecen por debajo del suelo: ajos, cebollas, cebollinos, remolachas, zanahoria, colirrábano, rábanos largos y cortos, incluso algunas variedades de nabo como en el caso de la var. “virtudes martillo” que rallada finamente puede comerse cruda, eso si, sin abusar. Como vemos la variedad es extraordinaria y no deberíamos reducir la ensalada al tomate, lechuga, pepino y poco más.

Pero no nos quedaremos ahí. Daremos un paso más  y recurriremos a otros ingredientes de auténtico lujo: los germinados. De alfalfa (quizás el más completo que exista, un almacén de vitaminas, algunas casi exclusivas como la k), bróculi, berros, fenogreco, lentejas, rábano daikon, rábano rosa chino, cebollino, mostaza, nabo, trigo, judía mungo (mal llamada soja verde), lechuga, etc. Semillas convertidas en pequeñas plantas vivas que han transformado las proteínas en aminoácidos y  los glúcidos (hidratos de carbono) en azúcares. Han aumentado sus cantidades de vitaminas (como en el caso del trigo que pasa de tener trazas de vit. C a incrementar su cantidad por 500 veces, a multiplicar por tres  la cantidad de vit. E, e incluso, a doblar su contenido en fósforo, aunque la lista de bondades es interminable), enriquecidos en minerales y con una carga enzimática sorprendente. Y lo más extraordinario de todo es que,  unas pocas horas de luz bastan  para que se produzca el milagro de la fotosíntesis, para vestirse de verde y regalarnos esa sustancia milagrosa, precursora de la vida en este planeta: la clorofila. Recordaros que la clorofila es el equivalente en el reino vegetal a la hemoglobina del reino animal, cuya única diferencia es que en el centro de la molécula hay un átomo de magnesio en el caso de la clorofila o de hierro en la hemoglobina. En definitiva plántulas verdes vivas que pasan a formar conciencia en nosotros.

Iremos más allá, (que ya es dificil) introduciendo también las algas, los vegetales (aunque en la actualidad no se las considere dentro del reino vegetal) mas viejos del planeta. Sabiduría concentrade con millones de años a sus espaldas. No en vano,  son las precursoras de las plantas terrestres.  Hay evindencias de su consumo en humanos desde hace unos 10000 años, aunque con seguridad sabemos que se consumen, por ejemplo en Japón,  desde hace unos 1500 años. Ahora también aquí empezamos a descubrir su extraordinario valor nutricional y culinario. Lo que nos importa es que algunas de ellas como las  Nori, Dulse, Wakame y las espaguetti de mar se pueden comer crudas, tras ser hidratadas y troceadas,  enriqueciendo aún mucho más este plato de por si ya excepcional. En otra ocasión hablaremos de la riqueza nutricional de estos alimentos muy por encima de cualquier otro. Proteínas de altísima calidad sin el inconveniente de las grasas saturadas  de la carne, ácidos grasos poliinsaturados (pués de donde sino iban a ser tan ricos ciertos peces en estas sustancias) e incluso algunas de ellas contienen pro- Vit. B12 como en el caso de las Nori.

Un toque de sabor más tradicional y mediterráneo como los encurtidos, pero no frascos o botes del supermercado, pues están pasteurizados y si no son bio pueden llevar conservantes, etc. Olivas negras o verdes, tallos (el tallo de la alcaparra), alcaparras, pimientos amarillos (de encurtir), pepinillos o incluso el excepcional chucrut para dar toques salados, astringentes y un punto ácidos a la ensalada. Todos ellos mejor elaborados en casa. Ya tengo la boca hecha agua.

Y para rematar la faena el aceite de oliva. Virgen extra bio, el rey de la ensalada. Además es muy interesante añadir aceite de lino, sésamo, germen de trigo, girasol y otros ( no todos a la vez y a ser posible que sean bio) extraídos de semillas oleaginosas para enriquecer con ácidos grasos poliinsaturados omega 3, 6 y 9 además de vitamina E. Generalmente uso el aceite de oliva en gran cantidad y añado tan solo un poco de aceite de lino para enriquecer con omega 3, pues nuestra alimentación está claramente inclinada hacia los omega 6.

Algunas aclaraciones sobre la ensalada tan importantes como la lista de ingredientes. Si os fijáis todo lo citado está crudo. Es decir, una ensalada no es tomate en conserva, maíz de bote, brotes de soja pasteurizados, olivas de bote, atún, espárragos, alcachofas, pimiento morrón y demás conservas vegetales y de pescado de uso común y que también se le añaden. NO, una ensalada es cruda y por eso tomamos una parte antes y durante el plato cocinado. Otra consideración es la costumbre de añadir huevo duro, pasta, queso fresco, nueces, semillas de girasol, arroz cocido incluso, etc.,  todo mezclado (o algunos de ellos).  La ensalada ya hemos visto que es un plato completo por si misma aunque para aquellos que tengan la necesidad de consumir más calorías en forma de hidratos de carbono o proteínas os digo como se hace de forma correcta.

Podemos mezclar nuestra ensalada con un plato de carne o pescado, sin patatas como guarnición. Esta sería una comida proteica sin lácteos. Podemos utilizar los lácteos solos con la ensalada, es decir un plato abundante más el queso fresco, cuajada o yogurt, o varios de ellos, sin pan, patatas, etc. Y por último, y para mi lo ideal,  con los hidratos de carbono como  la pasta integral de trigo, espelta, arroz, arroz y quinoa, etc., ya sea en platos separados o mezclados en el mismo recipiente. La pasta se puede enriquecer si se desea con levadura de cerveza o germen de trigo en el momento de comerla. Sin queso rayado, atún, etc. La otra alternativa arroz integral cocido, con alguna verdura (además de las de la ensalada) como la calabaza, bróculi, etc. Por último, un enorme plato de ensalada con frutos secos como las nueces, almendras, semillas de girasol, piñones, etc. en pequeña cantidad, también configuran un plato completo que se podría combinar con un aguacate, con lo cual estaríamos ingeriendo alimentos todos crudos, a condición de que sean bien masticados y ensalivados. En otra ocasión hablaremos de las correctas mezclas alimenticias, el porque de ellas y algunos ejemplos prácticos, aunque sin querer, aquí ya se han esbozados las líneas maestras que vienen desde el higienismo.

En resumen, no hace falta hacer una ensalada con todos los ingredientes citados. Con los del primer grupo más el aceite sería suficiente, siempre con la mayor cantidad de productos y de la estación correspondiente. Cuantos más productos y de más grupos mucho mejor, obviamente. La cantidad siempre grande, a excepción de personas cuyo sistema digestivo esté deteriorado y lo crudo no termina de sentarles bien. Lo ideal es no añadir sal, ni vinagre. Los que utilizen chucrut sería suficiente para el toque salado, aunque también  quedaría bien una salsa de soja de buena calidad como el shoyu o el tamari (prefiero la primera pues su sabor es más suave). Otra recomendación a tener en cuenta sería la de utilizar la técnica de rallado para casi todo, pero básicamente para las verduras más duras como la zanahoria, remolacha y los nabos. Igualmente quedan excepcional y cambia su sabor (para mejor diría yo) el pimiento rayado, cebolla y pepinos. De esta forma se hace más agradable la masticación, también los niños entran mejor al trapo de la ensalada que tan difícil es para algunos de ellos. Hay que empezar pronto a enderezar el árbol de la costumbre.

Sabores y colores para una nutrición consciente y amorosa. Os recuerdo que las verduras son agua y que por tanto imagináos cuanta información pueden almacenar y que vibración más extraordinaria podemos introducir mientras pelamos, cortamos y rallamos todos los ingredientes. Ensalada cruda, nutrientes sin destruir, vitaminas, enzimas, oligoelementos, grasas y aminoácidos sin alterar, más infinidad de otras moléculas y sustancias beneficiosas para desintoxicar y nutrir (pero de verdad, para paliar el auténtico hambre celular y no el del sentido del gusto, que también) a nuestras células. Además con todo el placer del mundo.

Buen provecho y ánimo.

Concepto de Salud

Creo que cada vez más somos más los que compartimos  el concepto  de  salud que explicaré  a continuación.

Lo que diré no es nada nuevo, es otra nueva posibilidad desde  mi visión como agricultor. Una mirada desde otro ángulo para aportar mi grano de arena en esto de la comprensión de la salud.  La observación  del reino  vegetal, con todo lo que le rodea,  me ha permitido contrastar  y comparar nuestro intestino  (su función natural de absorción de nutrientes) y su flora microbiana asociada, con las raíces de las plantas y los microorganismos que las rodean, sin los cuales, sería imposible la biodisponibilidad de los nutrientes existentes en el suelo. De hecho, las verdaderas raíces de las plantas son esa microfauna especializada,  que se encuentra  envolviendo literalmente a eso que llamamos raíces. He citado esta analogía entre el ser humano y las plantas pero observando con profundidad,  las similitudes son muchas… Aceptando estas  semejanzas,  me atrevería a  decir que cualquier capacidad que tiene una planta también está en nosotros, con sus diferencias de expresión lógicas por tratarse de distintos reinos, pero en esencia (y de eso es de lo que hablaremos a lo largo del tiempo, de las esencias y no de las apariencias) somos iguales. Después de muchos años de observación (y los que quedan, atendiendo a lo lento que progresa uno), mi conclusión es que cuando en mi huerto surge un desequilibrio (eso que algunos llaman plaga, enfermedad, etc., pero siempre algo al margen del agricultor, algo que llega allí para fastidiarnos…) finalmente llego a la conclusión de que no soy capaz de separarlo de mi, del estado por el que paso. Todo lo que expresa mi huerto (orden o menos orden) no es más que para recordarme que es lo que no he hecho bien. Por acción inconsciente o por omisión. En definitiva mi huerto reclama la atención que le debo y lo  que expresa es  mi creación. Pensamientos convertidos en materia. Si mi mente crea  el orden o el desorden en mi huerto (la salud o la enfermedad),  atendiendo a esas analogías citadas antes ¿como no voy a ser igualmente el creador de mi  estado de salud, o de armonía o, en su caso, el estado de desorden?

Así que podría decir que la salud es algo integral, algo holístico, un todo interrelacionado. Nada es aleatorio ni casual. Todo se ve afectado por todo.

Lo que comemos, lo que sentimos (nuestras emociones básicas)  y por encima de todo lo que pensamos, nos afecta. Es decir, nuestros pensamientos son el origen de nuestras emociones y ellas determinan la bioquímica de nuestro cuerpo. Nuestra visión del mundo determina el estado de nuestros pensamientos. Y nuestros pensamientos acaban convirtiéndose en materia. ¿O acaso cuando planificamos nuestra comida (pensamos cual será la materia prima y las posibles formas que adopte antes de comerla) ésta no terminará convirtiéndose en nosotros mismos? La calidad y claridad de nuestros pensamientos determinará nuestra acción. Lo que consigamos crear serán consecuencias, y si lo son, es porque,  necesariamente, han sido observadas  por  nuestros  sentidos. Si se aprecian por los  sentidos, son materia.  O también energía que tarde o temprano termina siendo materia en un interminable ritmo de reciclado permanente. Abre tu mente a cualquier  posibilidad.

Así que para resumir diría que  la enfermedad es un estado de la mente, que acaba creando materia con una determinada vibración. Si esa vibración se aleja del orden que determina la salud, ya tenemos materia enferma.

La enfermedad en realidad no existe, no puede existir, ¿donde está su opuesto? La luz tampoco tiene opuesto. La oscuridad no es el opuesto de la luz. La oscuridad es ausencia de luz, es la no luz. ¿Y como podría ser lo no “algo” lo opuesto de ese algo?  ¿Como podría ser el opuesto del hombre el “no hombre”? Su opuesto y complementario es la mujer. La luz, en si misma, posee esa naturaleza dual como nos demuestra la física,  ondulatoria y corpuscular.

La enfermedad es una consecuencia de nuestra ignorancia, como lo es cualquier estado de desequilibrio. Esa ignorancia es la que nos aparta de la Totalidad.  Dirígite hacia Tí Mismo, allí está la Fuente de tu  Salud. Conócete y acabarás alcanzando la Sabiduría conducente a la Felicidad.