Alegato ecologista

La Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”

Mucho tiempo ha pasado ya desde que el jefe indio Seattle de la tribu de los suquamish (de lengua sioux) escribiera este párrafo en una extensa carta dirigida al entonces presidente de los EE.UU. de América, Franklin Pierce. Esta carta es un auténtico alegato a la vida, a la naturaleza y al respeto hacia todo ser vivo, como paso previo para la perpetuación de la vida en este planeta. Es un ejemplo de equilibrio y sentido común, de matrimonio bien avenido con la naturaleza y con el cosmos.

Ha pasado un siglo y medio desde entonces y el hombre sigue sin reflexionar en profundidad; a cada conquista, a cada nuevo logro de la civilización, le sigue un enorme daño a este planeta, daños algunos de ellos que ya son irreparables y a pesar de que han saltado todas las alarmas, el hombre sigue empecinado en que todo vale en aras del progreso.

Y en esa vorágine de tecnología y de productividad, no se ha librado el mundo agrario. Antaño, el campesino cuidaba de sus campos pensando en que la cosecha le librara del hambre, le permitiera tener un pequeño excedente para sembrar el año siguiente y si todo había ido muy bien, vender o cambiar parte de su producción  por otros productos de primera necesidad o de pequeños enseres y materiales que facilitaran su vida y su trabajo.

La finalidad de la agricultura es nutrir al hombre. La agricultura convencional, agroquímica, donde se utilizan gran cantidad de productos químicos sintéticos, ha aparecido  bajo el pretexto de acabar con el hambre en el mundo. Es verdad que, en un primer momento, la productividad ha aumentado de forma espectacular. Sin embargo, ese modelo agrícola no ha sido capaz de erradicar el hambre en el mundo, aunque la cantidad de calorías en los alimentos producidos a nivel mundial serían suficientes para cubrir las necesidades energéticas de toda la humanidad. Pero lo que si ha hecho la agroquímica es alterar profundamente el medio físico; el aire, el agua, el suelo, y también el medio social agrario.

La agroquímica ha conseguido que la agricultura pierda su carácter esencial, es decir, la transformación de la energía gratuita del sol en energía química contenida en los alimentos. La agroquímica lo que hace es transformar la energía fósil, el petróleo, en energía alimentaria. El conjunto que hoy es la industria agroalimentaria (maquinarias, abonos, pesticidas, combustibles, almacenaje, transporte, etc.) ha convertido lo que fue riqueza natural en mera transformación de energías ya existentes, y además limitada. Para fabricar una tonelada de abono nitrogenado, se necesitan 3 toneladas de petróleo. Por ejemplo, el sistema agroalimentario americano es tan deficitario energéticamente que es necesario aportar 10 Kcal. para obtener 1 Kcal. en forma de alimento.

La agricultura convencional mide la calidad de sus producciones sobre criterios de apariencia exterior, calibre, regularidad de formas, ausencia de defectos, color…. No considera la calidad gustativa y mucho menos, la calidad biológica. La calidad biológica se define como el conjunto de factores del alimento que contribuyen a mantener el estado de salud del ser vivo que lo consume, ya sea el animal o el hombre.

Hoy en día nos encontramos frente a una agricultura extremadamente industrializada que cada vez hace un uso más intensivo y preocupante de productos químicos de síntesis. Este modelo técnico tiende a ser simplificativo, productivista y contaminante.

La producción intensiva conlleva la plantación de enormes cantidades de terreno con un único cultivo, destruyendo hábitats naturales donde convivían los setos naturales, con gran variedad de árboles y matorrales, que albergaban a su vez una variada fauna beneficiosa para el campo. Con este desequilibrio, aparecen las plagas, o mejor dicho, el concepto de las mismas y la necesidad urgente de combatirlas a cualquier precio, muy caro por cierto. Aparecen los insecticidas organo- clorados, organo-fosforados, todos ellos cancerígenos, de efectos mutágenos y de difícil biodegradación, permaneciendo en la cadena alimentaria algunos de ellos durante décadas. Los fungicidas como los carbamatos, triazoles, etc., los herbicidas que son en la mayor parte de los casos de origen hormonal, provocan enormes desequilibrios en forma de mutaciones genéticas, contaminación de suelos y acuíferos, etc. Una inmensa cantidad de productos de síntesis que están llevando al planeta a enfrentarse a un futuro muy incierto. Por lo que respecta a los abonos químicos, en 1840 Von Liebig descubrió que suministrando a un suelo nitrógeno, fósforo y potasio, aumentaba su productividad sin preocuparse del humus, parte viva del suelo. Las plantas absorben las sustancias químicas de los abonos y sufren un desequilibrio que les lleva a un debilitamiento y a la posterior enfermedad y de nuevo los plaguicidas y de nuevo más abonos solubles, y así en una espiral interminable.

CONSECUENCIAS DIRECTAS EN LOS ALIMENTOS DE LAS PRÁCTICAS AGRICOLAS CONVENCIONALES

1. Aumento de nitratos: Los nitratos en un medio reductor como puede ser la sangre, se transforman en nitritos que, con los metabolitos de la sangre, se convierten en nitrosaminas. Son sustancias cancerígenas, e incluso pueden producir la muerte súbita en bebés.

2. Disminución de los oligoelementos: Al multiplicarse por 8 el aporte de nitrato amónico en un cultivo de raygráss se comprobó que el contenido de cobre disminuyó hasta la mitad. Se observan disminuciones de manganeso, hierro, boro, etc.

3. Aumento de potasio y disminución de magnesio y manganeso: Los aportes de potasio originan carencias de manganeso y magnesio. La tetania de las vacas es una enfermedad que puede provocar hasta la muerte, se debe a que estos animales pasta en prados donde la hierba tiene deficiencias en este elemento. Lo curioso es que el magnesio si se encuentra en el suelo, pero la planta no lo puede asimilar por el antagonismo que existe entre este elemento y el potasio.

4. Aumento de fosfatos: El exceso de fosfatos acidifica la sangre y produce descalcificación ósea.

5. Disminución de la materia seca: Los productos biológicos tiene menos contenido en agua que los cultivados en forma convencional reduciéndose  en algunos casos hasta la mitad.

6. Disminución del contenido de proteínas: El contenido en aminoácidos esenciales de las hortalizas de cultivo biológico resultó ser un 35 % superior.

7. Disminución del contenido vitamínico: El trigo biológico contiene 108 % más de vit. B2 y 113 % más deVit. B3.

8.  Residuos de plaguicidas, hormonas, antibióticos: Todo está legislado, todo está permitido, eso si, con una determinada concentración. Sin comentarios.

9. Contaminación de acuíferos, tierras, ríos, mares y océanos.

10. Contaminación del aire, generación de gases de efecto invernadero.

11. Dependencia del sistema. Infravaloración del mundo rural, con el abandono de los campos y las aldeas. Aniquilación de la cultura campesina.

12.  Pérdida irreparable de la biodiversidad, tanto faunística como floral, y de las semillas que han acompañado al hombre desde sus orígenes agrícolas.

13.  Uso de transgénicos. La mayoría de los cereales ya han sido modificados genéticamente.

Y un largo etcétera de aspectos negativos por todos bien conocidos.

Por el contrario, los alimentos procedentes de cultivos biológicos nos ofrecen: menos agua, más vitaminas, más proteínas, más oligoelementos, mejor sabor, mejor conservación y ningún contaminante químico, ni biotecnológico. Es una apuesta del hombre para el hombre. Es una vuelta a la senda del respeto a la naturaleza, a sus ciclos y, en definitiva, al sentido común.

CONSUMO RESPONSABLE

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, la seguridad alimentaria debería estar por encima de cualquier otro cuestionamiento. La verdad es que empiezan a surgir movimientos en torno a la agricultura biológica, asociaciones de consumidores, tiendas de productos biológicos y comercio justo. Cada día se registran nuevas tierras en los Consejos de todas las Comunidades Autónomas; en nuestra Comunidad ya hay más de 50.000Hc. en producción biológica e  innumerables empresas de transformación también sujetas al órgano de control, como almazaras, bodegas, empresas de conservas, zumos, congelados y un largo etcétera.

Así las cosas, cuando consumimos alimentos producidos de forma biológica estamos apostando por la calidad alimentaria, por la seguridad de los nuestros, apoyando una actividad que basa sus principios en el respeto a la vida y a la biodiversidad, apoyando a miles de agricultores que desean vivir de una forma digna y alejados del mercantilismo que todo lo inunda.

Otro enfoque del consumo responsable, estaría relacionado con un consumo lógico, es decir acorde a los ciclos, prescindiendo de algunos productos, ya sea por novedosos o por simple gusto personal. En el mercado convencional tenemos frutas y verduras todo el año; unas traídas del otro hemisferio y otras producidas en invernadero. Al traer frutas en el invierno desde otro hemisferio, estamos haciendo dos cosas mal: una, consumiendo frutas que son alimentos refrescantes en una época que deberíamos tomar alimentos que calentasen, y por otro lado, contribuimos al deterioro del planeta al generar enormes cantidades de gases de efecto invernadero con los transportes intercontinentales y con la quema de fuel-oil para mantener a temperatura adecuada los invernaderos.

Así que debiéramos agruparnos en asociaciones, puesto que la unión hace la fuerza, y por otro lado, consumir la mayor cantidad de productos producidos en nuestro entorno mas cercano, minimizando los costos de transporte, con la garantía mas que probable del contacto directo con los productores y disminuyendo en gran medida la huella ecológica.

Por último, una reflexión más acerca del consumo responsable. Cada vez que comemos carne, aunque sea producida de forma biológica, debemos recordar que en la mayoría de los casos debemos utilizar un mínimo de 5 kg. de proteínas vegetales para conseguir 1 kg. de carne; en el caso de la ternera la cifra llega a ser de 16 a 1. Una hectárea de prados, produce trescientas cincuenta mil kilocalorías de carne, pero podría dar cuatro millones de kilocalorías de trigo. Esto es una reflexión en voz alta, y no una invitación al vegetarianismo, sino una revisión de nuestro comportamiento con los demás y con el planeta. El consumo de proteínas en la dieta, no debería pasar del 15% del total. De este porcentaje el 5% debería ser de origen animal y el resto de origen vegetal. Por no hablar de seguridad alimentaria: antibióticos, piensos manipulados, hormonas, enfermedades de nuevo cuño como la de las vacas locas y un largo etcétera, que cuestionan claramente el consumo seguro de la carne.

Hablar de seguridad alimentaria, supone hablar de consumo bio. Sin duda.

“Herramientas de control sobre el ego”

En la Presencia.

“Al igual que en todo cuanto ha sido creado, todo en nosotros es Sustancia Creadora”. Así empieza el último texto que nos remitió el Maestro para seguir en el proceso. Y de él, extraigo mis propias conclusiones en un esfuerzo de comprender lo que se nos dice. Vamos a ver.

Todo en la Creación es Sustancia Creadora y en nosotros, lo que definimos como materia y lo que entendemos como conciencia, no son más que dos aspectos separados de una Única Realidad. Todo estaba en el inicio, así que Todo es Uno. Tawhid, así es como denominan los Sufis a la ciencia  de la Unicidad Absoluta.

Cuando nos referimos al proceso de evolución en el ser humano siempre hacemos mención de dos planos paralelos; en el ámbito de lo Trascendente solo existe un Único Ser conocedor de Sí Mismo. Decimos que en Su Esencia es incognoscible, inmutable y eterno… En lo Inmanente, en la creación, todo es manifestación fugaz e inconsistente en cuanto a las formas se refiere, pero a tenor de lo dicho por el Maestro, todo ello,  es Sustancia Creadora.

Por medio de una de estas formas el Ser Único se manifiesta con el único objetivo de conocerse en su propia Creación. Si el objetivo de Esta Única Realidad es la auto-observación del Sí Mismo Creador desde esta breve y fugaz creación, de nuevo todo nuestro esfuerzo reflexivo nos conduce hacia el “Conócete”. La criatura, por tanto, para estar en consonancia, solo puede mirar hacia si mismo, tratando de encontrar el Sí Mismo Verdadero.

Si todo es Sustancia Creadora (busco en el diccionario sustancia. 1ª acepción: cualquier cosa con que se nutre  otra. 2ª acepción: Ser, esencia de las cosas. Esta es la que nos interesa), o Esencia Creadora (que en todo ella reside el Potencial Creador) y a la vez Creación, disolver esta distancia es condición definitiva para la evolución.

¿Y que impide esta evolución? O ¿Qué sostiene esta separación?  El ego. El gran mentiroso, nacido de la inestabilidad y de la ignorante educación, se perpetúa en su afán de autoafirmación. Repetimos muchas veces que su gran facultad es mostrarte “realidad” allí donde no hay más que un fugaz instante.

¿Como sucede? Venimos a este mundo con una determinada “percepción” que nos hace únicos. Un soplo de La Divinidad. La inestabilidad material nos obliga a movernos. Y lo hacemos con arreglo a las herramientas adquiridas, conceptos relativos e inestables también. A partir de aquí, nuestras acciones crean un universo único y ficticio condenado a extinguirse como el propio ego. Se extinguirá con él, pero aún no lo sabe. Desde su posición observa su universo particular. Y desde esa misma creación,  también es observado y recibe como efecto en función de su acción.  Observador y objeto observado, crea y recrea su realidad al entenderse separado de todo lo demás.

Decimos que esto es inicialmente necesario (o al menos hasta ahora parece inevitable) y tiene como objetivo crear una determinada singularidad, conocer el mundo ilusorio mientras “juega”, y además, necesario también como elemento de comunicación con el medio. Pero si el ego persiste en su condición de protagonista (los velos de la criatura), puede relegar a la conciencia a un “rincón” de si mismo y obstaculizar seriamente su evolución. De aquí deducimos que somos los creadores de nuestro infierno o de nuestro paraíso.

Luego el eje central del proceso es el dominio sobre el ego, hasta relegarlo por medio de la conciencia, en mero intermediario del Dunia (el mundo ilusorio), como elemento dócil para la evolución, como traductor experto.

Desde la más remota antigüedad, para realizar este dominio y el esfuerzo de reflexión, algunos individuos más avanzados en todas las cultura, comúnmente llamados profetas, establecieron una serie de ejercicios que despojados de exceso de rigorismos (y actualizados en cada nueva época), se convierten en herramientas válidas para este proceso. En nuestro caso, en la Trad. Sufi, son las Ibadat, el Dikr o ejercicios de recuerdo de la Causa Creadora y la presencia del Maestro. El conocimiento profundo que se esconde tras estos ejercicios.

En resumen diríamos que, inicialmente, el individuo genera a partir de los elementos relatados arriba, una determinada singularidad sin ser consciente de ello. Es el “yo soy”. El yo, el ego. Después puede pasar a un siguiente nivel de entendimiento, si las circunstancias son propicias, donde aprende que “Dios o La Causa Creadora,  se encuentra disperso en todo cuanto existe”. Para terminar reconociendo que “Dios se hace diverso en Su Diversidad”.

Termina el texto diciendo que “es desde la Conciencia del Ser Único que podemos adquirir la Conciencia del Único Ser”. Esto me recordaba las palabras de un místico cuyo nombre mi memoria se niega a concederme que decía: “Desde Él, hacia Él, y a través de Él”.

De entre éstas herramientas, la primera de las Ibadat, la Sahada, o acto de fe.  Que significa el reconocimiento de que no hay más que Un Único Principio Creador, y asimismo, proclama la dimensión profética del ser humano, o la capacidad puesta en la criatura para intuir este hecho.  Así es que con esa capacidad de percibir a Dios, es que  somos capaces de proclamar Su Unicidad. Esta capacidad nos hace ser lo que somos. El resto de seres con el que compartimos este viaje, al menos aquí en la Tierra, no poseen tal don.

La personificación de la función profética en Muhammad, Moisés, Abraham, Jesús,  y  tantos otros, no demuestra más que tal dimensión (la capacidad de reconocer la causa que nos Crea)  alcanza su máxima expresión. Se deriva de este acontecimiento  que el ser humano, que la totalidad de la humanidad, está llamada a este hecho, por el don de ser portadores de la Trascendencia. De ser algo, somos la Trascendencia Misma . De lo contrario, toda la complejidad del Universo quedaría reducida a un cuerpo físico, algunas experiencias y la extinción segura de la carne. ¿Eso es todo? ¿Todo se resuelve en Nada?

El ser humano participa de la Dimensión Trascendente, y desde ahí, es que puede proclamar la existencia de esa Única Realidad. Implicaría por tanto el acercamiento a esa Realidad Única a través de dicha capacidad. Como decía arriba, los Sufis lo hacen desde la herencia Muhammadí, a su vez heredera del antiguo legado de la Tradición Hermética.  El Sufismo es heredero directo de tal acontecimiento de carácter universal.  Convendría repasar el Kybalión,  El corpus hermeticum, etc.

Los Sufis no se definen a si mismos como los poseedores de la única verdad, sino que aceptan la existencia de otros senderos de acercamiento hacia lo Trascendente. Entonces,  en lo esencial, otras prácticas deben ser el contenedor de las mismas esencias. Y al comparar con lo más cercano mi atención se dirigió a  la regla benedictina. Estudiar los 73 capítulos de la orden no es el motivo de este escrito sino comparar con la sencilla promulgación profética. El principal mandato de la orden  es el ora et labora,( con lo que deducimos que nuestra cotidianidad no está reñida con nuestra condición Divina)  con una especial atención a la regulación del horario. Se tuvo muy en cuenta el aprovechamiento de la luz solar según las distintas estaciones del año, para conseguir un equilibrio entre el trabajo (generalmente agrario), la meditación, la oración y el sueño. Se ocupó San Benito de las cuestiones domésticas, los hábitos, la comida, bebida, etc. Una de las críticas que tuvo esta regla al principio fue la «falta de austeridad» pues no se refería en ningún capítulo al ascetismo puro sino que se imponían una serie de horas al trabajo, al estudio y a la lectura religiosa, además de la oración. Durante siglos este conjunto de preceptos fue el adoptado por todas las órdenes fundadas posteriormente. (Bibliografía: Regla de los monjes. Francisco Javier Molina de la Torre)

Si nos alejamos de la complejidad y nos situamos ante la sencillez de la práctica, (pues con frecuencia la vía de la sencillez suele ser el camino acertado para proseguir) podemos observar  las similitudes: lo repetitivo de la oración, establecida en unos tiempos determinados,  y una vida sencilla que no nos aparte del objetivo. En lo esencial no hay diferencias salvo que la promulgación Muhammadí, bien observada, tiene un carácter atemporal y universal, es decir, es posible de insertar en cualquier época y en cualquier cultura, si se entienden los contenidos. La regla benedictina rige la vida de una comunidad concreta (como es lógico), y por contra, el profeta afirma que el camino se hace en sociedad y no apartado de ella. Así que el “ascetismo” debe estar inmerso en tu familia y en tu comunidad a la que, de este modo, puedes contribuir con tu evolución a su cambio.

Al observar el fenómeno de la “yoidad”, de su perpetuación en un continente tan inestable como este (dice el maestro que si no fuera por que somos lo que somos, parece increíble la aparición del ser humano en virtud de esa inestabilidad y fugacidad) resulta curioso como la criatura perpetúa su “imagen”, su “yo soy”, en virtud de la estabilidad. Creído que “es eso”, se apresta a estabilizarlo. Busca la estabilidad a toda costa. (Volveré sobre esto).

Un vistazo rápido al proceso de hominización, del paso del cazador al hombre recolector, y al posterior descubrimiento y desarrollo de la agricultura y la ganadería que procuraría a nuestros ancestros cierto grado de seguridad alimentaria, que permitiría los primeros asentamientos estables, y a la postre, la creación de las primeras ciudades, y el surgimiento de la cultura. Me viene a la memoria el antiguo Egipto, con la unificación de diferentes poblaciones cercanas a las riberas del Nilo, y con el conocimiento paulatino de las crecidas de este río, consiguen abundantes cosechas y por tanto cierto grado de estabilidad material que conduce al desarrollo de otras facetas del ser humano. Y la aparición de una vasta cultura que nos sigue encandilando hoy.

(Ya he vuelto). Así que la estabilidad material, en cuanto a que el hombre ya no tuvo que errar sin cesar para conseguir el alimento (de hecho se supone que todos estos asentamientos en la ribera del Nilo se producen huyendo de la expansión del Sahara y de  la pérdida, por tanto, de los territorios de caza) son la causa del nacimiento de estas primeras culturas. Pero la pregunta es ¿porque el hombre no siguió desplazándose?  ¿de donde le viene al ser humano ese afán por la estabilidad a través de un soporte tan inestable como es nuestro cuerpo y sus emociones? Solo cabe una respuesta, y es que la Estabilidad ya se encuentre dentro de él. Porque sencillamente es portador de Ella.

Lo estable y no fungible del ser humano surge de la Esencia imperecedera que le hace ser lo que es. Tras el colapso de la forma, lo que quedará de nosotros es la Conciencia en un determinado grado de desarrollo en función de lo que fuimos capaces de hacer con Ella. Esta analogía me recuerda a aquella otra con la que nos alecciona el Maestro, cuando nos comenta una sura del Corán: “No me abarcan los cielos ni la tierra, pero si el corazón del ser humano”. La inmensidad del Universo no Le contiene y ¿si el ser humano? ¿como es posible esto? Si no es porque Dios se contiene a Sí Mismo.

Buscamos la estabilidad, la felicidad, impulsados desde lo estable de la Esencia que nos posibilita, solo que erramos en el donde, y en el como. ¿Como lo inestable del mundo ilusorio, sus devaneos, nuestros deseos, nuestras emociones en un carrusel,  pueden ofrecernos la tan deseada felicidad? No caemos en la cuenta de que aferrarse a todo lo concerniente  a la naturaleza del  ego es como atrapar el agua entre los dedos. Es posible que mojes tus labios, pero no podrás saciar tu sed.

Volviendo al inicio, en el que el maestro afirma que todo cuanto existe, materia o conciencia, es Sustancia Creadora. O Esencia con capacidad de Crear. Pero ¿que significa esto? Puede tener diversas connotaciones, pero todas se encierran en la ejecución de acciones encaminadas al conocimiento de ti mismo, de tu naturaleza esencial, inmerso en el medio social y con clara voluntad de volcar el resultado de esos descubrimientos sobre ese medio.

El Sufi observa la aparente realidad con una mirada especial, atravesando con ella el velo de la apariencia. Su acción puede parecer como la de cualquier otro. Pero el motivo profundo que le mueve a ello no tardará en emerger con aires de cambio.

La Creación no es más que un velo toda ella. Escondido tras ella se encuentra la Única Realidad Posibilitadora. Y además, esta Úna y Única Realidad ha decidido reconocerse desde aquí.  Desde Su Creación se hace manifiesta ante Sí Misma.

No hay nada más. Literalmente.

 

 

El Retiro. Reflexiones I

Retiro, 28 Febrero de 2016

En la Presencia.

En todas las Antiguas Tradiciones es conocido el valor del retiro periódico. Un tiempo alejado de la cotidianidad que permita reflexionar sobre nuestro rumbo. Reafirmar lo que viniste a buscar cuando llegaste hasta el maestro, y corregir aquello que sea necesario. Un nuevo empujón para seguir la ruta.

La propuesta del maestro es reflexionar sobre un texto suyo para seguir sacando conclusiones y que nos sirva de guía en los días de retiro. Os dejo con las reflexiones que dio de sí tras dos días de alejamiento voluntario del mundanal ruido.

REFLEXIONES

Vd. (refiriéndome a Sidi Said, actual Sheyh heredero de la Tarika Shadilia) paseaba por Mérida y al mirar las ruinas del Imperio Romano, y luego al evocar las de otros imperios surgidos todos sobre las cenizas de los anteriores, fue que le surgió la idea para desarrollar la famosa frase de la “vergüenza” (es un calificativo cariñoso cuyo sentido solo conocen los allegados al maestro). Es decir, ¿cuando el ser humano alcanzará la estabilidad, la tan deseada felicidad? O también, ¿cómo se puede alcanzar la paz sobre el terreno de lo inestable, sobre un sustrato que es pura impermanencia? Sencillamente, no es posible. Y de ahí surgió la reflexión que da pie a esta meditación para los retiros: “Hallarás la Paz Verdadera cuando el Poder del Amor, nacido del Conocimiento, sea mayor que el poder del ego, nacido de la ignorancia.”

¿Donde reside el poder del ego? Te muestra realidad allí donde no la hay. En contraposición, el Conocimiento te conduce a la Verdad; la sabiduría surgida del contraste es transformadora. Es la semilla de la Creación. Por contra, el ego, su poder es el germen del estancamiento, del sufrimiento en vida.

Todas las religiones se erigen  como la verdadera, lo cual no puede ser, porque resulta contradictorio. Ninguna de ellas es “La Verdadera”, sino que en todas se guarda un poso de verdad que mueve la fe del creyente (Rumi). Ese poso de verdad es el precursor del Conocimiento. Es la llama viva que cada cierto tiempo renace de entre las cenizas acumuladas durante siglos, como el ave fénix, por el soplo de Dios a través de sus Maestros y Guías verdaderos. En todos los tiempos.

Cabe preguntarse que es pues la ignorancia. Lo curioso es que no es nada, no tiene sustancia, no es más que la distancia que te separa del Conocimiento. “Lo que te separa de Dios es tu ignorancia” (Sidi Said). Podemos definirla como ausencia de Conocimiento.

¿Y entonces que es el Conocimiento que desplaza a la ignorancia? ¿Que puede ser? Movimiento Creador, en busca del Conocimiento de Sí Mismo. La Mente Cósmica a la búsqueda de Sí Misma escondida en su propia Creación.

¿Y qué es el ser humano en relación con todo esto? El vehículo necesario para que ocurra el proceso de perderse (Deus absconditus), buscarse y por fin encontrarse (el Dios revelado o Deus Revelatus).

Hemos aprendido y podemos afirmar que el ego, el yo criatural, es lo único capaz de velar ese conocimiento (en su fase de ignorancia),  el del descubrimiento de un “Algo” de Dios en nosotros mismos, El Sí Mismo Verdadero. El propósito creacional hecho carne. ¿Cómo podemos alcanzar la estabilidad, la paz, la tan deseada Felicidad sino es siendo lo que ya somos esencialmente? Todo ha sido creado desde Esa Única Sustancia Creadora, pero con un determinado propósito. Misma esencia, distinta expresión de Sí Misma, con distinta función.

El wird (lema) de nuestra tarika reza “El que se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”,  y este conocer-Se supone el reconocimiento (descubrimiento) del propósito Creador a través de Ti. El manzano alcanza el culmen cuando da manzanas. El huerto del maestro es el único sustrato para todos sus plantas, y cada cual alcanza  la plenitud cuando expresa aquello para lo cual fue sembrado (Creado).

Entonces, ¿cómo vivo la experiencia comprendida intelectivamente de que no soy mis conceptos, y tampoco soy este cuerpo (esencialmente queremos decir)? ¿Cómo me desidentifico de todo ello? Cuando tantos años lleva conmigo (el cuerpo), lo he alimentado, cuidado, también maltratado pero viviendo inmerso en él. Intelectivamente está claro. El cuerpo no Es porque se está desmoronando de continuo. Es como atrapar agua entre las manos. Hasta la estructura más sólida en apariencia, los huesos, se están construyendo y destruyendo sin cesar. Construcción y destrucción permanente. Dinámica Creadora en el ámbito biológico. Viviendo y muriendo a cada instante.

No soy mis creencias, mis conceptos, mis ideas preconcebidas sobre cualquier realidad aparente situada ante mi juicio, pues pertenecen a una cultura y a una época determinada. A unos progenitores y a un medio cercano que te educó (adiestró aunque no lo reconozcas), y que, de “aquellos barros, estos lodos”. Educado en otra cultura, y sin ir tan lejos, criado en la casa del vecino de al lado ¿tus referencias serían las mismas? Luego mis conceptos no pueden ser lo esencial de mi, porque son absolutamente circunstanciales. A no ser que me empeñe en concederles el valor de realidad absoluta,  y decida no preguntarme por qué creo en lo que creo.Y tu ¿sabes ya porque crees en lo que crees?…..

Entonces ¿cómo sucede? Si resulta todo tan evidente ¿cómo puedo experimentarlo vivencialmente? No creo que pueda darse en este ámbito, pues este plano tiene unas leyes que son ineludibles, no se pueden obviar. Así que creo que la experiencia se da en la meditación, o mejor en el estado meditativo, contemplativo.  Empezamos a entender que el discurrir de la experiencia sucede en planos paralelos. No se tocan. El Conocimiento surgido en el plano meditativo, íntimo, se convierte en el bagaje de la Conciencia. Y ese poso es trasladable al Dunia (el Maya de los hindúes, el mundo ilusorio), como acción o inacción, no con palabras. Y en ese juego del mundo ilusorio, pero ya entendido como escenario de acción consciente, también adquiere dimensión trascendente , y de nuevo el Conocimiento surgido es bagaje de la Conciencia. Entonces la vida se puede vivir como un estado meditativo de la mañana a la noche, como un continuo fluir de acontecimientos, ya no ajenos a ti, sino desde la profunda seguridad de que todo cuanto surge es cuanto puede suceder. La Docilidad a la Dinámica Creadora se vuelve  la técnica y el propio Sendero, y todo cuanto surge en ella. Y esta será la única Religión Verdadera para el ser humano. Su sometimiento consciente a la impronta creadora. Pero cuan difícil resulta esto.

Por el contrario la razón no puede penetrar en el campo de lo Trascendente, porque la razón necesita de conceptos. ¿Y cómo los conceptos pueden definir a Dios? El Creador no puede estar contenido en nada. Él es el Contenedor y Sustentador de todo cuanto existe, por lo tanto la razón no tiene cabida en los mundos de Dios. La razón es limitada. Dios Ilimitado. Así que creo que debe haber dos mundos paralelos, interdependientes, esto sí. La experiencia no se puede dar sin el cuerpo físico, pero este tan solo es el vehículo.

Entiendo que la Meditación, el estado meditativo, va más allá de la pose, de la postura. Es un estado al que accede la Conciencia y que podría ocurrir en cualquier momento, si el ego, conducido por ella misma, se educa y se dirige para ello, para la atención permanente en la Divina Presencia, en la Contemplación profunda de todo cuanto se hace realidad delante de la criatura. Creo que la meditación puede ser activa, en el discurrir diario, y en mi caso creo es así.

Soy la Causa. Soy el efecto.

Me descubro a mi mismo como Causa y efecto. La Causa surge en un plano y el efecto se muestra en el Dunia. Soy la Causa que produce el efecto. O puedo trabajar en el efecto que produce la Causa. Soy ambas cosas pero una es perecedera (que aún siendo no Es), transitoria, aunque si se muestra armónica (conducida por la Conciencia) genera conocimiento. Pero tiene fecha de caducidad. La Causa solo busca la experiencia de saberse viva, manifiesta, de entenderse mientras se conoce. De conocerse mientras se descubre.

La manifestación viene siempre dada entre dos polos, opuestos, pero complementarios. Si cogemos como símil un huerto, de él seleccionamos un árbol, observamos que:

  • Si lo desconectamos del suelo (lo arrancamos), perdida la conexión con un polo, perecerá.
  • Si por el contrario no lo arrancamos, lo regamos, abonamos y podamos para mantenerlo hidratado, nutrido y saneado, pero cubrimos su superficie impidiendo que le llegue la luz solar, también perecerá.

Luego queda claro que la desconexión de una de las fuerzas supone la muerte. El mal surge cuando se obvia una de estas fuerzas (polos).

O si plantamos una platanera en la Taiga. O si regamos poco,  o en exceso, aún cuando no haya desconexión de ninguno de los polos tampoco obtendremos resultados. Esto nos indica que, además, la manifestación se ha de dar en armónico equilibrio. Equilibrio entre opuestos al que tanto aludimos. Desde ahí surge la experiencia. Luego podemos observar que Dios parece buscar en el equilibrio, en el refinamiento, cierto grado de Perfección. Por eso como reflejo se nos sugiere “mimar las gotas de agua antes de soñar con la inmensidad del océano”.

“El secreto se guarda a si mismo” y para descifrar esta frase y seguir con la misma línea de argumentación decimos que el Conocimiento permanece oculto,  pero que tiene un reflejo en el Dunia (mundo ilusorio), pero que su reino no es de este mundo (Jesús de Nazaret nos lo confirma cuando dice:“el reino de mi padre no es de este mundo”). Observamos la Naturaleza, y en ella a los árboles frutales,  uno cualquiera, descubrimos un hecho que queda velado para una mirada superficial. Cuando nos referimos a los frutos del naranjo siempre apuntamos a esa esfera que, como un sol, emerge entre los tonos verdes. Lo primero que vemos, tocamos y olemos es la corteza. Pero es la forma externa, no es el fruto, es solo la cáscara. Esta es la 1ª Puerta, la norma, la Ley, la forma. No nos queda más remedio que atravesarla para acceder a la porción jugosa que ya nos alimenta y nos hidrata. La mayoría quedan absortos en su jugo, en el placer de la degustación confundiendo el medio con el fin. El gajo contiene las semillas, pero no es la semilla. La 2ª Puerta contiene las Semillas del Conocimiento, pero no el Conocimiento en si misma.

Finalmente la última mirada, las pepitas, el verdadero fruto del naranjo. Una porción ínfima del naranjo. Ahí se encuentra toda la información, que en la mayor parte de las veces desechamos y tiramos a los cerdos. La 3ª Puerta, la Verdad Esencial, ahí se encuentran todas las respuestas. Así que el Secreto permanece oculto, pero podemos afirmar que siempre ha estado ahí, a la espera de ser descubierto.

Incidiendo en lo oculto, cualquiera de los tres elementos de la naranja, poseen sus propios niveles de profundidad. La corteza que fue a parar al ámbito del reciclaje, cuando la manipula un entendido, entonces extrae de ella un preciado aceite, un perfume de cítricos. De nuevo las tres escalas, una corteza soporte, que contiene unos pequeños receptáculos, que a su vez contienen el líquido preciado. Lo mismo ocurre con el gajo, la piel externa y las fibras internas son un envase que contiene el jugo que es agua, vehículo que a su vez contiene las vitaminas, minerales, azúcares y enzimas.

Y finalmente la pepita (semillas). El envoltorio externo, la membrana,  guarda un interior lleno de azúcares complejos, celulosa, almidones o féculas (dependiendo)  y un pequeño reservorio de agua, y en una esquina escondido el núcleo. Ahí se encuentra toda la información presente, y la de todas las épocas anteriores, toda la existencia en una ínfima porción. Se suele decir que apenas un 2 % de un grano corresponde al germen, y dentro del mismo el ADN, la estructura en lo vivo que guarda el Conocimiento. ¿Por qué esta obsesión de Dios por permanecer oculto, por preservar el Conocimiento? Quizás más que obsesión podría ser una necesidad de saberse expresado en lo más profundo de todo cuanto ha creado. Genera el Movimiento ¿creando que? Semillas de Conocimiento ¿Con que fin? De nuevo el de Conocer-Se.

Para seguir acercándonos a la frase de la vergüenza. Cuando el biólogo, bioquímico o cualquier erudito en ciencias de lo vivo, profundiza en la Vida, se queda sin ella. Cuando un físico estudioso del átomo profundiza en la materia, se queda sin ella. No queda vida, no queda materia ¿Qué queda? El Vacío. Energía-Movimiento-Dinámica Creacional (o atributo fundamental de la Creación)-Voluntad Creadora (Poder Creador)-Dios.

En otras tradiciones a este “vacío” de todo lo ilusorio, se le denomina Sunyata. De alguna forma los que dicen que Dios crea desde la Nada, tienen algo de razón. Sin embargo no comprenden que esa “Nada” lo es “Todo”, pues es Dios dispuesto a surgir, a manifestarse en infinitas formas, provenientes todas de su misma Esencia. El vacío de todo lo estéril, superfluo, para dejar paso a la manifestación Divina.

Seguimos en el intento. Nos quedamos sin vida, lo que nos obliga a afirmar que el ser humano no comprenderá jamás lo que es la Vida, sin embargo el Místico sabe que es un regalo cedido a la materia. La ciencia podrá profundizar más y más en su atributo, lo vivo, en contraposición a lo muerto. Pero vida y muerte, surgimiento de la forma con un propósito implícito y aniquilación de la misma, no son de este reino, sino Voluntad Creadora en su eterno crear, entre la construcción y la destrucción.

El criptograma Creador de nuevo se diluye entre los dedos, no es posible atraparlo, pero si embriagarte de su perfume.

Por tanto, no es posible establecer el Reino de la Paz Verdadera ni en lo Vivo (cualquier criatura) porque ya vemos que es nada (o un algo en movimiento, inestable) ni mucho menos en concepto alguno que sustente al ego, la personalidad ficticia, adquirida, que tiene su sostén mostrándote verdades absolutas allí donde no hay más que un fugaz instante. El ego se sustenta en la ignorancia de “no conocer este Magno Conocimiento, de no saber quien es realmente”, parafraseando al maestro.

Solo podrás alcanzar la Paz, la estabilidad en lo estable, en el núcleo oculto que subyace en todo cuanto existe, cuando hayas sido capaz de desplazar la ignorancia que oculta cualquier Realidad Manifiesta. Y en ti mismo, cuado el  amor surgido del Conocimiento de lo Esencial de ti, desplace al poder del ego, nutrido de la ignorancia.

Y es que el Místico, el Arif, poseedor de este conocimiento nos alecciona diciendo.” En todo se esconde y en todo se desvela cuando tu acción encaminada a la adquisición de Conocimiento Verdadero, empuje a la ignorancia que vela tu experiencia.”

 Luego la ignorancia del ego tampoco es “nada” sino ausencia de tal Conocimiento.

Cuanto sufrimiento “por nada”.

Hasta aquí, en la Presencia.

 

 

 

Sobre la Felicidad. 2ª Parte

De nuevo en la brecha.

Cuando hice la primera entrada sobre la felicidad, podría, mejor dicho, quería haber profundizado más. No lo hice hasta sacar mis propias conclusiones, más conclusiones, con  más experiencia. Ahora puedo hablar con cierto grado de Paz alcanzado con mucho esfuerzo y constancia. Con más paciencia y reflexión que otra cosa.

Siento una terrible desazón al tener la idea clara  como la luz del día en mi corazón, pero que dificultad para expresar con palabras aquello que sabes y vives con consciencia. Vamos a seguir en un intento vano.

Cuando preguntamos a los que asisten a las clases de Taichi, Chi kung, Yoga, Meditación, etc., si saben porque están aquí,  la mayoría no saben o no tienen una respuesta clara. Más bien no se lo han planteado, o acaso algo así como “hacer algo para relajarnos, para mantenernos en forma, etc.” Lo cierto es que, aunque ellos no lo sepan, nosotros si tenemos claro lo que buscan, y es la FELICIDAD.

Claro que, según para quién y como, el concepto Felicidad podría estar en las antípodas una opinión de la otra. La Felicidad, según los místicos es un estado de la Conciencia. No soy un místico, pero no tengo reparos en afirmar que comparto esta opinión. Razonemos pues.

Cuando alguien se acerca a nosotros a pedirnos que le enseñemos Taichi, cuando alguien va a un médico buscando la salud perdida, cuando alguien recurre a un profesional en la rama que sea, lo que piensa el individuo es que el experto tiene algo que él no tiene. Intuye que el profesional posee un conocimiento del cual él carece,  y piensa que el aprendizaje de ese “algo”  le llevará a solucionar su problema.  Luego lo que busca es un supuesto “Conocimiento” que le permita solucionar su enfermedad, controlar  su estrés, sus achaques, alejar sus miedos, etc.,  y así encontrar cierta paz.   Así que, en definitiva, todos buscamos lo mismo.  Conocimiento que te lleva a la Sabiduría, que te conduce a la tan deseada Paz, y por tanto a la FELICIDAD. Como estado, no como contento pasajero.

Por tanto, la Felicidad dimana directamente del Conocimiento. Cuando hablamos de las Vías del Espíritu, ese conocimiento no es de libro, no de forma exclusiva, sino experiencial, vivencial. Y no es conocimiento que venga de fuera, sino el que emana de lo Esencial de nosotros mismos.

Una vez (o muchas veces) preguntado a los que van a nuestra sala, a la meditación, sobre la Felicidad tratamos de razonar y ponernos de acuerdo. Podríamos utilizar varias vías para el razonamiento pero utilizaremos esta. Decíamos que el Universo es ante todo manifestación, visible o invisible, todo deja constancia de su magnitud, de su forma;  todo exhala un determinado perfume (variadas formas, tamaños, olores, colores, etc)  que lo diferencia de todo lo demás.

Recuerdo años atrás, trabajando en una almazara bio, con un olivar muy extenso con más de 35. ooo jóvenes olivos arbequina, y varios cientos más de viejos olivos de distintas variedades.  Al observar los unos y los otros, no pudimos ver dos iguales.  Semejantes si, pero iguales no. Los que somos campesinos hemos visto cientos de cultivos, miles de formas diferentes crecer a nuestro alrededor y nos mostraron su geometría sagrada sin repetirse. Lo que nos lleva a afirmar, sin vacilar, que hay un cierto orden en todo cuanto existe que permite la manifestación, y que además no se repite. Luego existe un “algo” al que llamaremos Poder Creador (pues Puede y además Crea, con capacidad y voluntad de manifestarse) que siente la necesidad de mostrarse sin cesar, y de forma diferente, desde las más  gigantescas nebulosas y galaxias en los confines del Universo, y en las más ínfimas partículas subatómicas, pasando por toda la escala de matices de aquello que llamamos “vida”.

Esto mismo hemos observado en el Universo Humano, tantos y tantos seres, y no se repiten las huellas dactilares, ni los relieves de la córnea, ni ninguna otra cosa. ¿Curioso verdad? Curioso o no, es sencillamente verídico. Luego para cumplir con este orden, con esta  ley, cada uno de nosotros debe manifestar algo distinto y peculiar.

Decimos que no nos parecemos, que algo por pequeño que sea, nos diferencia, pero son matices relacionados con  la apariencia externa. En profundidad, mientras no nos acercamos a ese orden que observamos en todo cuanto existe, cada cual vive expresando sus miedos, sentimientos de culpa, resentimiento, olvido, pereza, risas y llantos, ignorancia en definitiva en función de lo que tenemos o perdemos.

Esto es lo manifestado por nosotros, desde la naturaleza transitoria, fungible, condenada a la extinción. Pero si en todo lo manifestado se muestra orden, armonía, y por tanto sabiduría y Conciencia ¿donde está en nosotros?

Por tanto, parece razonable pensar que solo emanando ese orden que proviene de la Causa Creadora,  podemos manifestar aquello para la que fuimos creados. A  todos, sin excepción, se nos ha concedido un tiempo, con un propósito distinto para desarrollar y acrecentar unas determinadas Cualidades Creadoras implícitas en nosotros. Que vienen “de serie” que se suele decir.

Así que cada cual alcanzará la Felicidad, en tanto descifre su propia Vida, y alcance a expresar su verdadera naturaleza, no fungible y no perecedera. Hallará tal felicidad en lo más profundo de si mismo. Solo le hacen falta las herramientas adecuadas para la búsqueda de ese Sí Mismo Verdadero. Mi hermana  Nura dice que la vida tiene “manual de instrucciones”, y coincido con ella  pues carecería de sentido alguno que el Universo se pidiera a si mismo algo que no tuviera ya. Esas herramientas se encuentran en la Religión, no sabemos muy bien porque, pero ahí están. Religión desde religare, que tantas veces repetimos, desde la visión de reunificación de esa naturaleza fungible (nuestro cuerpo físico, anímico, y nuestras creencias)  con nuestra esencia Transcendente, inmutable y eterna.

Conócete, y en ese descubrir, desplazarás los velos de la ignorancia para observar que, entre la Criatura y el Creador, no hay ningún “entre”. Entonces manifestando esa Voluntad Creadora a través de ti,  lograrás finalmente el objetivo de ser feliz. Nura decía: “desvía-te de tu camino tan siquiera el espacio del grosor de un cabello, por hermoso que sea tu proyecto  y no alcanzarás tan deseado objetivo, por magnánimo que este sea”. Por eso, por que no es nuestro proyecto, sino “El proyecto” de Aquel que todo lo sostiene y que todo lo recrea permanentemente.

De nuevo el Conocimiento como la causa de la Felicidad. El conocimiento de lo Esencial de ti.

El valor del Rito

Diría que todas las culturas, desde la más remota antigüedad, han utilizado el rito, el ritual con diversos fines, pero básicamente como vehículo para afianzar un idea, comportamiento o conocimiento vital para el grupo. Hasta las sociedades más modernas hoy lo siguen utilizando aunque, en general,  las razones han cambiado de forma notable.

Y por encima de todo, el poder religioso y político, conscientes de la utilizad del ritual lo ha utilizado como una verdadera arma arrojadiza. Como ponzoña para “colocar” a las masas en un intento  claro de control, de adoctrinamiento. Lo hicieron regímenes fascistas, y también comunistas. A través de los diversos ritos, y a edades muy tempranas, se adoctrina a las futuros seguidores, peones sustentadores del sistema. Un sistema narcotizado que se retroalimenta y se perpetúa. Recuérdese la locura Nazi (su fastuosa puesta en escena, su simbología, etc.) y la no menos agobiante y narcotizante presión de la URRS para con sus “disciplinados” ciudadanos. E infinitos ejemplos más de adiestramiento y adoctrinamiento de grupos más o menos grandes y de sociedades completas. El valor del rito, de lo ritual es incuestionable. Es el uso y lo que queremos introducir bajo la forma externa lo que balancea en un sentido u otro el resultado final.

¿Pero que es un Rito? Un acto,  o ceremonia, acompañados de una determinada simbología, ideas fuerza, y otros elementos (vestimenta ritual para la ocasión, música, etc.). También podría ser un sencillo conjunto de ejercicios, de prácticas integradas en el quehacer diario, donde se mezclan lo simbólico (alegórico) con la realidad maquillada, endulzada con el componente emocional adecuado con el fin de perpetuar una idea, un conocimiento, etc.

Visto así podríamos decir que ni es bueno , ni es malo. De hecho el envase, el continente, podría no tener nada de aversivo, pero si podría tener un contenido que lo fuera, o poco útil, o vacuo. También ocurre lo contrario, un continente a priori poco sugerente o incluso aversivo, y sin embargo podría estar dotado de un sencillo y productivo contenido.

Desde el punto de vista del acontecimiento religioso, que es el que me interesa, hemos reflexionado en este blog en otras ocasiones  sobre la diferencia clara entre Contenido y Continente. Es necesario ahondar en  esta diferencia que puede perturbarnos y no dejarnos ver con claridad. Como una cosecha de trigo, que una cosa es la paja y la otra el grano, pero que vienen juntos, que son inseparables, que hay trabajarlos unidos, con paciencia hasta quedarnos solo con la dorada  semilla, preciado grano que guarda la información para venideras cosechas. El perfume.

Un ejemplo claro es el Sufismo, la perla perfumada del Islam, el propósito de Islam bien podríamos decir. O dicho en castellano, el propósito para alcanzar el Estado de Paz. Y decimos tantas veces que, no siendo esta la única realidad posible (hay otros sistemas ancestrales de conocimiento  como el budismo, y otros, siempre que sean contrastados en el tiempo, y el maestro sea un guía verdadero, lo cual no es cosa fácil), si la escogimos (o nos escogió Ella a nosotros) fue porque todo en este método es sencillo;  la sencillez es la nota predominante. Lo cual no le resta dificultad, pero dimanante de la propia sencillez, acostumbrados a ver, y a hacer todo de forma complicada, como si más recovecos, más liturgia,  fueran  sinónimo de más contenido.  La apuesta clara por el Sufismo conlleva el traje de Islam, y en los tiempos que corren la dificultad es manifiesta. De ahí la llamada de atención entre Continente y Contenido. Lo cual nos conduce hacia la investigación, hacia el conocimiento de Islam en su origen, en la sencilla promulgación del Profeta. La distancia entre ese Islam original y lo que practican la mayoría de los musulmanes, y del que tenemos conocimiento a través de los medios de comunicación (siempre sesgado, mal interpretado por ignorancia o por motivos que prefiero obviar) es un abismo, o mejor aún, están en las antípodas el uno del otro. En fin, solo Dios sabe porque este mundo se encuentra donde se encuentra.

Volviendo al tema que nos ocupa, y según mi experiencia, queda claro que el método (el acontecimiento religioso bien entendido,  de religare) asiste al aspirante en todo momento  pues tiene un marco donde situarse y poder avanzar guiado. Y dentro del método, ciertos ritos como la oración  (el Salat) son claramente transformadores. Tratando de aunar materia y espíritu, ego y conciencia. Como dice el Corán: “No me abarcan los Cielos ni la Tierra, pero si el corazón del Ser Humano”.  El corazón como espacio físico no es el que nos interesa, sino el “espacio imaginario” como verdadera esencia del ser humano. De nuevo trazando puentes entre lo físico y lo intangible para trascender finalmente. Desde la animalidad del ser humano (no olvidemos que el ego es de naturaleza estrictamente animal, entiéndase esto en su justa medida) hacia la Consciencia de Ser.

Seguimos reflexionando. ¿Cuando abandonar el rito? A día de hoy no tenemos una respuesta clara. Quiero decir, no tengo claro el total del proceso (pues no lo hemos andado en su totalidad), pero desde la perspectiva transformadora del rito (si hay un contenido transformador obviamente, y se practica adecuadamente) ¿cuando el individuo va a estar exento de la necesidad de transformación? Si el individuo debe seguir evolucionando (la Conciencia a través suyo, para ser más exactos) lo que será muy probable es que el rito vaya cambiando para adaptarse a la necesidad del momento, para hacerlo más liviano, hasta la desaparición total de la herramienta (repito, no se si habrá un momento de tal desaparición).

Podríamos decirlo de otro modo, un determinado ritual cumple con una determinada necesidad de asentar o de modificar algo en el individuo. Otra necesidad, y por tanto, otra herramienta para ese nuevo contenido. A día de hoy, y reconociendo mi ignorancia manifiesta, creo que ni siquiera el maestro está exento de práctica alguna, de continente, por liviano que este sea en su intimidad. En su función magisterial, ante sus alumnos,  es evidente que no puede dejar de hacer aquello que les propone como bueno.

Esta entrada podría ser juzgada como una opinión gratuita, como otra cualquiera. Pero no es así, hablo desde la experiencia de asistir a un grupo de gente en un espacio dedicado a la Meditación y, sobre todo, enseñando a un grupo que practica Taichi-Chikung (y en otros momentos a otros grupos,  claro que con menos experiencia y conocimiento, lo que nos permite reconocer ahora los errores), y aunque observas signos de progreso en los pocos que van quedando, constatamos que la dificultad para evolucionar es grande.

En su día, al abrazar el método y al maestro se nos dijo (también hoy se nos recuerda de vez en cuando): “si ha de ser aquí, a de ser así”, y se nos dio una batería de herramientas que algunos hemos tardado mucho en desarrollar. Pero esas herramientas están ahí, y el individuo cuando llega a casa, en su trabajo, en su vida de relaciones sean las que fueren, sabe lo que tiene que hacer o no hacer.  Los que se marchan a casa después de la clase de Taichi ¿que tienen? Bueno, un buen recuerdo, una hora y media de paz, de calorcito y alguna nueva visión de un concepto cualquiera. Respeto, tolerancia, todo el amor que tenemos; no es poco pero ¿cuánto tiempo seguirá siendo válido todo esto? Una respuesta sería hasta que la vida zarandee sus cimientos de forma más agresiva de lo habitual  y con ello se mueva toda  su estabilidad emocional. Si no hay modificación, si no hay cambio, si no lo experimentan con su esfuerzo, pronto caerá todo en el olvido. Desapareceremos como grupo. Y habrá sido una bonita experiencia placebo. No obstante todo está bien y es perfecto en si mismo.

El esfuerzo del instructor consciente de la necesidad de que ese  tiempo debe estar pleno de contenido, la mayoría de las veces se ve truncado,  imposibilitado al no haber método alguno. Solo retazos que producen distintas  experiencias pero poca sabiduría al no tener continuidad.  Si el método completo, la ayuda del guía, la de los compañeros del sendero y la de un lugar físico cargado de energía positiva, es decir, todos los ingredientes necesarios para progresar de la mano de un maestro y a veces  se muestran insuficientes (lo digo bajo la experiencia de discurrir en este sendero de la Trad. Sufi) para que la mayoría podamos alcanzar, fijaos cuan difícil será para quien no  posee el total de las herramientas, incluido al  guía, que observa desde fuera sin intervención directa, salvo cuando se le requiere.

Seguimos reflexionando y supongo que equivocándonos, pero es lo que siento y observo.  Suelo decir cuando hablamos de la religión, del rito, de los continentes y contenidos, que no he aceptado “religión” alguna sino un método de trabajo que me conduce por los senderos del espíritu, de la evolución integral más exactamente. Para el mundo sería un converso. Pero en mi fuero interno no es más que un contenido escondido en un continente. Como decíamos antes, escogido por la sencillez después del contraste. Nada más.

Existe una gran abundancia de material dedicado al espíritu. Los que hemos leído a Krishnamurti, Osho,  Eckart Tolle y otros, básicamente podríamos, y lo hacemos, aplaudir su discurso por estar de acuerdo con sus conclusiones, con su visión. Pero otra cuestión  muy distinta es como un individuo cualquiera que lee sus páginas, o ve sus vídeos llega a esas mismas conclusiones, a la transformación que le lleve a adquirir experiencias que den como resultado el Conocimiento del que ellos hacen gala y que no cuestionamos. “Se tu propio maestro, no aceptes religión alguna, etc.”, eso que te lo diga cualquier “gurú” del tres al cuarto podría tener una explicación. Pero que te lo diga un individuo como Osho forjado en el Hinduismo que al parecer alcanzó la iluminación a los 23 años, o Krishnamurti que tuvo una enorme preparación en la Sociedad Teosófica, parece cuando menos contradictorio.

Compartimos con ellos la idea de no abrazar “religión” alguna, ya lo decíamos arriba.  Religión como estructura de poder, religión para “comulgar con rueda de molinos”, religión con la perfección del rito como fin, religión como arenga desde el púlpito ya sea el sacerdote o el imán de turno. Esta NO!; religión como religare, como reunión entre Creador y criatura, sin intermediarios. Esto SI!

Dominar la naturaleza del ego es la clave. Atravesar el mundo de los conceptos, el trabajo definitivo. Sin el apoyo necesario es una quimera. No obstante aquí seguimos acompañando a cuantos se acercan de forma anónima y sin hacer demasiado ruido. Sin preguntas ni ingerencias. Solo alguna sugerencia para que no olviden que a nuestro lado tendrán algún progreso, pero que es al lado del guía donde está el manantial desde donde manan todos los afluentes.

El rito es necesario, al menos inicialmente, después ya veremos pero siempre bajo la atenta mirada del maestro. Pero como decimos, habrá un tiempo para ir soltando,  pues el método no es el objetivo, sino que debe conducirte al descubrimiento de lo esencial de ti. Como dice el maestro, la religión es un invento del ser humano, la espiritualidad, por contra, es un regalo divino. Y decía el Profeta: “Comete herejía quien adora a la religión en vez de adorar  a Dios. Pero como el Creador no necesita adoradores, diremos entonces “…en vez de amar a Dios”. Cuán lejos están los practicantes de las religiones de esa intimidad con el Poder Creador.

Ateismo y Conciencia II. O la Ciencia al descubierto.

La primera entrada con este nombre, ha suscitado cierto grado de interés, de crítica siempre constructiva, lo cual es siempre de agradecer. Y es que mi intención al escribir este blog, dista mucho de ser una guía en cualquier sentido para nadie. Y siendo leída cada vez por más seguidores, no pretende más que compartir algunas experiencias de distintos ámbitos de mi personal vivencia, aunque,  al menos, si nos gustaría que nos entendieran. Sobre todo los más jóvenes. Hacernos entender, describir estados de ánimos, contar experiencias totalmente personales, resulta de una enorme complejidad, máxime para un campesino como yo. Quizá podamos decir lo mismo que en  la anterior entrada con otras  palabras,  y apoyado en los más grandes de la ciencia y de la mística.

El ateísmo encuentra una parte de sus razones en la ciencia, en una parte de ella que opina que Dios no existe. Un caso particularmente llamativo de este criterio sería la opinión de este grande de la física, ahora tan de moda con la última película biográfica con bastante éxito al parecer. Me refiero a Stephen Hawkings. Ha habido muchos más eminentes científicos que opinan del mismo modo. Por mi parte y como contrapunto, echaremos mano de otros científicos y,  de entre todos ellos, el más grande e ilustre físico que ha dado la Humanidad. Me refiero a Einstein. El sentimiento religioso cósmico, como él le llama, que siente ante la observación de la vida, es la emoción fundamental del arte y la ciencia. “La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, está prácticamente muerto. Saber que aquello que nos es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y las más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades sólo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación es la verdadera religión.” (Albert Einstein).

Religión, de religare, de reunir, de Unión con todo lo creado, de ser uno con ese “Algo” que a la vez es inalcanzable, impenetrable. Ponle tu el nombre que quieras.

En 1986 hay una primera edición de un curioso libro de Ken Wilber,  “Cuestiones Cuánticas” donde reúne el pensamiento de un puñado de físicos y astrónomos, premios Nobel, un compendio de reflexiones existenciales cercanas a la mística. ¿Qué fue lo que llevó a científicos tan diversos a compartir una visión mística de la realidad? Lo cierto es que Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, Eddington, todos sin excepción, acabaron teniendo una concepción trascendente del mundo donde la dualidad entre materia y espíritu quedaba sobrepasada. Y que esta concepción les vino como remate de una postura crítica y no irracional. Os dejo el guión de este libro:

HEISENBERG 

La verdad habita en lasprofundidades

Verdades científicas y verdades religiosas

El debate entre Platón y Demócrito

La ciencia y lo bello

Si la ciencia es consciente

de sus límites

SCHRÖDINGER

¿Charlamos sobre la física?

La unidad de la mente

El yo que es Dios

La visión mística

EINSTEIN

El sentimiento cósmico
religioso
Ciencia y religión

JEANS

En la mente de algún espíritu

eterno

Un universo compuesto de

pensamiento puro

PLANK

El misterio de nuestro ser

PAULI

La unión de lo racional y lo

místico

EDDINGTON

Tras el velo de la física

Materia mental

Defensa de la mística

Interesante guión ¿verdad? No es fácil acceder a este libro, pero aún se puede encontrar. Pero para compensar os dejo con una frase contundente de Bohm citada en el penúltimo libro de mi maestro “Islam y Sufismo, verdades y mentiras”, en una tercera parte de este excepcional libro dedicada toda a ella a la ciencia y su relación directa con la mística. Esto dice David Bohm, Profesor de física cuántica en la Univ. de Londres, en Princeton, en Sao Paulo y en Haifa, y colaborador de Einstein: “Ciertas secuencias en la física moderna suponen un concepto de la naturaleza, relativo a las causas formativas y final que, en esencia, se parece a los modos de verla que eran comunes en los tiempos antiguos”. Y en el mismo libro, en un párrafo dedicado al Físico alemán Max Planck, premio Nobel en 1918, reza así; “Habiendo profundizado en la última frontera de la materia dijo: Toda la materia tiene su origen y existencia en virtud de una Fuerza desconocida pero ordenada. Hemos de suponer, por lo tanto, que tras esa fuerza hay una Mente Consciente. Es la Matriz en la que todo tiene su origen”. (Este es el primer principio de la Milenaria Promulgación Hermética: El Universo es mental, o funciona como una Mente). Ciertamente recomendable este libro de Hayy Sidi Said al Andalusí.

Las citas al respecto son interminables, la de los más grandes sabios físicos y matemáticos, padres algunos de ellos de la Cuántica. Otro libro muy recomendable también en esta línea y que en algunos capítulos es magistral es “El Tao de la Física” de Fritjof Capra, doctor en Física teórica por la Universidad de Viena, ha trabajado como investigador en física subátomica en la Universidad de París, en la Univ. de California (U.C.) en Santa Cruz, en el acelerador Lineal de Londres y en el Laboratorio Lawrence Berkeley de la U.C. y ha sido profesor en Santa Cruz, en Berkeley y en la Univ. de San Francisco. En un capítulo de su citado libro llamado “Espacio-Tiempo como creaciones de la mente (misticismo-cuántico)” desarrolla principios como los citados arriba por los otros físicos.

En fin, no soy físico, pero estos libros son bastante asequibles para aquel que quiera leerlos sin prejuicios, tratando de acercarse a la verdad, se encuentre esta donde se encuentre. En mi opinión, habiendo tantos argumentos a favor de que existe una Causa Común que explica todos los fenómenos observados, coincidiendo ésta con la más alta mística, y no porque queramos que la verdad se acerque a algún determinado lugar, sino porque siendo estos fenómenos observados y descritos unas veces desde la estricta observación científica y otras desde la más pura intuición (y ésta no es privativa de los místicos, sino de todos los seres humanos, altamente desarrollada en algunos individuos). Me gusta destacar, sobretodo, la relación onda-partícula (o yin-yang) y por tanto, que  desde esa Matriz descrita por Max Planck (y otros) poseemos  la capacidad de cambiarnos  a nosotros mismos  a través de los pensamientos positivos, emociones positivas y por tanto acciones creativas que modifican a su vez el entorno inmediato. Acciones que vuelven de nuevo mostrándome la imagen de lo que soy a través del espejo que supone el Universo que creo delante mío. A su vez, soy espejo para los que me rodean. Sujeto y objeto a la vez. Creador y criatura. Creador y transformador de mi propia existencia constatando día a día que es así, y que por tanto, podemos decir que es una capacidad-cualidad implícita en todos los seres humanos. Otra cosa es que seamos conscientes o no de este hecho, y tengamos el valor o las fuerzas para intentarlo.

Es verdad que hay opiniones de sabios que manifiestan sus dudas al respecto, pero parece muy difícil sostener que un Universo tan complejo, y aunque solo sea el intento mismo de explicación de la complejidad biológica de la vida en la Tierra, se sustente meramente en la “casualidad”. Más bien parece todo lo contrario, todo se sustenta en virtud de Una Causa Primigenia, que en el ámbito Religioso hemos convenido en llamar Dios.

No sabemos si hemos conseguido aclarar algo, o lo hemos liado más, no obstante reflexionamos en voz alta por si a alguien le interesa interactuar o le sirven como referencia, no lo que digo, sino las citas y los libros de los más grandes.

Dije en la anterior entrada que el ateo, se considera a si mismo como tal, en virtud de un mundo que no entiende, de una situación de caos humano que decide que no sería posible tal estado de las cosas si existiera ese tal “Dios” Bondadoso y Omnipotente. La Física verifica que si bien es cierto que el Universo tiene una Causa, Una Realidad Primigenia, ponerle el nombre de Dios es cosa de los hombres y culparle de los males también. Porque está claro que es la ignorancia del ser humano y las acciones derivadas de este hecho,  las que hacen de este mundo el “valle de lágrimas” descrito por la religión (alguna lo describe así).

Y la Ciencia dice que la Realidad que se colapsa delante del observador es fruto de aquel que la interpreta, y por tanto los “males” o los “bienes” que tiene la humanidad son creación directa del ser humano. Y no de Dios, que dejó en nuestras manos el poder co-creador, que bajo la idea de servicio se convierte en acción transformadora, creadora de paz, de bienestar y de orden allá donde el ser humano lo cree. Citando a Jesús de Nazaret en Mateo 20, 25-26:  “Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea así entre vosotros (que no suceda) sino que el quiera ser grande que sea su servidor”. En aquellos tiempos Jesús ya tildaba a los señores absolutos como culpables del mal. Hoy sigue siendo igual.

Pues eso, si no te gusta lo que ves cámbiate-cámbialo. No esperes que un “algo o alguien”por allá arriba lo cambie. Tampoco esperes que el cambio llegue desde otros, sean quienes sean. Pues tu eres Dios, aunque no lo creas. Y por tanto tuyo es tu destino, tu principio y tu fin. Y con tu transformación, la de toda de la Humanidad.

Ateísmo y Conciencia

Este título parece contradictorio ¿verdad? Pero en realidad  creo que no. Tal vez podamos demostrar que no es así. Que detrás del supuesto ateísmo se esconde un deseo noble de que este mundo se construya de otro modo. Lo digo desde la experiencia propia de una década en la que también proclamamos el ateísmo como nuestra creencia más sensata.

Como siempre los conceptos que se muestran confusos y, en cierto modo, también soy ateo desde la concepción de un Dios antropomorfo, creador caprichoso, cuya misión es que te mantengas en este “valle de lágrimas”, que le rindas pleitesía, que obedezcas a sus “representantes” en la Tierra que se encargarán de enseñarte la moral y el camino correcto al Paraíso. O sino arderás en los infiernos, o puede que tengas que esperar algunos tiempos en una especie de etapa intermedia, de limbo,  para purgar algunos pecados antes de enfrentarte al juicio final. Y recuerda que ese Dios puede ver lo que haces, escuchar lo que dices y saber lo que piensas. Así que estás jodido si crees que podrás eludir tus pecados, por acción o por omisión. Directo al infierno te veo. Sí, estamos de acuerdo. Así mirado cualquiera puede ser ateo.

Que pudo ocurrir para que un individuo como yo, habiendo recibido una educación en torno a la moral Católica, monaguillo y seminarista acabara por mandar a Dios a hacer puñetas una noche cualquiera cuando tenía 17 años. Pues es muy simple: la razón, el estricto sentido común, el conocimiento científico, no pueden ir en direcciones enfrentadas con la Religión. O mejor dicho, la Religión no puede ostentar la verdad (presuntamente es custodia de ella) al margen de la razón. No hubo apenas nada aprovechable que hiciera mi vida sencillamente más fácil. Mi universo interior era un mar de dudas imposible de casar con los dogmas establecidos. Verdades inamovibles imposibles de aceptar. Ya decíamos en entradas anteriores que la religión como estructura rígida y anclada en los dogmas y costumbres, sin revisión temporal y conceptual, empuja a los individuos al ateísmo o a la indiferencia. Poco rentables ambas sendas.

Desde los 17 a los 26 años, una “década prodigiosa” de liberación de cargas y culpas, que se las prometía muy felices pues al haber desterrado la idea de Dios, ya no había ningún “Ser” por “allá arriba” que observara mis actos. Así que vía libre para ser feliz.

“Mi gozo en un pozo” se suele decir para ilustrar con contundencia que los objetivos no fueron cumplidos, que las espectativas no fueron satisfechas. Hoy, después de muchos años observamos que todo fue necesario; el dogma y la intoxicación, y el ateísmo y el tiempo para la desintoxicación, al menos parcialmente. Lo ideal hubiera sido que, no produciéndose el primer estadío, no hubiera hecho falta el segundo. Pero el hombre propone y ya sabemos lo que sigue.

Recuerdo unos sucesos que me marcaron profundamente. La guerra en los Balcanes con la desintegración de la antigua Yugoslavia, puso de manifiesto como el ser humano no tiene límites para hacer el mal. Cómo las creencias acérrimas de unos cuantos, y su infinita ansia de poder y de dinero, son capaces de llevar a la humanidad a límites insospechados. La limpieza étnica y religiosa, los campos de concentración, la violencia increíble de los unos y los otros, e incluso, los paramilitares al servicio de tales crímenes contra la humanidad. Y la escasa, o nula respuesta internacional, la pasividad de las tropas de la ONU, cuando no numerosos episodios de presuntos abusos por parte de éstas mismas tropas sobre la población civil. Todo esto pasando a dos pasos de nuestro paraíso en paz. Llegando el ocaso del siglo XX se volvía a repetir la misma historia de siempre: “El hombre es un lobo para el hombre”.

Mis hijos eran pequeños cuando empieza el conflicto. Mi mente se ponía en la piel de aquellos que tenían que abandonar sus hogares, las tierras que les vieron nacer. Condenados al hambre, al frío, a la miseria y a una violencia exhibida en directo por todos los medios de comunicación. Mi corazón se partía en mil pedazos y clamaba contra el cielo pidiendo una respuesta para tanto horror. ¿VES COMO NO EXISTES? ¿DONDE ESTÁ EL DIOS DE LOS MUSULMANES, O EL DE LOS CRISTIANOS? ¿DONDE ESTÁS QUE NO TE VEN? ¿DONDE ESTÁS QUE PERMITES ESTE HORROR TAN CERCA DE NOSOTROS? !!TU NO EXISTES Y NOS HAS EXISTIDO NUNCA¡¡

Mis lágrimas de ira, de rabia, mi incomprensión del fenómeno, marcaron mi vida en aquella época. Cuando era creyente nada entendía. Ahora siendo ateo tampoco. ¿Mi corazón debería sufrir para siempre en esta Tierra olvidada de Dios?

Así pues,  el ateo se define como tal después de haber razonado acerca de la existencia de Dios. Acerca del valor de su propia existencia. Y concluye que esta vida es un mero trámite. Que venimos a este mundo por voluntad paterna, por casualidad o por violación, sin que nadie nos pida permiso para tal entuerto, y además,  nos vamos de aquí de igual modo. Nacemos, crecemos, nos socializamos, nos reproducimos y finalmente nos convertimos en un algo inerte. Iba a decir que terminamos criando malvas, pero es que ni eso, pues enterrados en sarcófagos de madera con crucifijo, o incinerados y hechos presos en una bonita urna, ni para eso serviremos.

Así que para el ateo, la no existencia de Dios se demuestra por los males que tiene la Humanidad. Pues si existiera ese “tal Dios”, padre amoroso, ecuánime y justo ¿como tales desastres ocurrirían? Así que, definitivamente, antes y después de la muerte no hay nada. ¿Nada? Que curioso que desde esa “Nada” surja Todo. Pero al igual que en otro tiempo lo fuimos, los que creen serlo hoy, no podrán demostrar realmente su no existencia como tampoco pude yo.

Visto así, a mi particularmente el ateísmo tampoco me fui útil, la verdad. Me dejó tantas dudas como cuando era creyente. Pero como Dios escribe recto con líneas torcidas, un buen día sucedió que alguien me invitó a aprender a hacer Kung Fu con 26 años y sin darme cuenta había cambiado paulatinamente todo, y pude empezar a ubicarme. El budismo era el soporte religioso de aquel arte marcial, (estilo Choy Lee Fut, un híbrido entre Saolin Norte y Saolín Sur) y sirvió como bálsamo para un corazón herido de muerte, incapaz de encontrar su centro. Un largo periplo hasta aquí. Un viaje iniciático sin apenas conciencia del hecho hasta el punto actual.

Mi hijo mayor es ateo confeso. El plantearse la existencia de Dios demuestra su sensibilidad. El hacerse preguntas existenciales para entender su posición en el Universo, demuestra su compromiso. Como le conozco, puedo decir que su ateísmo, como lo fue el mío, no esconde otra cosa que el deseo profundo de una humanidad en paz. Su honestidad, la bondad de su corazón le impiden hacer el mal. El cree que es ateo, pero no es más que un momento de confusión, que puede durar toda la vida, pero con una mirada más penetrante y con su inteligencia podría durar tan solo unas horas.

No es mi intención que sea o no creyente. Jamás me entrometí en sus creencias, aún cuando por su parte en alguna ocasión si observamos su ingerencia ante las nuestras, fruto más bien de su ignorante confusión y juventud.

Si alguna vez lees esta entrada, aunque está difícil, pues no le has prestado nunca atención a este blog, me gustaría que supieras que no podrás ser más ateo que tu padre en otro tiempo. No podrás sufrir más que yo por una humanidad que no hace honor a su nombre. Y también me gustaría que entendieras que, tras la maldad del ser humano, se esconde su ignorancia, la de su verdadera naturaleza y por tanto el agresor no teme agredir, pues no se conoce, y no se reconoce en su adversario. Los males del mundo, lo son del mundo que no sabe. No de Dios que te crea y te sostiene a cada instante, aún cuando tu no lo percibas por ahora. Pero no podrás evitarlo, no habrá fuerza alguna capaz de sujetar el Poder Creador, su Dinámica en ti. No podrás eludirla a no ser que elimines tu soporte físico y con ello destruyas tu Verdadera Naturaleza, insertada en ti, como un desgajo de ese Poder Creador. O Dios, o Causa de todos los efectos posteriores.

En Reiki se suele decir: “No eres un humano pasando por una experiencia divina, sino que eres un Ser Divino teniendo una experiencia terrenal”. No te dejes embaucar por los sentidos. Dios no puede manifestarse ante ti a “pelo”para mostrarse. La parte no puede atrapar al todo. Sin embargo Dios se muestra en Su Creación escondido tras un velo. En ti mismo escondido tras el velo criatural. Tu ego, nacido de la sociedad y la educación recibidas. Nada más.

Tu sabes que no he tratado de convencerte de nada nunca. No es asunto mío  el que tu creas o no. Pero si hicieras memoria del periplo verías que tu padre fue coherente siempre en ese aspecto. Te bautizó cuando se lo pediste, hiciste la primera comunión de igual modo, aún cuando tu padre ya no era católico. Por tanto, ha respetado tus criterios siempre, pues sabe que la voluntad de Dios, que los caminos de La Divinidad, nos  son incompresibles. Pero al igual que esas decisiones sobre no influir sobre tu identidad religiosa se hicieron de forma coherente, ¿no crees  que mis creencias ahora  tendrán algún fundamento más allá del intelecto? Que quizás tu no puedas entender pero que deben tener su peso específico para que tal cosa esté sucediendo.

Quizás en este instante quepan aquí las palabras de Alí, yerno del Profeta, que decían: ” No podrás creer en nada, hasta que no sepas porque crees en lo que crees…” En este caso haremos la lectura al revés:” no podrás dejar de creer nunca en nada, hasta que no sepas porque no crees en eso que dices no creer”. ¿Sería lo lógico verdad? Y lo justo, a tenor de una mente analítica y privilegiada como la tuya.

El secreto se encuentra en comprender nuestra compleja naturaleza. Y quizás algún día te lleves la sorpresa al descubrir que si eres ateo, o cualquier otra cosa que te autodenomines ser, es por la Gracia de La Divinidad. Así de simple y misterioso.

La Conciencia no es “un algo misterioso”. Pero es un hecho que estamos dotados de ella en su punto más álgido. La Conciencia está impresa en todo, solo que se manifiesta de una forma escandalosa en el ser humano. ¿Acaso esta disertación no es una muestra evidente de que es así? Esta Conciencia de la que hablamos ¿es consecuencia directa de la evolución? La evolución, o el devenir de la existencia,  obedece a un plan mayor. Es un medio, no un fin en si mismo. Es el juego creador tratando de conocerSe en una mar infinito de posibilidades. Y ¿como podría hacerlo sino es desde Sí Mismo? De ese Sí Mismo Creador insertado en cada uno de nosotros. Le llamamos Dios cuando miramos al infinito. Y le llamamos Conciencia en el Ser Humano hecho de Luz.

Un abrazo hijo.